- Aflatoxinas en piensos ponen bajo presión a las granjas gallegas y abren dudas sobre controles y trazabilidad.
- La presencia de aflatoxinas vuelve a preocupar a las granjas gallegas. Ganaderos reclaman información, trazabilidad y responsabilidades ante posibles contaminaciones.
Aflatoxinas: una preocupación que llega al pesebre
Durante las últimas semanas, la presencia de aflatoxinas en la cadena de alimentación animal ha vuelto a situarse en el centro de las preocupaciones de ganaderos gallegos, especialmente en explotaciones de vacuno de leche.
El problema tiene una particularidad: lo que comienza en una materia prima destinada a la alimentación animal puede terminar afectando directamente a la producción de leche.
La preocupación se ha intensificado tras conocerse casos de presencia de aflatoxina M1 en leche y paralización de recogidas, según ha trasladado recientemente el veterinario Gonzalo Castro Mariñas, quien también señala la detección de hasta 42,1 ppb de aflatoxina B1 en una muestra de maíz.
La relación biológica entre ambas sustancias está documentada: la aflatoxina B1 ingerida por el animal puede metabolizarse y dar lugar a aflatoxina M1, que puede aparecer posteriormente en la leche. El propio procedimiento del Ministerio de Agricultura considera especialmente relevante este riesgo en animales productores de leche.
El límite está en el pienso y también en la leche
La legislación europea establece límites específicos para la aflatoxina B1 en alimentación animal.
En los piensos completos destinados a animales productores de leche, el límite establecido es de 0,005 mg/kg, equivalente a 5 ppb, mientras que para las materias primas destinadas a alimentación animal el límite general es de 0,02 mg/kg.
En la leche, el Reglamento europeo sobre contaminantes fija un máximo de 0,050 μg/kg de aflatoxina M1.
No se trata, por tanto, de un problema menor ni exclusivamente relacionado con la alimentación del ganado. Cuando se detecta una concentración que supera los límites establecidos, entra en juego la seguridad de toda la cadena alimentaria.
La pregunta que se hacen los ganaderos
Y aquí aparece una de las cuestiones que más inquietud están generando en las explotaciones:
¿Qué ocurre cuando aparece la contaminación y el ganadero no sabe exactamente de dónde procede?
Los productores necesitan conocer qué pienso han consumido sus animales, de qué lote procede, cuál fue su materia prima, dónde se fabricó y qué controles se realizaron antes de que ese alimento llegara a la explotación.
La trazabilidad resulta fundamental.
De hecho, el procedimiento actualizado por el MAPA establece que, ante la presencia de aflatoxina M1 en leche, la investigación debe incluir la inspección de la explotación, la recopilación de información sobre el pienso consumido, su origen y composición, la toma de muestras del lote utilizado y el análisis de las materias primas disponibles. La investigación puede extenderse posteriormente a proveedores y otros operadores de la cadena.
Por eso, trasladar al productor la carga de demostrar por sus propios medios que el pienso fue el origen de la contaminación plantea un problema especialmente delicado: la trazabilidad no puede depender únicamente de la capacidad económica o técnica de una explotación ganadera.
Galicia ya tiene un sistema específico de control
Galicia no parte de cero.
El programa GALIS, coordinado por la Asociación Gallega de Fabricantes de Alimentos Compuestos, realiza controles sobre materias primas procedentes de barcos y dispone de análisis rápidos para detectar determinadas micotoxinas, entre ellas la aflatoxina B1. Según AGAFAC, las muestras procedentes de barcos pasan por un primer control y posteriormente pueden enviarse a laboratorios especializados.
Precisamente por la importancia del problema, la Xunta anunció este año un convenio con el Laboratorio Interprofesional Galego de Análise do Leite (LIGAL), con una inversión cercana a 164.000 euros y vigencia hasta 2028, para monitorizar aflatoxinas tanto en la leche como en los piensos y materias primas.
La propia LIGAL dispone de análisis específicos para determinar la presencia de aflatoxina M1 en leche.
(Laura Vallejo: Gandera)
La clave está en saber dónde se produjo el problema
La detección de una aflatoxina no permite por sí sola señalar a un proveedor concreto.
El origen puede estar en una materia prima, en un lote de pienso, en su almacenamiento o en otros elementos de la alimentación del animal. Además, las micotoxinas pueden presentar una distribución irregular, lo que convierte el muestreo en un elemento especialmente sensible.
Precisamente por ello, el procedimiento del MAPA contempla que, ante determinadas detecciones, se realicen actuaciones sobre el lote y se investigue su trazabilidad.
La cuestión que reclaman los ganaderos, por tanto, va más allá de señalar culpables: quieren saber qué ocurrió, dónde ocurrió y quién debe asumir las consecuencias cuando un problema de la cadena acaba repercutiendo económicamente sobre una explotación.
El debate sobre Mercosur vuelve a aparecer
El episodio también alimenta una preocupación que el sector lleva tiempo planteando en relación con las importaciones de materias primas y alimentos.
La protesta de los ganaderos frente al acuerdo UE-Mercosur no se limita al precio o a la competencia comercial. Una parte de las organizaciones agrarias reclama que cualquier producto que entre en el mercado europeo esté sometido a controles que garanticen unas condiciones equivalentes de seguridad y trazabilidad.
Pero conviene separar los debates.
No existe base suficiente para afirmar que las actuales detecciones de aflatoxinas en Galicia procedan de Mercosur. Lo que sí resulta razonable plantear es otra cuestión: si Europa incrementa la dependencia de materias primas importadas, ¿están preparados los sistemas de control y trazabilidad para garantizar que cada lote que entra en la cadena cumple exactamente las condiciones exigidas?
Ese debate debería abordarse con datos, análisis y transparencia.
Información y prevención antes que incertidumbre
El sector ganadero necesita algo más que controles cuando aparece un problema.
Necesita información rápida, trazabilidad completa y protocolos claros de actuación.
Si un lote de materia prima presenta una contaminación, los operadores deben poder identificar dónde se distribuyó, qué piensos pudieron fabricarse con él y qué explotaciones pudieron recibirlos.
Y si una explotación sufre el rechazo de su leche, también necesita conocer con rapidez el origen de la incidencia y disponer de mecanismos para demostrarlo.
Porque cuando una granja pierde una recogida de leche, el problema no termina en el laboratorio. El coste lo soporta una explotación que continúa teniendo animales que alimentar, trabajadores que pagar, cuotas financieras y gastos diarios.
La pregunta que queda sobre la mesa es sencilla:
¿Estamos controlando suficientemente el alimento antes de que llegue al animal o seguimos actuando demasiado tarde, cuando la contaminación ya ha llegado al tanque de leche?
En un sector donde la seguridad alimentaria empieza mucho antes del consumidor, la respuesta no debería hacerse esperar.



