- El sector lácteo es para el rural lo mismo que Inditex para A Coruña y Stellantis para Vigo, clave para empleo, economía y futuro demográfico.
1. Un paralelismo que define la fuerza del sector
“El sector lácteo es para el rural lo mismo que Inditex es para A Coruña y Stellantis es para Vigo”.
La frase, pronunciada en el foro Los retos de la Galicia rural, resume una realidad que en el campo se conoce desde hace décadas: sin leche, sin ganaderías y sin industria transformadora, buena parte del interior gallego quedaría sin su principal motor económico.
El encuentro, celebrado en la Finca da Rocha, volvió a poner sobre la mesa un mensaje claro: el futuro del rural pasa por consolidar y ampliar su tejido productivo, y el lácteo es la columna vertebral que lo sostiene.
2. Granjas más profesionales y tecnificadas
Durante su intervención, la conselleira de Medio Rural, María José Gómez, subrayó la transformación silenciosa que ha vivido el sector.
Las explotaciones gallegas —cada vez menos pero más grandes, modernas y eficientes— han invertido en robotización, manejo de precisión, genética y bienestar animal.
El salto tecnológico es tal que hoy compiten en condiciones ventajosas dentro y fuera del Estado, a pesar de que el precio percibido por la leche sigue estando históricamente por debajo de la media española.
Ese contraste, lejos de desanimar al sector, ha reforzado la idea de que Galicia es un territorio estratégico para producir leche de forma competitiva y sostenible.
3. Un impacto económico que no se puede deslocalizar
En un momento en que muchas industrias se marchan en busca de costes más bajos, la cadena láctea —producción, transformación, servicios, logística— tiene una característica que la vuelve única: no se puede deslocalizar.
La leche se ordeña donde están las vacas, y las vacas siguen en Galicia porque hay conocimiento, clima, tradición ganadera y un sector profesionalizado.
Por eso, el paralelismo con Inditex o Stellantis no es exagerado. En comarcas enteras, la economía depende directa o indirectamente de las ganaderías y de la industria que les da salida. Cada cierre afecta a veterinarios, transportistas, talleres, comercios y a la vida en los pueblos.

4. Más actividad para mantener vivo el rural
Gómez insistió en una idea que en el campo se escucha cada vez más: mantener vivo el rural no pasa solo por defender el sector primario, sino por añadir industria y nuevos negocios que generen empleo estable.
Asegura que Galicia dispone de suelo, condiciones y legislación suficiente para atraer actividad económica compatible con el territorio. Pero advierte de un reto: la creciente polarización social y la tendencia a rechazar cualquier tipo de industria, incluso aquella que cumple con todos los requisitos ambientales.
El rural —recordó— “no es un jardín”, sino un espacio vivo, productivo y cuidado por ganaderos, agricultores y productores forestales. Cuando la actividad desaparece, el abandono avanza, y con él los incendios, la pérdida de paisaje y la despoblación.
5. Contra el rural idílico: realismo para afrontar el mañana
La conselleira alertó sobre la “imagen de postal” que a veces se proyecta del rural. Un campo sin actividad no es un paraíso: es un territorio vacío, sin servicios, sin empleo y sin relevo generacional.
Por eso, atraer nuevas inversiones —ligadas al lácteo o a otros sectores compatibles— es clave para frenar el éxodo hacia unas ciudades cada vez más grandes y desconectadas del medio rural.
El objetivo es claro: mantener población y asegurar que la economía siga girando en torno a actividades que generan valor real.
El paralelismo entre Inditex, Stellantis y el lácteo funciona porque sintetiza una verdad difícil de discutir: si la leche falla, el rural gallego se apaga.
Y si el rural se apaga, Galicia pierde uno de sus mayores activos económicos, sociales y culturales.


