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jueves, abril 2, 2026

Cada olivo viejo es un escudo contra el cambio climático

  • Los olivos centenarios almacenan toneladas de CO₂, pero están siendo arrasados por megaproyectos fotovoltaicos en el medio rural.

Olivos centenarios: guardianes del carbono en peligro

Un olivo viejo no es solo un símbolo del paisaje mediterráneo. Es, literalmente, un almacén de carbono viviente. La tala de un solo ejemplar de varios siglos puede liberar a la atmósfera cerca de 30 toneladas de CO₂, lo que equivale a 15 vuelos de ida entre Madrid y Barcelona. Y, sin embargo, decenas de miles de estos árboles están siendo arrancados en el entorno rural bajo la promesa de un futuro verde alimentado por megaproyectos fotovoltaicos.

Lo que podría parecer una contradicción, lo es. Paradójicamente, el discurso verde está sirviendo de excusa para la destrucción silenciosa de parte del patrimonio agrícola más valioso del sur peninsular. En el proceso, se pierde biodiversidad, cultura agraria y capacidad real de capturar carbono.

El espejismo solar: renovables que arrasan lo que prometen proteger

En los últimos años, la expansión de parques solares en zonas rurales ha vivido un crecimiento explosivo, alentado por una legislación laxa, fondos europeos y la promesa de empleos o beneficios locales que rara vez se cumplen. Sin embargo, los proyectos llegan con maquinaria pesada, arrasan bancales, modifican cuencas y, en muchos casos, arrancan olivos centenarios sin que exista una evaluación real de su valor ecosistémico.

Mientras tanto, el carbono que estos árboles habían capturado durante siglos se libera en cuestión de horas. Todo en nombre de una transición energética que, si se realiza sin sentido común, puede acabar siendo tan destructiva como las industrias que pretende sustituir.

La Codosera: donde la historia se arraiga al suelo

En la frontera entre Badajoz y Portugal, en los valles del Gévora, crecen olivos que no solo tienen siglos de vida, sino que pertenecen a variedades únicas del territorio. La Codosea, exclusiva de La Codosera, se ha usado tradicionalmente para aceituna de mesa, mientras que la Manzanilla Cacereña, también abundante en la zona, combina usos para verdeo y aceite. Ambas variedades están perfectamente adaptadas al clima, al suelo y a las prácticas agrarias locales, y forman parte de una cultura agrícola que no se puede reproducir en viveros ni compensar con paneles.

En muchas ocasiones, estos árboles sobreviven en olivares semiabandonados, a la espera de una generación que los valore o de una iniciativa que los ponga en el centro de las soluciones climáticas rurales. Pero hoy, más que nunca, están en riesgo.

El secuestro de carbono: una función vital silenciada

Poco se habla del papel clave que desempeñan los árboles antiguos en el secuestro de carbono. No solo por su copa o su tronco, sino por la inmensa red de raíces que han tejido durante siglos bajo el suelo. Su capacidad para retener carbono, enriquecer la tierra y sostener ecosistemas completos es incomparable con los árboles jóvenes o con nuevas plantaciones intensivas.

Sin embargo, en los planes de acción climática o en los informes técnicos de impacto ambiental, estos valores siguen sin ser recogidos con el rigor que merecen. La ignorancia o el desinterés técnico están dejando fuera del debate climático a estos verdaderos pilares del equilibrio rural.

Un modelo en entredicho: ¿para quién es la transición ecológica?

La expansión descontrolada de macroplantas solares está generando una fractura creciente en el medio rural. Por un lado, se promueve un modelo extractivo que expulsa a la población local, destruye el paisaje agrario y debilita los sectores productivos tradicionales. Por otro, se impone un discurso uniforme que convierte cualquier oposición en una traba al progreso.

Pero lo que está en juego es mucho más que unos cuantos árboles. Es el modelo de futuro que queremos para el campo: ¿un desierto de espejos o un paisaje vivo que combina tradición y sostenibilidad real?

Una oportunidad perdida… o aún por ganar

La recuperación del valor agronómico, ecológico y climático de los olivos centenarios debe ser una prioridad. No hablamos de romanticismo rural, sino de una estrategia racional frente al cambio climático, basada en datos, en conocimiento del territorio y en respeto al saber campesino.

Proteger estos árboles no es ir en contra de las renovables, sino exigir que su despliegue sea compatible con la vida en el campo. Porque sin justicia rural, no hay transición ecológica que valga.

SourceB

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