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«Soy un enamorado de los animales en general, y de las vacas en particular»
Manuel Junquera Fernández | Agrícola Junquera Colmeiro SC, Pontevedra

noviembre 23, 2018
Un problema del sector lácteo citado invariablemente por todos sus protagonistas es el de la falta de relevo generacional, un fenómeno que está ahí y que no podemos negar. Por eso en la revista AFRIGA siempre buscamos un hueco para dar a conocer la experiencia de los jóvenes que, contra viento y marea, deciden quedarse en las explotaciones y desarrollar su proyecto de vida en torno a la producción de leche. Es el caso de Manuel Junquera Fernández, de Vila de Cruces —Pontevedra—. Se crió en una de las explotaciones que ya eran punteras en la prehistoria de la ganadería láctea gallega, y afirma que en el vientre materno ya estaba convencido de que sería ganadero. Al contrario que la mayoría de chavales de su parroquia, apostó firmemente por este trabajo y ya está al frente de la explotación familiar, Agrícola Junquera Colmeiro SC.

Fotos: Jose Santiso


Los inicios y el amor por la ganadería

Ya de pequeño, Manuel participó en numerosos concursos de manejo que lo llevaron incluso a Italia, y aprovechaba las horas libres para colaborar en la granja: «Hice de todo: ordeñar, dar leche a los terneros… Todo lo que podía hacer con mi edad. En bachillerato dejé los estudios porque estaba más que claro a lo que iba a dedicarme. Había pensado estudiar Veterinaria, pero no llegué a hacerlo. Ahora algunos compañeros me animan a cursar esos estudios a distancia y no lo descarto, aunque no dejaría de ser ganadero por eso». Nos cuenta esto durante un alto en su jornada, mientras nos atiende en la cocina de la casa familiar. Tan clara tiene su vocación que afirma con rotundidad que se jubilará aquí y que, cuando tenga hijos, les inculcará el amor por la ganadería y por la granja. Un amor que, considera, debe ser dado a conocer para poner en valor el trabajo de los ganaderos: «Las redes sociales han servido enormemente para eso, para difundir nuestra labor y dar a conocer a nuestros animales».

Las redes sociales han servido enormemente para difundir nuestra labor y dar a conocer a nuestros animales.

Manuel considera un activo la experiencia de los que trabajaron antes que él en la granja. Su madre, Lola, y, sobre todo, su tío y padrino Carlos, ya fallecido, le enseñaron todo lo que sabe de manejo y tratamientos. Asegura que lo que más le gusta de su trabajo es el contacto con las vacas: «Soy un enamorado de los animales en general, y de las vacas en particular. Creo que las vacas lo perciben y por eso son tan mansas. En esta granja solo hay que prenderlas una vez al año, cuando se sanean». Tal es el respeto por sus animales que, aunque hizo el curso de inseminador, aún no se atreve a aplicar las dosis a las vacas, ni siquiera a modo de práctica con las más viejas: «Tengo miedo de hacerles daño, y eso que hice las prácticas en SAT A Vereda —Lugo— y conseguí que preñasen a la primera cinco de las siete que inseminé».

Continuar la tradición familiar

Revista AFRIGA — Ganaderías — Agrícola Junquera Colmeiro SCAunque están en proceso de incorporación, este joven y su hermana Rocío son ya los responsables a efectos prácticos de la granja. El chaval —nos permite llamarle así— está ahora haciendo los cursos teóricos y prácticos para incorporarse plenamente a la granja. A raíz de esto ya ha recibido ofertas para ir a trabajar a otras explotaciones, pero no lo contempla porque se le acumulan las tareas: «Limpio las camas y los patios, arrimo la comida en la cuadra, preparo los silos, aplico los tratamientos sanitarios a las vacas, atiendo a los veterinarios… Hago de todo salvo preparar el carro, porque lo trae la cooperativa, y trabajar el maíz —que contratan a empresas externas—. Bueno, la parte administrativa de la explotación no es cosa mía: son mi padre —Manolo— y mi hermana los responsables. Y mi padre también decide por ahora qué, cuánto y dónde vamos a cultivar aunque, en poco tiempo, eso me tocará a mí». Como en muchos otros casos, del ordeño se encargan su hermana y su madre, porque también aquí constatan que las vacas dan más leche, y con mayor facilidad, si es una mujer quien las ordeña: «Es una pena —dice Manuel entre risas—, porque es lo que más me gusta hacer».

