- El proyecto FIREPOCTEP+ demuestra que el pastoreo, las quemas prescritas y los mosaicos agroforestales son claves para prevenir grandes incendios.
- La iniciativa FIREPOCTEP+ apuesta por combinar conocimiento tradicional y ciencia para reducir el riesgo de incendios forestales y generar oportunidades en el medio rural.
En la lucha contra los grandes incendios forestales, la innovación no siempre consiste en inventar algo nuevo. A veces, la mejor solución pasa por recuperar prácticas que el mundo rural lleva siglos aplicando con éxito.
Pastoreo, quemas controladas, mosaicos agroforestales y gestión activa del territorio son algunas de las herramientas que el proyecto FIREPOCTEP+ sitúa en el centro de la estrategia para reducir el riesgo de incendios extremos en la Península Ibérica.
La iniciativa, coordinada por el profesor e investigador de la Universidade de Vigo, Juan Picos, reúne a entidades de España y Portugal con un objetivo común: demostrar que la combinación entre ciencia y conocimiento tradicional puede convertirse en la mejor defensa del monte y del medio rural.
El conocimiento ancestral vuelve al primer plano
Países como Estados Unidos y Canadá ya incorporan a comunidades indígenas en sus políticas de prevención de incendios. Su experiencia en el uso del fuego y en la gestión del territorio ha permitido recuperar técnicas ancestrales con resultados muy positivos.
FIREPOCTEP+ traslada esa filosofía al contexto ibérico, reivindicando el papel de ganaderos, agricultores y comunidades locales como aliados estratégicos en la protección del paisaje.
Porque quienes viven y trabajan en el territorio conservan un conocimiento práctico acumulado durante generaciones.
Las vacas que apagan incendios
Uno de los ejemplos más claros del valor del pastoreo se encuentra en Galicia.
Tras los incendios de 2017, en la comunidad de montes de Padróns, en Ponteareas, se impulsó una explotación con vacas cachenas y asturianas para controlar la biomasa.
Cuando el fuego volvió a amenazar la zona, los animales habían reducido tanto el combustible vegetal que actuaron como un auténtico cortafuegos natural, contribuyendo a proteger viviendas y núcleos rurales.
Esta experiencia demuestra que la ganadería extensiva no solo produce alimentos de calidad, sino que presta un servicio ambiental de enorme valor.
Cortafuegos verdes que también generan rentabilidad
El proyecto también defiende el desarrollo de cortafuegos verdes o zonas de amortiguación.
Consisten en plantar o favorecer la regeneración de especies menos inflamables en áreas estratégicas, especialmente cerca de viviendas, carreteras o infraestructuras críticas.
Además de mejorar la seguridad, estos espacios pueden convertirse en fuentes de ingresos para el territorio.
Un ejemplo destacado es el Valle del Árrago, en Extremadura, donde se han implantado cortafuegos productivos basados en castaños.

Renaturalizar no es abandonar
Otra de las herramientas analizadas es la renaturalización del monte.
Lejos de significar abandono, esta estrategia busca recuperar la diversidad ecológica, restaurar el equilibrio natural y favorecer la presencia de especies silvestres que contribuyan al funcionamiento del ecosistema.
Un monte diverso, con distintos estratos y especies, es mucho más resistente al fuego que una masa forestal homogénea.
El fuego como herramienta de gestión
Las quemas prescritas o técnicas ya forman parte de la gestión forestal en Galicia y en otras regiones del noroeste peninsular.
Aplicadas por personal especializado y bajo estrictas condiciones de seguridad, permiten reducir combustible, regenerar pastos y mejorar la biodiversidad.
Además, facilitan el aprovechamiento ganadero y ayudan a mantener sistemas tradicionales de producción ligados al territorio.
Más prevención, más empleo rural
Uno de los grandes mensajes de FIREPOCTEP+ es que la prevención de incendios puede convertirse en una oportunidad económica.
La ganadería extensiva, la gestión forestal activa y los aprovechamientos multifuncionales generan empleo, fijan población y contribuyen a mantener vivo el medio rural.
No se trata solo de apagar fuegos, sino de construir paisajes más resilientes y territorios con futuro.
Galicia, un laboratorio natural
Galicia reúne muchas de las condiciones que convierten este enfoque en especialmente relevante.
El abandono del territorio, el envejecimiento de la población y la acumulación de biomasa aumentan el riesgo de incendios de alta intensidad.
Al mismo tiempo, la comunidad dispone de un valioso patrimonio de conocimiento local y de razas autóctonas como la cachena, capaces de desempeñar un papel clave en la gestión del monte.
Cooperación transfronteriza con visión de futuro
FIREPOCTEP+ está cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) en el marco del programa Interreg España-Portugal.
En el consorcio participan universidades, administraciones públicas, centros tecnológicos y entidades de ambos países.
Aunque el proyecto se encuentra en su fase final, el relevo ya está garantizado con FIREPOCTEP AVANZA, coordinado por la Comunidad Intermunicipal de la Región de Coimbra hasta 2028.
El futuro del monte puede estar en las prácticas de siempre
La experiencia demuestra que la lucha contra los incendios no depende únicamente de medios aéreos o grandes dispositivos de extinción.
La clave está en gestionar el territorio durante todo el año, recuperar usos tradicionales y apoyar a quienes viven del monte.
Cuando ciencia y sabiduría rural caminan juntas, el resultado es un paisaje más seguro, más productivo y con mayor capacidad para afrontar los retos del futuro.


