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viernes, mayo 1, 2026

Mina de litio en Beariz: ¿revulsivo o amenaza rural?

  • La mina de litio de Beariz divide opiniones: promesa de empleo e inversión frente a temores de impacto ambiental y despoblación en el rural gallego.

El litio llega al corazón del rural ourensano

La mina subterránea de litio proyectada en Doade, en el municipio ourensano de Beariz, se ha convertido en uno de los puntos calientes del debate sobre el futuro del rural gallego. Mientras el Gobierno central defiende su “solvencia técnica, económica y ambiental”, y Europa la reconoce como estratégica para las materias primas críticas, parte de la sociedad rural y representantes políticos alertan de los riesgos que entraña para el medio natural, el paisaje y el modo de vida tradicional.

¿Qué se pretende hacer en Beariz?

El proyecto lo lidera la filial gallega del grupo aragonés Samca, bajo el nombre Recursos Minerales de Galicia. Su objetivo: explotar una mina de litio en el monte comunal de Doade, en una zona limítrofe con la provincia de Pontevedra. La intervención, aún en fase de evaluación ambiental, plantea la apertura de galerías subterráneas entre los 50 y 300 metros de profundidad, en una superficie de 13,62 hectáreas.

La inversión estimada supera los 120 millones de euros y la empresa prevé generar cerca de 300 empleos directos en un territorio marcado por la despoblación, el envejecimiento y la falta de oportunidades laborales. El calendario inicial apunta a 2026 como el año de inicio de las obras, tras completar los trámites ambientales durante 2025.

Litio: oportunidad estratégica o riesgo estructural

El litio es hoy uno de los minerales más codiciados por su papel central en la transición energética: está presente en baterías para móviles, portátiles y, sobre todo, en vehículos eléctricos. La Unión Europea ha clasificado este elemento como materia prima crítica, por lo que proyectos como el de Doade entran en su radar estratégico.

Sin embargo, en el contexto rural gallego, donde los usos del monte combinan la actividad forestal, la ganadería extensiva y cada vez más el turismo de naturaleza, una mina de estas características no pasa desapercibida. Organizaciones agrarias, comunidades vecinales y fuerzas políticas como el BNG han mostrado su oposición, señalando el riesgo de impactos irreversibles sobre los acuíferos, la biodiversidad y la cohesión social del entorno.

“Para o noso País esta mina é espolio, destrución e contaminación; para outros, emprego, tecnoloxía e produción”, advertía esta semana en el Parlamento gallego la diputada ourensana del Bloque, en un debate que no hizo más que subrayar la fractura territorial en torno a esta iniciativa.

El papel de las administraciones: autonomía gallega en juego

Aunque el Ministerio para la Transición Ecológica avala la solvencia del proyecto, insiste en que la competencia para autorizar o denegar esta mina recae exclusivamente en la Xunta de Galicia. El hecho de que se trate de un proyecto declarado estratégico por la UE no le otorga, por tanto, carta blanca ni exenciones ambientales.

La administración autonómica deberá valorar el equilibrio entre los beneficios económicos y el impacto ambiental, paisajístico y social, con especial atención a la normativa minera, forestal y de ordenación del territorio.

Una encrucijada rural con proyección europea

Más allá de la inversión y los empleos prometidos, la mina de Doade representa un símbolo de las tensiones que se viven en el rural gallego entre desarrollo y preservación. La elección de Beariz, un municipio con apenas 800 habitantes y economía basada en el sector primario, ilustra los dilemas de futuro que enfrentan muchas zonas del interior: aceptar industrias intensivas en recursos para frenar el declive poblacional o defender modelos más sostenibles basados en el territorio.

Lo que está en juego no es solo litio, sino también el modelo de rural que Galicia quiere para las próximas décadas. ¿Industria extractiva o multifuncionalidad del monte? ¿Reindustrialización o resiliencia agroforestal?

Mientras se resuelven los trámites y continúa el pulso político, Beariz se asoma a una decisión trascendental que puede reconfigurar su paisaje, su economía y su identidad. Y con ella, buena parte del futuro del rural gallego.

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