13.1 C
Galicia
jueves, abril 30, 2026

El campo gallego pierde 365.000 empleos. ¿A donde se fueron?

  • Galicia ha perdido 365.000 empleos agrarios en 40 años; buena parte emigró hacia ciudades gallegas, resto de España o al exterior, provocando vacío rural.

1. La cifra y su descomposición necesaria

El dato central —que en cuatro décadas el sector agrario gallego ha perdido unos 365.000 puestos de trabajo— debe interpretarse más como un síntoma que como un fin en sí mismo. No basta con contabilizar la pérdida: conviene analizar hacia dónde fue esa mano de obra, bajo qué perfiles y con qué consecuencias para el medio rural.

Hasta ahora, no existe un estudio oficial que asigne con precisión porcentajes del destino de esos empleos perdidos (Galicia interior, otras comunidades, exterior). Pero sí hay datos recientes que permiten articular hipótesis informadas.

2. Migraciones en Galicia: lo que dicen las estadísticas recientes

2.1 Movimientos residenciales según el IGE

El Instituto Galego de Estatística (IGE) ofrece datos de “Movimientos migratorios” internos y externos para los años recientes, con desglose por comarcas y municipios.

En esos datos se pueden observar migraciones interiores (de un municipio gallego a otro) y migraciones externas (hacia otras comunidades o el extranjero). Aunque los volúmenes globales no se enlazan directamente con el empleo agrario, sí muestran que Galicia mantiene saldos migratorios internos netamente negativos en muchos concellos, especialmente los más rurales.

Por ejemplo, en el año 2022, entre las personas menores de 35 años, más de la mitad de los concellos presentaron saldo migratorio interior negativo, mientras que la inmigración exterior (es decir, personas llegadas de fuera de Galicia) juega un papel compensador en muchos municipios.

2.2 Retorno migratorio al alza

La Xunta informa que en 2023 cerca de 8.500 personas retornaron a Galicia, marcando un récord histórico en su serie migratoria.

Asimismo, el propio Ejecutivo autonómico señala que en los dos últimos años Galicia obtuvo un saldo migratorio positivo de alrededor de 53.000 personas, gracias al retorno, la llegada de gente de otras comunidades y la inmigración exterior.

Este dato sugiere que, al menos recientemente, hay una dinámica de retorno que puede contrarrestar parte de las pérdidas del rural.

2.3 Estudios comarcales: empleo, población y migración

Un artículo de la Universidad de Santiago analiza la evolución de población, empleo y migración entre 2011 y 2017 en las comarcas gallegas. Entre sus hallazgos relevantes:

• Las comarcas más deprimidas (con mayor dependencia agraria) sufren pérdidas persistentes de población hacia las cabeceras comarcales y hacia fuera de Galicia.

• En muchas zonas, la migración no sólo es hacia ciudades gallegas como Vigo, A Coruña o Santiago, sino también fuera de Galicia, especialmente en edad joven y profesionalizante.

• Las comarcas costeras más conectadas pueden “captar” parte de esa migración interior, amplificando las diferencias territoriales.

Además, trabajos más amplios sobre despoblamiento en el rural gallego destacan que el fenómeno no es nuevo, y que el abandono del campo es considerándose uno de los retos más urgentes del territorio.

3. Hipótesis estimadas sobre el destino de esos 365.000 empleos perdidos

Combinando las tendencias demográficas, los saldos migratorios recientes y los estudios comarcales, podemos proponer una hipótesis estructurada (aunque no definitiva) del destino de la mano de obra agraria perdida:

Destino probable

Rango estimado (hipótesis informada)

Justificación / comentarios

Migración interior dentro de Galicia (hacia ciudades medias o cabeceras comarcales)

25 % – 40 %

Muchos jóvenes se desplazan a núcleos urbanos gallegos por estudios, empleo de servicios, proximidad.

Migración a otras comunidades de España

15 % – 30 %

Empleo industrial, de servicios y mejores oportunidades en grandes áreas (Madrid, Barcelona, exterior peninsular).

Migración al exterior (países europeos u otros destinos)

10 % – 20 %

Aunque menor que en etapas históricas, aún existe flujo migratorio rural internacional, especialmente en épocas de crisis.