Para este joven ganadero pontevedrés la limpieza de las camas es un aspecto esencial del trabajo en la granja: «Las hacemos dos veces al día, por la mañana y por la noche, pero si tengo un momento libre a mediodía me acerco a darles una vuelta. Y eso que no tenemos encamador, se hace todo a mano. Una buena cama en condiciones óptimas nos evitará muchos problemas sanitarios. Ahora utilizamos arena y antes usábamos serrín o cascarilla de arroz. Algunas vacas que se incorporaron desde Francia tuvieron problemas de estafilococo aureus —que causa graves mamitis— con esos sistemas. La arena, al ser una cama más fría, redujo los problemas. Eso y deshacernos de las vacas francesas».

Aunque está más que familiarizado con el trabajo de la explotación, Manuel opina que hoy en día hay que estar muy preparado a todos los niveles para hacerse cargo de una granja: «En los cursos de capacitación nos dan una formación bastante completa, pero luego hay mil detalles en el día a día para los que tenemos que tener respuesta, desde los trámites burocráticos al cuidado de las instalaciones». En todo caso, valora positivamente la formación y la autoformación porque permite reaccionar ante los problemas y reducir la dependencia de personas ajenas a la explotación: «Personalmente me gustaría una oferta más amplia en gestión del terreno, ya que es algo que aún no domino lo suficiente».

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Por su edad, Junquera no ha encontrado grandes problemas burocráticos o relacionados con la falta de experiencia. Lo único que nota es que algunos comerciales creen que pueden engañarle por ser joven: «En cursos y reuniones hablo con otros ganaderos, y siempre acabas comparando precios. Te das cuenta de que es imposible que un producto me cueste más a mí que a una granja que está por aquí cerca. Francamente, no entiendo a esos comerciales, aunque también debo decir que no es algo generalizado».

Pensando en el futuro

Una de las primeras decisiones que tomó este joven ganadero fue la de reducir la cabaña. En cinco años pasaron de ciento treinta vacas en ordeño a las cincuenta y tres actuales. Con esto han conseguido subir la media de litros por vaca de treinta y tres a cuarenta, y los animales están en mejores condiciones porque disponen de más espacio.

Manuel tiene en mente introducir reformas en la explotación, empezando por la nave de recría: «Es un espacio antiguo en el que antes teníamos animales de ordeño. Los cubículos son los mismos y no es cómodo, quiero prepararlo para hacer lotes y cama caliente. Además, estoy empezando a genotipar todas las vacas pequeñas y la nave lo facilitaría».

También valora incorporar un robot, por la cantidad de horas que tiene que pasar en la granja y porque, como tienen una media de producción muy alta, un tercer ordeño reduciría el número de células somáticas. Sin embargo, los costes de mantenimiento y una supuesta incompatibilidad de las camas de arena con este sistema le echan para atrás. Las innovaciones que planea no son incompatibles con la tradición de una ganadería que arrancó hace más de setenta años: «aquí todas las vacas tienen nombre, y se las llama y atienden por él».

De cara al futuro, el joven reconoce haber valorado la opción da pasarse a un sistema de pastoreo, «por la situación actual de precios bajos, por la mayor longevidad de las vacas en pastoreo, por la reducción de costes sanitarios y porque aquí tenemos las fincas bastante agrupadas». Es el tamaño de la cabaña, con las complicaciones de su traslado diario al pasto, lo que frena esa opción: «Para estar informado he hablado en alguna ocasión con Óscar, de SAT Margá, porque fueron pioneros en el paso de intensivo convencional a pastoreo».

Esto hay que atenderlo todos los días, y es un trabajo que tiene que gustarte. Claro que son muchas horas pero, organizándose bien, se saca tiempo para todo.

Sea en pastoreo, sea en intensivo convencional, el trabajo de ganadero requiere de muchas horas de trabajo al cabo del día y del año. Ese es, a juicio de Manuel, el principal motivo por el que los jóvenes no optan por quedarse en las explotaciones familiares ni, desde luego, montar alguna nueva: «Esto hay que atenderlo todos los días, y es un trabajo que tiene que gustarte. Claro que son muchas horas pero, organizándose bien, se saca tiempo para todo. Aquí trabajamos tres personas y no hay inconveniente en que alguno nos cojamos días libres cuando las labores lo permiten. Por otro lado, también creo que aún perdura la imagen negativa de la vida del granjero. No debería ser así, pero todavía se ve el campo como algo desprestigiado y eso también hace huir a los jóvenes». Esa mala imagen del rural, según Manuel, hace que buena parte de los jóvenes que se quedan en las granjas lo hagan de mala gana y deseando dejarlo en cuanto puedan: «Eso es malo en la ganadería y en cualquier otro ámbito de la vida».

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La responsabilidad del joven en la explotación familiar empieza y termina en la granja. Es decir, no tiene que hacerse cargo de personas mayores ni de las tareas del hogar… «de momento», aclara. Eso también le permite cierta disponibilidad, así que todos los años hace una escapada de diez días con sus amigos, cuanto más lejos mejor, para desconectar y volver recargado.

