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viernes, febrero 6, 2026

Galicia arde en uno de los veranos más secos: 60 hectáreas calcinadas en O Salnés y varios incendios activos en el rural

  • El fuego de Meaño (Xil) arrasó 60 hectáreas de monte arbolado y encendió las alertas en el sector agrario del Salnés, mientras otros incendios activos afectan a Ourense, Lugo y Pontevedra.

Meaño: 60 hectáreas arrasadas y daños en el entorno agrario

El incendio forestal declarado en la parroquia de Xil (Meaño) en la madrugada del martes 29 de julio fue controlado a las 03:42 h del miércoles 30, según los últimos datos facilitados por la Consellería do Medio Rural de la Xunta.

La superficie calcinada alcanza ya 60 hectáreas de monte arbolado, una cifra que supera ampliamente las estimaciones iniciales de entre 20 y 40 hectáreas. El fuego fue visible desde varios puntos de las rías de Arousa y Pontevedra, generando un ambiente irrespirable en las zonas agrícolas cercanas.

El operativo de extinción fue importante: 1 técnico, 9 agentes forestales, 15 brigadas, 15 motobombas, 3 palas, 3 unidades técnicas de apoyo, 4 helicópteros y 3 aviones. También se movilizaron recursos municipales de Sanxenxo y brigadas comarcales.

Afectación directa sobre el campo

La zona quemada tiene un alto valor productivo. El impacto sobre explotaciones agrícolas y ganaderas del entorno es ya evidente:

Ganadería extensiva: pérdida de pastos clave para vacuno, ovino y porcino.

Viñedo y agricultura: afectación a la calidad del suelo, estrés térmico en cultivos y daños indirectos por humo y ceniza.

Riesgos económicos: interrupción de tareas agrarias justo en campaña estival, y posible pérdida de acceso a ayudas vinculadas a la PAC.

Este episodio se suma a una larga lista de incendios que, verano tras verano, comprometen la sostenibilidad del rural gallego.

Galicia, múltiples frentes abiertos

Además del incendio de Meaño, Galicia registra varios fuegos activos, estabilizados o controlados según el parte oficial emitido a las 08.30 h de hoy:

Carballeda de Avia (Ourense): Activo desde el martes al mediodía en la parroquia de Carballeda, con más de 20 hectáreas afectadas. Participan 2 técnicos, 14 agentes, 23 brigadas, 12 motobombas, 3 palas, 4 helicópteros y 4 aviones.

Arbo (Pontevedra): Sigue activo aunque la Situación 2 (emergencia por cercanía a viviendas) fue desactivada a las 23.55 h del martes. Afecta unas 8 hectáreas. Han intervenido 1 técnico, 4 agentes, 11 brigadas, 7 motobombas y 2 helicópteros.

Carballedo (Lugo): Estabilizado desde las 22.28 h del martes, en la parroquia de San Mamede de Lousada. Más de 20 hectáreas quemadas. Han participado 1 técnico, 10 agentes, 17 brigadas, 16 motobombas, 2 palas, 3 helicópteros y 3 aviones.

Salvaterra de Miño (Pontevedra): Controlado desde las 20.48 h del lunes en la parroquia de Pesqueiras, con 47 hectáreas de monte arbolado afectadas. Intervinieron 4 técnicos, 16 agentes, 27 brigadas, 20 motobombas, 3 palas, 1 unidad técnica, 8 helicópteros y 9 aviones.

Condiciones extremas, consecuencias recurrentes

El riesgo extremo de incendios se mantiene en buena parte de Galicia debido a las condiciones meteorológicas de estos días: altas temperaturas, humedad muy baja y viento seco. La provincia de Pontevedra está entre las más afectadas, con varios fuegos simultáneos en zonas rurales densamente habitadas o con actividad agraria intensiva.

Estos incendios repiten un patrón ya conocido:

• Abandono del monte y falta de gestión forestal.

• Escasa protección preventiva en zonas rurales.

• Efectos directos sobre el campo, no solo en producción sino también en estructura y economía.

• Riesgos crecientes vinculados al cambio climático.

El rural como víctima directa

El incendio de Meaño demuestra que cuando arde el monte, no solo se pierde patrimonio forestal:

se queman recursos productivos, se frena el trabajo del campo y se compromete el futuro de pequeñas explotaciones.

El sector reclama:

Mejores protocolos de prevención.

Ayudas rápidas y coordinadas.

Evaluaciones claras y acceso ágil a compensaciones.

No es solo monte: el fuego amenaza al corazón del territorio rural

Los incendios de este verano no son anecdóticos ni aislados. Son una señal de alerta sobre la fragilidad estructural del rural gallego, en un contexto en el que el cambio climático agrava los impactos y pone a prueba la capacidad de respuesta institucional.

Proteger el monte ya no es suficiente: hay que proteger también al campo. Y eso implica cambiar prioridades, actuar antes de que arda y tener siempre presente que el rural no es espectador, sino víctima directa del fuego.

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