La tuberculosis enfrenta al ganadero con el protocolo sanitario

  • Un caso de falsos positivos en un rebaño caprino de Baños de Molgas reabre el debate sobre la precisión de las pruebas y el coste de los sacrificios sanitarios

Entre la protección sanitaria y el riesgo de sacrificar de más

La lucha contra las enfermedades ganaderas exige controles rigurosos. Nadie en el campo discute la necesidad de detectar y eliminar enfermedades como la tuberculosis, una amenaza sanitaria y económica que puede comprometer la viabilidad de una explotación.

El problema aparece cuando el resultado de una prueba puede determinar el sacrificio de un animal que posteriormente no estaba enfermo.

Ese es el dilema al que se enfrenta Rebeca Trigo, una joven ganadera de origen vigués que está intentando poner en marcha una explotación de ovino y caprino en Baños de Molgas. Después de completar su formación en la Escola de Pastores de Xinzo, su proyecto de incorporación al sector se ha encontrado con un obstáculo que va mucho más allá de dos animales sacrificados.

Una oveja y una cabra de su rebaño dieron positivo en las pruebas de tuberculosis y fueron sacrificadas. Posteriormente, según explica la ganadera, los resultados definitivos determinaron que se trataba de falsos positivos.

Ahora Medio Rural pretende volver a analizar el rebaño mediante la misma prueba que desencadenó el problema. Rebeca ha solicitado que se utilice la prueba intradérmica comparada, que considera más adecuada para reducir posibles reacciones cruzadas en caprino, pero su petición ha sido rechazada.

Y ahí empieza el verdadero debate.

El protocolo también debe medir su precisión

La Xunta defiende que la prueba oficial de diagnóstico es la intradermotuberculinización simple y que la comparada únicamente puede utilizarse cuando no existe riesgo epidemiológico y existen sospechas de reacciones cruzadas.

Es una posición comprensible desde el punto de vista sanitario. Galicia mantiene una política de vigilancia y erradicación de la tuberculosis que exige actuar ante resultados sospechosos o positivos.

Pero el sector ganadero plantea otra cuestión: ¿puede un protocolo ser suficientemente eficaz para proteger la cabaña y, al mismo tiempo, suficientemente preciso para evitar sacrificios que después puedan demostrarse innecesarios?

La pregunta no es menor.

La normativa contempla indemnizaciones por los animales sacrificados obligatoriamente dentro de los programas oficiales de vigilancia, lucha y erradicación de enfermedades, incluida la tuberculosis en vacuno, ovino y caprino. Pero una indemnización económica no devuelve un animal al rebaño ni compensa necesariamente el valor genético, productivo o sentimental que pueda tener para una explotación.

Y mucho menos soluciona el problema de fondo cuando hablamos de personas que están intentando incorporarse por primera vez a la actividad ganadera.

Un problema que el vacuno conoce bien

El caso de Baños de Molgas recuerda además un debate que el sector bovino gallego conoce desde hace años: qué hacer cuando aparece un positivo dentro de una explotación y hasta dónde deben llegar las medidas sanitarias.

La normativa contempla incluso situaciones de vacío sanitario, con el sacrificio obligatorio de la totalidad de los animales de una explotación cuando así corresponde a las medidas sanitarias aplicables.

Desde la Administración, estas medidas responden a una lógica clara: evitar que un foco se extienda y comprometa el trabajo realizado durante años para reducir la presencia de la enfermedad.

(Foto:LVG. Rebeca)

Desde la explotación, la perspectiva es diferente.

Un positivo no representa únicamente un dato en una estadística sanitaria. Puede significar animales sacrificados, pérdida de producción, interrupción de la actividad, costes de reposición y meses de incertidumbre.

Por eso las discrepancias entre Administración y sector no deberían interpretarse automáticamente como un enfrentamiento entre quienes defienden la sanidad animal y quienes no lo hacen.

El debate debería ser otro: cómo conseguir que el control sanitario sea cada vez más eficaz, pero también más preciso y adaptado a las características de cada especie.

El caprino no es simplemente un bovino pequeño

Esta cuestión adquiere especial relevancia en el caso de las explotaciones de cabras.

El programa nacional de erradicación establece actuaciones específicas para el ganado caprino y diferencia, entre otros aspectos, los rebaños que mantienen relación epidemiológica con explotaciones bovinas de aquellos que no la tienen.

La propia Xunta mantiene además programas específicos relacionados con la sanidad del ganado ovino y caprino, entre ellos los destinados al control de la paratuberculosis.

Por eso, cuando una ganadera reclama que se valore una técnica diagnóstica diferente, la cuestión merece algo más que una respuesta administrativa.

Merece una explicación sanitaria comprensible.

¿Cuál es el riesgo epidemiológico concreto? ¿Por qué una prueba es adecuada en este caso y otra no? ¿Qué posibilidades existen de reacciones cruzadas? ¿Qué margen hay para confirmar un resultado antes de tomar una decisión irreversible?

Son preguntas que el ganadero necesita poder responder antes de ver desaparecer sus animales.

Empezar una explotación ya es suficientemente difícil

El caso de Rebeca tiene además una dimensión que trasciende la tuberculosis.

Galicia necesita nuevas generaciones de ganaderos y explotaciones capaces de mantener actividad económica y población en el medio rural. La incorporación de jóvenes al sector requiere formación, inversión, acceso a la tierra, animales, financiación y acompañamiento administrativo.

Rebeca había dado varios de esos pasos.

Compró una vivienda en Sanguñedo, comenzó a formar su rebaño y completó su formación como pastora con la intención de desarrollar una explotación de carne.

Ahora se encuentra con que una decisión sanitaria puede condicionar el futuro de su proyecto.

Y ahí está probablemente la principal lección de este caso.

La sanidad animal debe ser una prioridad. Pero también debe serlo la confianza del ganadero en el sistema que la protege.

Si una prueba puede acabar en sacrificio, el sistema debe ofrecer al productor todas las garantías posibles de que la decisión está sustentada en un diagnóstico suficientemente sólido.

Porque erradicar una enfermedad es imprescindible.

Pero conseguirlo sin poner innecesariamente en riesgo el futuro de quienes quieren seguir criando animales en Galicia debería ser también una prioridad.

Galicia necesita sanidad y necesita ganaderos

El caso de Baños de Molgas no cuestiona la necesidad de controlar la tuberculosis. Pone sobre la mesa algo más concreto: la importancia de revisar continuamente los protocolos, mejorar las herramientas diagnósticas y adaptar las decisiones sanitarias a la realidad de cada especie y explotación.

El campo necesita reglas claras.

Pero también necesita que esas reglas sean precisas, proporcionadas y comprensibles.

Porque cuando se sacrifica un animal por motivos sanitarios, la decisión es irreversible.

Y cuando quien está detrás de ese animal es una persona que acaba de decidir dedicar su futuro a la ganadería, el coste de un posible error puede ser mucho mayor que el valor de una indemnización.

La sanidad protege al ganado. Un buen sistema sanitario debería proteger también al ganadero.

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