Problemas comunes a todo un sector

Vila de Cruces, como toda Galicia, es una zona muy castigada por el jabalí. De ahí que, además del trabajo diario, la familia Junquera tenga que dedicar varios días al año a defender sus plantaciones de maíz, que ocupan veintiocho hectáreas y son la base de la rentabilidad de la granja: «Tenemos que cerrar con pastores eléctricos todo el perímetro, especialmente en las parcelas que lindan con zonas de monte en las que se esconde el jabalí. Aun así, no siempre logras evitarlo y a veces hasta se quedan encerrados dentro de la plantación». La presencia del jabalí no hace desistir a Manuel de plantar maíz, ni se plantea sustituirlo por sorgo, girasol u otros cultivos: «No hay nada como el maíz para producir leche. En su día probamos con girasoles, pero el rendimiento no tiene nada que ver y, comparando con otros ganaderos, todos estamos de acuerdo: el maíz es lo mejor».

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Sería muy raro que entrevistásemos a un ganadero y no saliera a relucir el tema de los bajos precios de la leche en origen. Manuel ya nos ha dicho que el coste del mantenimiento es lo que le retrae para comprar un robot, o que las instalaciones no se reforman al ritmo que le gustaría porque los precios no permiten grandes inversiones. Puede que ese escaso margen, y esa pelea continua con las industrias por cada céntimo, sea otro de los motivos por los que las personas jóvenes no quieren seguir al frente de las explotaciones.

Concursos y subastas

Como ya comentamos más arriba, Manuel lleva desde pequeño participando en concursos de manejo y de ganado: «Cuando mi padrino y yo íbamos a los concursos, mi padre tenía que dejar de trabajar durante unos días en su empresa de transportes para ocuparse de nuestras tareas en la granja», recuerda. Últimamente acude a los más cercanos a la granja —Feiradeza y Silleda—, y antes iba al ya extinto de Chantada, al de Gijón y al de Verona, en Italia. Hay una explicación para esto pues, mucho antes de nacer él, fue en terrenos de Junquera Colmeiro donde se hicieron los primeros cursos para ser juez de ganado en la provincia de Pontevedra: «Había tanta gente que tuvieron que sacar a todas las vacas y dar café a los participantes. Estoy intentando recopilar fotos de aquella época, porque fue algo muy importante».

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La reducción del número de vacas en ordeño permitió a Junquera Colmeiro volver a tener disponibilidad para participar en los concursos tras varios años de ausencia, aunque acuden de modo bastante relajado y sin presión por competir: «Hay una cierta picaresca, pequeños trucos que conocen los más experimentados y que acaban decidiendo los concursos. Obviamente nos gusta ganar, pero no nos quita el sueño». Manuel es asiduo de estos eventos, participa en todos los que puede y asiste como público cuando no le es posible competir, pero es tajante en cuanto a su utilidad: «Son solo un hobby, no sirven para nada. Al menos en cuanto a dinero, acabas perdiendo. Y eso que yo empecé porque pensaba que podría suponer una fuente de ingresos, ya que las vacas tendrían más prestigio, pero no es así. Tan solo los ganadores podrían obtener algún beneficio, pero opino que hoy en día ya ni siquiera ellos. Además las diferencias entre concursantes son cada vez mayores, hay auténticos profesionales que pasan buena parte del año únicamente preparando los concursos. Ojo, no lo critico, simplemente se organizan de manera que tienen tiempo para hacerlo. Quizá sería bueno organizar los concursos por categorías, como en el fútbol. De esa forma, en un concurso pequeño no habría tanta diferencia entre unos participantes y otros, y sería posible “ascender” y “descender”. Pero también es cierto que los concursos pequeños son el “entrenamiento” de las vacas que luego pretenden ganar los grandes torneos de Francia, Verona o el nacional de CONAFE».

Manuel también tiene su particular visión de las subastas: «Creo que hoy se está pagando en las subastas demasiado dinero por animales que no valen tanto. Si son tan buenos, no parece lógico querer deshacerse de ellos en esta época en que la mayoría buscan ampliar producción. Aunque también hay que reconocer que en las subastas se oferta genética, y eso no es malo. Además, en ellas es donde mejor puedes informarte de todo lo que pasa en el sector, porque se reúnen multitud de ganaderos, comerciales, veterinarios… Las subastas tienen la ventaja de que, al haber “pique” entre los compradores, se paga más de lo que se pagaría si la vaca se comprase directamente en la granja».

