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lunes, abril 15, 2024

Un día de protesta en Galicia: La voz del campo y el rugido de los tractores resonaron en las carreteras

  • El campo gallego alza su voz en una jornada histórica de protesta ruidosa por un futuro justo y sostenible

El campo gallego despertó con un rugido elocuente el pasado martes, cuando cientos de tractores se alinearon en las tranquilas aldeas y carreteras de la región en una muestra de solidaridad y determinación. Desde las primeras luces del alba hasta el anochecer, la tierra gallega se convirtió en un escenario de protesta, donde agricultores y ganaderos expresaron su profundo descontento y preocupación por el futuro del sector.

En A Gudiña, una pequeña localidad enclavada en las montañas de Ourense, los agricultores tomaron las calles en una demostración de fuerza y unidad. Decenas de tractores cortaron los accesos al casco urbano, mientras que un centenar de personas se concentraban en la travesía, portando pancartas que exigían menos burocracia y más ayudas para el campo. Denunciaron los precios injustos que los están llevando a la ruina y reclamaron soluciones concretas para asegurar la viabilidad económica del sector. María Páez, responsable de Unións Agrarias en Viana do Bolo, lideró la protesta, instando a las autoridades a escuchar las demandas del campo y a tomar medidas urgentes para proteger a los agricultores y ganaderos gallegos.

En Santiago de Compostela, la capital espiritual de Galicia, San Caetano fue testigo de una vibrante manifestación de solidaridad. Desde las 12:15 horas, los bocinazos de los tractores resonaron en las calles mientras los agricultores y ganaderos se congregaban frente al complejo administrativo de la Xunta. La rúa Anxo Casal se convirtió en el epicentro de la protesta, con una treintena de tractores bloqueando el tráfico y exigiendo un futuro más justo para el sector. La presencia policial fue notable, pero no disuadió la determinación de los manifestantes, que continuaron su protesta pacífica en un llamado urgente a la acción por parte de las autoridades.

En Lugo, la ciudad milenaria rodeada de imponentes murallas romanas, decenas de tractores rodearon el casco histórico en una demostración de fuerza y solidaridad. Los agricultores y ganaderos de la provincia se unieron en una marcha lenta, reclamando mejores precios para la leche y la carne, y exigiendo una reducción de la burocracia que asfixia al sector. Frente al multiusos de la Xunta, se concentraron ganaderos, sindicalistas y políticos, con representantes del BNG y del PSOE mostrando su apoyo a las demandas del campo gallego.

En A Coruña, la ciudad portuaria bañada por el Atlántico, la entrada de los tractores se encontró con obstáculos, pero la determinación de los agricultores no se vio mermada. Desde la avenida de Alfonso Molina hasta la plaza de Ourense, los manifestantes avanzaron lentamente, enfrentándose a la resistencia de las autoridades locales. Sin embargo, la voluntad de los agricultores prevaleció, y finalmente lograron acceder al centro de la ciudad para hacer oír sus demandas.

En Ourense, la primera ciudad gallega en organizar una movilización masiva del sector, los agricultores regresaron una vez más para reclamar medidas a favor del campo. Convocados por los sindicatos Unións Agrarias, Sindicato Labrego Galego y Asaga, en torno a medio centenar de tractores realizaron una marcha lenta con destino a la sede de la Subdelegación del Gobierno. Allí, dejaron un escrito al representante del ejecutivo central con sus reivindicaciones, que incluían precios justos para el trabajo agrícola y una reducción de la burocracia que asfixia al sector.

En Lalín, una pequeña localidad conocida por su tradición agrícola, un centenar de tractores se concentraron en la explanada del hipermercado Carrefour para protagonizar una manifestación por las calles y la periferia urbana. Desde Dozón hasta Vila de Cruces, los agricultores expresaron su preocupación por el futuro del sector, reclamando precios justos para los productos y una reducción de la burocracia que afecta a su día a día. Con el apoyo de Unións Agrarias, Sindicato Labrego Galego y Asociación Agraria de Galicia, los agricultores hicieron oír su voz en una muestra de unidad y determinación.

En Vimianzo, una localidad costera en la provincia de A Coruña, la concentración se desarrolló de forma pacífica y ordenada. Medio centenar de tractoristas se unieron a otros productores a pie para marchar por las calles de la localidad, deteniéndose en la avenida de Fisterra para leer un manifiesto. Entre los participantes, predominaban los titulares de explotaciones de leche, quienes expresaron su preocupación por los requerimientos imposibles de cumplir impuestos por la Unión Europea y las políticas diseñadas desde los despachos sin tener en cuenta las peculiaridades de Galicia y la cornisa cantábrica.

Estas son solo algunas de las muchas localidades gallegas donde los agricultores y ganaderos alzaron su voz en un día de protesta sin precedentes. En Pedrafita do Cebreiro, una treintena de tractores circulaban lentamente por la travesía, intentando ralentizar el tráfico en un punto crucial de comunicación entre el norte de Galicia y la meseta. Acompañados por agricultores y ganaderos a pie, las organizaciones convocantes reclamaron precios justos para los productos y una racionalización de la burocracia que amenaza la viabilidad económica del sector. Desde Bergantiños hasta A Mariña, las demandas fueron similares: un futuro digno para el campo gallego y una mayor protección frente a los desafíos del cambio climático, las enfermedades y el encarecimiento de los combustibles.

En conclusión, el día de protesta en Galicia fue mucho más que una muestra de descontento; fue un grito de esperanza y determinación por parte de los agricultores y ganaderos que luchan por un futuro más justo y sostenible para el campo gallego. A lo largo y ancho de la región, desde las montañas de Ourense hasta las costas de A Coruña, la voz del campo resonó en las carreteras, exigiendo atención y acción por parte de las autoridades. En un momento crucial para el sector agrario, la solidaridad y la unidad demostradas el pasado martes son un recordatorio poderoso del papel vital que desempeña el campo gallego en la economía y la sociedad de la región. Ahora más que nunca, es imperativo que se escuche y se atienda las demandas de aquellos que trabajan la tierra y cuidan del medio ambiente para las generaciones futuras.

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