Permanencia o transición hacia sectores no agrícolas locales / cambio de ocupación en el mismo municipio

15 % – 30 %

 

 

Estas cifras hipotéticas suman más del 100 % si se superponen escenarios, así que deben entenderse como rangos variables que dependen de la época, la comarca y el perfil poblacional.

Aunque no hay un respaldo empírico exacto que asocie 365.000 empleos perdidos a estos porcentajes, la combinación de estudios rurales, saldos migratorios y dinámicas demográficas hace que estos rangos sean plausibles dentro del contexto gallego.

4. Impacto real en el rural: vacíos que pesan

4.1 Caída acelerada de explotaciones agrícolas

Entre 2016 y 2023, Galicia experimentó una auténtica involución en su tejido agrario: el número de explotaciones agrícolas se desplomó un 45,7 %, de 76.406 a 41.507. En el mismo período, el empleo ligado a esas explotaciones cayó un 38,3 %.

Con ello se refuerza la tesis de que gran parte de los puestos perdidos corresponden a estructura agraria directamente supeditada al trabajo en las explotaciones.

4.2 Efecto multiplicador negativo en el entorno rural

Cuando el agro se retrae:

• Cierran comercios, bajan los servicios de transporte y se suprime tejido social.

• Se debilita la economía local: los ingresos derivados de la producción se reducen, dificultando la inversión en infraestructuras rurales.

• Se pierde relevo social: menos jóvenes dispuestos a quedarse, y heredamientos que no se hacen efectivos.

4.3 La inmigración rural como parche, no como solución definitiva

Según un estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la población inmigrante en zonas rurales españolas contribuye de forma apreciable a sostener explotaciones y actividades agrícolas, aunque en muchos casos con contratos temporales y condiciones poco estables.

En Galicia, la inmigración exterior ha sido señalada como factor compensador en muchos municipios que experimentan saldo negativo interior.

Pero esta mano de obra no siempre se integra con continuidad ni con adaptación al modelo agrario local, por lo que su efecto estructural es limitado.

5. Lo que toca exigir a Xunta y Gobierno: prioridades rurales

Para revertir o al menos ralentizar este éxodo laboral agrario, las siguientes medidas podrían generar impacto tangible:

  • Diagnóstico y mapeo del destino laboral agrario perdido. Un estudio con seguimiento de personas que dejaron empleo agrario (registro social, encuestas) para definir políticas focalizadas.
  • Programas de retorno específico para el mundo rural agrario. Más allá de retorno genérico, incentivar el retorno con proyectos agrarios (explotaciones, cooperativas) en municipios con potencial productivo.
  • Incentivos fiscales y subvenciones a jóvenes emprendedores rurales agrícolas. Dotar a quienes quieran iniciar explotaciones con ventajas reales: reducción de cargas, ayudas técnicas, acompañamiento administrativo.
  • Desarrollo de agroindustrias territoriales. Crear empleo en transformación, logística y distribución dentro del propio rural, para que producir no implique necessariamente migrar.
  • Fortalecer servicios en núcleos rurales clave (cabeceras de comarca). Esa estrategia de “viabilidad de nodos intermedios” —no dispersar servicios en cada aldea— ha sido sugerida por expertos como Carlos Ferrás.
  • Facilitar la integración de inmigrantes rurales con enfoque de estabilidad. Que los contratos no sean meramente estacionales y que se promueva su inserción a largo plazo en el agro local.

6. Un desafío colectivo para el rural

La pérdida de 365.000 empleos agrarios en Galicia no es solo una estadística: es la manifestación de un éxodo que vacía de vida las aldeas, debilita el patrimonio productivo y compromete el tejido social rural. Si bien no podemos trazar con exactitud cuántos se fueron dentro de Galicia, cuántos a otras comunidades o al extranjero, las migraciones interiores negativas en numerosos concellos, el retorno reciente y las tendencias comarcales apuntan a que una buena parte de esa mano de obra huyó hacia ciudades medias gallegas y otros destinos.

Para el mundo rural gallego esto implica un doble desafío: recuperar parte de ese capital humano perdido y generar condiciones para evitar más fugas en el futuro. Y ese reto no puede quedarse en declaraciones institucionales: exige políticas valientes, fondos específicos y compromiso territorial.

Artículos relacionados

ÚLTIMOS ARTÍCULOS