Genética orientada a crear un rebaño homogéneo

En Junquera Colmeiro trabajan con diferentes casas comerciales de dosis de semen de toro, y en todas encuentran algo que les resulta útil para su explotación, aunque confiesan su preferencia por el Tipo canadiense: «Ahora estoy volviendo a toros que garanticen alta producción. Llevábamos mucho tiempo con una media de setenta y siete puntos y, en los últimos cinco años, hemos logrado llegar a ochenta y tres. Trabajo para crear un rebaño homogéneo, en el que la producción es el parámetro más importante, pero sin perder de vista la facilidad de partos, la morfología de patas y ubres, y el aporte de calidad a la leche. En los concursos y en los cursillos encuentro gente que me dice que una vaca bien alimentada produce igual que cualquier otra, sea cual sea su ascendencia, pero yo digo que no. El Tipo, la selección por este parámetro, es una garantía. Tengo novillas que fueron inseminadas con toros cortos o de Tipo bajo, y otras que lo fueron con sementales de Tipo alto. Bien, pues las primeras están en treinta y tres litros, mientras que muchas de las segundas llegan hasta sesenta, de modo que no comparto esa teoría actual de despreciar el Tipo y apostar por toros “eficientes”».

Para esa homogeneización que busca en su cabaña, y por la reducción de la producción para ganar en bienestar de las vacas, Junquera Colmeiro se ha deshecho de animales en los últimos tiempos. Sus clientes fueron explotaciones de esta zona, en la que confluyen las provincias de A Coruña y Pontevedra, a los que ha vendido tanto novillas próximas al parto como ganado ya parido de una y dos veces. En total, treinta y cinco animales en 2017.

Los cruces con otras razas están descartados por ahora: «Vemos que muchas explotaciones quieren aumentar la grasa y otros parámetros de la leche, y para eso cruzan las frisonas con Jersey, Montbelliarde o roja sueca, pero se pueden mejorar los índices sin dejar de usar frisona pura. Todo está en el manejo, concretamente en saber reducir eficazmente la producción litro/vaca. La frisona es mucho más flexible que cualquier otra raza».

Manuel también realiza una abundante recría, lo que le ha permitido prescindir de la compra de ganado extranjero, algo habitual en esta granja anteriormente: «Se inseminaba más con carne, por lo que no había la recría que hay ahora y las novillas no eran suficientes, así que había que comprar. Podían llegar a adquirirse hasta veinte animales al año, y trajeron muchos problemas a la explotación: IBR —rinotraqueitis infecciosa bovina—, neosporas, mamitis, o los aureus. De esas extranjeras hoy quedan cuatro o cinco, porque yo prefiero recriar, y en los últimos seis años no he comprado nada, es más, aún vendo. No es lo mismo tener que hacerlo para empezar o cuando por algún motivo te has visto obligado a reducir el rebaño, o incluso adquirir una vaca para participar en los concursos. Se trata de no basar la granja en tener que comprar animales del extranjero».

Manuel nos confiesa que su preferencia por la recría proviene de uno de los grandes consejos recibidos de su abuelo paterno, Luis: «Me decía que no comprara vacas, que nunca las habría mejores que las de casa».

Manuel nos confiesa que su preferencia por la recría proviene de uno de los grandes consejos recibidos de su abuelo paterno, Luis: «Me decía que no comprara vacas, que nunca las habría mejores que las de casa. De hecho, todas las que tenían en la antigua cuadra eran criadas aquí». Nos habla de él con cariño y admiración a partes iguales: «A pesar de que yo era solo un niño cuando falleció, aún me acuerdo de sus últimos años. Se levantaba y, antes de desayunar, iba a arrimar la comida a las vacas. Siempre. Para él era primordial que los animales estuvieran atendidos. Y aunque fueran las tres de la tarde, hora de comer, lo primero era llevarles agua. El abuelo era la persona de la casa a la que más le gustaban las vacas. Él tuvo la iniciativa de participar en concursos, de tener buenos animales. Siempre fue muy adelantado para su tiempo, también en cuanto a la maquinaria». Característica que, según nos cuenta, Luis compartía con su hermano —también ganadero y vecino puerta con puerta—: «Eran seguros de sí mismos, muy trabajadores, y les gustaba lo que hacían». Unos rasgos que quizá se transmitan de generación en generación, como nos demuestra Manuel.

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La juventud tiene la ventaja de la ilusión y el inconveniente de la inexperiencia. Entre los muros de la casa y la explotación de Manuel se respiran décadas de tradición ganadera con un pasado esplendoroso. Ahora, en el presente, le toca a él tomar el relevo y seguir con lo que ha sido el medio de vida de la familia desde hace más de seis décadas. Mejorar el conocimiento y manejo de la tierra, desenvolverse con maquinaria agrícola que aún no domina, y acometer reformas en las instalaciones para seguir siendo competitivo son los retos que se plantean ante este joven de Vila de Cruces. Además de la juventud, cuenta con la convicción de aquellos que aman su trabajo, y con la experiencia acumulada por su familia. El futuro le espera.


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