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martes, mayo 28, 2024

¿Quién acaba con “el campo español”?

Benito García, Periodista y Consultor de Asuntos Públicos

Ni la ley de restauración de la naturaleza, ni la agenda 2030, ni las iniciativas de apoyo a la agricultura regenerativa, ni la producción y consumo de cercanía y sostenible… van a acabar con “el campo español”. Otra cosa son reclamaciones relacionadas con la PAC, los acuerdos como Mercosur y la importación de productos con menores exigencias que a los locales. Pero no, no es ser sostenible lo que va a acabar con el campo español.

Con el campo español terminan los monocultivos tanto agrícolas como forestales introducidos por algunas grandes corporaciones en lugares inadecuados; con el campo español terminan las decenas de empresas españolas, que están operando en Marruecos y produciendo allí sus tomates, su aceite, sus fresas… frutas y productos de huerta que se come España y Europa (por cierto, algo parecido va a ocurrir pronto también con la energía, con el H2 como mejor ejemplo); con el campo español terminan aquellos que pretenden la eliminación del control del consumo de agua o la aplicación sin control de herbicidas o fertilizantes químicos; con el campo español terminan los demagogos que aprovechan coyunturas para hacer política; con el campo español termina la agricultura intensiva; con el campo español terminan las grandes granjas de producción de cerdo o ternera que carecen de las necesarias superficies agrarias asociadas, para aplicación de sus purines para fertilizar plantaciones y no depender de los agroquímicos, en los mismos territorios en los que obtener el alimento de sus animales sin depender de la importación; con el campo español terminan las malas prácticas en la agrocultura; con el campo español terminan los urbanitas aleccionadores, casi tan peligrosos como los llamados ecologistas de fin de semana; con el campo español terminan los grandes intermediarios que se han convertido en los que gobiernan en realidad el destino de los agricultores, con sus “dictaduras” de precios y condiciones de entrega de productos (sólo hay que leerse la reciente sentencia contra el “cartel lácteo”); con el campo español termina el exceso de burocratización sí, pero la que somete a los pequeños y medianos agricultores igual que a las grandes empresas de producción agraria; con el campo español terminan los que prefieren arrendar sus terrenos a aprovechamientos industriales o energéticos…

En “el campo español” hay muchos campos. Quien esto escribe ha nacido, se ha criado y ha vivido con los pies incrustados en una parte de “el campo español”, en el campo gallego,  porque en “el campo español” hay muchos campos con muchas realidades sociales, económicas y ambientales diferentes. El campo en el que yo he nacido es el de un municipio y comarca agraria, en el que toda su actividad económica ha pivotado en tono al campo que lo circunda… a sus agricultores y a sus ganaderos… un campo y unos campesinos abandonados por la clase política, que en estos 100 años le ha negado inversiones (no sólo productivas) que les permitiesen alcanzar un mínimo de calidad de vida (sanidad, educación, ocio…) y servicios, sin los cuales ¿a quién le apetece vivir en “el campo español” pudiendo trasladarse a la ciudad y obtener un mejor futuro para sus hijos?

No, definitivamente el campo español no necesita “apoyo incondicional” (ni gurús con discursos monotemáticos sobre normativas ambientales,  que no se han leído, pero compran el relato a políticos oportunistas con ganas de calentar la calle sólo en beneficio propio y no en favor de las legítimas demandas del rural español). El campo español necesita inversiones, ponerse a la altura de los grandes, no reducir las exigencias ambientales y sociales a la altura de los pequeños; necesita acción, decisiones y apoyos condicionados, por supuesto… a una práctica sostenible. Porque algo es sostenible, cuando lo es a la vez social, económica y medio ambientalmente.

Necesitamos AGROCULTURA para que la agricultura, la ganadería o el forestal tengan futuro, los demás alimentos de calidad y el medioambiente a su mejor aliado: el agrocultor.

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