- Galicia pierde 12 explotaciones por cada nueva incorporación: las ayudas a la juventud no frenan el abandono ni garantizan el futuro de la ganadería.
- Un análisis de los datos sobre relieve generacional en Galicia revela que las políticas de incorporación no funcionan y el sector entra en un punto crítico de no retorno.
Una sangría que no se detiene
El relieve generacional se convirtió en el mayor desafío estructural del campo gallego. A pesar de las ayudas públicas y de los reiterados planes de incorporación de jóvenes y chicas, el cierre de explotaciones continúa a un ritmo que amenaza seriamente la continuidad del modelo productivo, especialmente en el sector lácteo. Los datos son contundentes: por cada doce granjas que cierran en Galicia, solo se produce una nueva incorporación.
Esta realidad sitúa al sector en un punto crítico de no retorno. Los próximos cinco años serán decisivos para determinar si Galicia mantiene una base productiva propia o se avanza hacia un escenario de concentración extrema y abandono territorial.
Un saldo claramente negativo: las cifras del abandono
Según datos oficiales de la Consejería del Medio Rural, entre 2016 y 2023 se registraron en Galicia 2.709 nuevas incorporaciones a la actividad agraria. En el mismo período, la Encuesta de Estructuras de las Explotaciones Agrarias refleja la desaparición de alrededor de 33.500 explotaciones. El resultado es un saldo demoledor: una ratio de 12 salidas por cada entrada.
Esta dinámica no es nueva, pero sí más intensa que en el conjunto del Estado. Estudios recientes publicados en el Foro Económico de Galicia muestran que a mano de obra ocupada en la agricultura gallega se redujo un 87% en las últimas cuatro décadas, frente al 60% del promedio estatal. El problema no es solo productivo, sino también social y territorial.
Envejecimiento extremo y desigual según el tipo de granja
El último Censo Agrario (2020) confirma otro de los grandes lastres del sector: el envejecimiento. Casi la mitad de los titulares de explotaciones gallegas (48,3%) tienen 65 años o más, un porcentaje superior al promedio español.
Este envejecimiento no afecta por igual a todo el sector. En las explotaciones de mayor dimensión económica y en las especializadas en ganado —leche, carne, porcino o avicultura— la edad media de los titulares es más baja. Por el contrario, las pequeñas explotaciones y las más dependientes de mano de obra familiar concentran los mayores riesgos de abandono.
Las ayudas a la incorporación: por qué no funcionan?
La Consejería del Medio Rural viene ofertando desde hace años ayudas a la incorporación de personas nuevas al sector. Sin embargo, los datos muestran que estas políticas no están dando los resultados esperados. El motivo es estructural.
En primer lugar, las ayudas no compensan la dureza de las condiciones de trabajo, la falta de conciliación, la elevada carga burocrática y la inseguridad a largo plazo. En segundo lugar, muchas incorporaciones se producen sobre explotaciones ya existentes, pero no frenan el cierre de otras tantas que desaparecen sin sustitución.
Además, el acceso a la tierra, a la mano de obra y al capital fundacional sigue siendo una barrera insalvable para buena parte de la juventud, mismo en un contexto de precios relativamente altos de la leche y de la carne.

El impacto no es igual en todos los sectores
Los datos comparativos entre Galicia y Cantabria permiten afinar el análisis. En el vacuno de leche, la falta de sucesión se traduce mayoritariamente en abandono definitivo de la actividad. Las explotaciones que no tienen relieve tienden a cerrar.
En el vacuno de carne, por el contrario, se observa un comportamiento distinto. La falta de sucesión no implica necesariamente abandono, ya que esta actividad funciona en muchos casos como refugio tras el cese en la leche o como complemento de otras rentas (pensiones, trabajo externo). Esto explica que, incluso sin relieve claro, el número de explotaciones de carne se mantenga o mismo aumente.
Mano de obra, burocracia y dimensión: los frenos invisibles
Otro de los factores clave que frena el relieve generacional es la falta de mano de obra. La profesionalización, la intensificación y la individualización del trabajo en las granjas hicieron desaparecer las redes familiares y vecinales que sostenían el modelo tradicional. La contratación es posible por los precios de mercado, pero escasean los trabajadores disponibles.
A esto se suma una burocracia creciente, percibida por el sector como un obstáculo más que como un apoyo. Trámites complejos, limitaciones patrimoniales y falta de asesoramiento público desincentivan la continuidad de muchas explotaciones viables.
Modelos alternativos: oportunidades poco exploradas
Existen fórmulas que demostraron funcionar en otros territorios ganaderos. El Banco de Explotaciones de la Xunta de Galicia, de reciente creación, es un primer paso como instrumento público de intermediación, aun pendiente de demostrar su eficacia real.
Más innovador resulta el modelo de sharemilking aplicado en Nueva Zelanda, basado en el aprovechamiento compartido de las explotaciones entre propietarios y nuevos entrantes. Un sistema flexible, contractual y progresivo que ya gestiona alrededor del 30% de las granjas lecheras de ese país y que podría adaptarse al contexto gallego.
Cinco años para decidir el futuro
El relieve generacional en Galicia no es un problema de falta de ayudas, sino de modelo. Las políticas actuales no están frenando la sangría de cierres ni a garantizar la continuidad del sector. Sin cambios profundos en acceso a la tierra, mano de obra, burocracia y organización del trabajo, la incorporación de jóvenes seguirá siendo insuficiente.
Los próximos cinco años marcarán un antes y un después. O Galicia afronta reformas estructurales valientes, o el futuro productor del campo gallego quedará seriamente comprometido.


