- La planta de biogás proyectada en A Laracha intensifica el debate sobre el impacto ambiental en el rural gallego mientras crece la oposición agraria y vecinal.
- El proyecto de planta de biogás en A Laracha reabre el conflicto entre transición energética y defensa del territorio rural en Galicia. Organizaciones agrarias alertan sobre impactos ambientales y pérdida de empleo agrario.
La expansión de proyectos energéticos vinculados al rural gallego continúa generando una creciente fractura social. La planta de biogás proyectada en A Laracha, presentada como una solución para la valorización de residuos ganaderos y la producción de energía renovable, se ha convertido en uno de los nuevos focos de tensión entre el modelo industrial promovido desde las administraciones y una parte importante del tejido agrario y vecinal.
Mientras el sector energético defiende el biometano como herramienta estratégica para la descarbonización y la economía circular, organizaciones agrarias y colectivos ciudadanos advierten de que Galicia corre el riesgo de convertir el rural en una plataforma de grandes proyectos industriales con importantes impactos ambientales y sociales.
La polémica coincide además con el endurecimiento del discurso de entidades como el Sindicato Labrego Galego, que esta misma semana volvió a cargar contra los planes extractivos y energéticos impulsados desde la Xunta, rechazando lo que consideran una “industrialización agresiva” del territorio rural gallego.
Un proyecto de biometano que divide al territorio
La iniciativa promovida por Bioenergía A Coruña contempla el tratamiento de hasta 63.500 toneladas anuales de residuos procedentes de explotaciones ganaderas, agrícolas e industrias alimentarias.
El objetivo principal pasa por generar biogás mediante digestión anaerobia para posteriormente transformarlo en biometano apto para su inyección en la red gasística. Paralelamente, el proyecto prevé obtener fertilizantes orgánicos derivados del proceso.
Desde el punto de vista técnico y energético, el biogás está considerado una de las alternativas con mayor potencial dentro del proceso de transición ecológica, especialmente en regiones con alta concentración ganadera como Galicia.
Sin embargo, sobre el terreno, la percepción social es mucho más compleja.
El temor a un nuevo modelo industrial en el rural
La oposición vecinal y agraria no se limita únicamente a los posibles olores o al tránsito de camiones. En el fondo del debate aparece una preocupación más profunda: la transformación progresiva del rural gallego en receptor de macroproyectos energéticos, extractivos o industriales.
El comunicado difundido por el Sindicato Labrego Galego contra los nuevos planes mineros de la Xunta ha servido para reforzar ese discurso crítico.
La organización agraria sostiene que proyectos como las explotaciones mineras de Corcoesto, San Finx o Santa Comba, así como determinadas macroinfraestructuras energéticas, responden a un mismo patrón: ocupación intensiva del territorio rural bajo la promesa de empleo y desarrollo económico.
Según el sindicato, los impactos sobre el agua, el suelo y las actividades agroganaderas pueden resultar irreversibles y terminar destruyendo más empleo del que generan.
Ese argumento empieza también a aparecer en el debate sobre las plantas de biogás.

Riesgos ambientales y preocupación por el Río Anllóns
Uno de los puntos más sensibles del proyecto de A Laracha es su proximidad al Río Anllóns, un recurso estratégico para el abastecimiento y el equilibrio ecológico de la comarca.
El propio estudio ambiental reconoce posibles afecciones relacionadas con:
- Riesgos para el agua y el suelo.
- Emisiones atmosféricas y olores.
- Incremento del tráfico pesado.
- Alteraciones acústicas y paisajísticas.
Aunque la empresa promotora sostiene que el impacto será moderado y que se aplicarán sistemas de desodorización y control ambiental, parte de la población considera insuficientes esas garantías.
El debate se produce además en un contexto de creciente sensibilidad ambiental en Galicia, especialmente en proyectos vinculados al rural.
Biodiversidad y patrimonio en el foco del conflicto
La zona afectada alberga una importante riqueza natural y patrimonial.
Entre los elementos más sensibles destacan:
- Presencia de numerosas especies de aves protegidas.
- Hábitats de anfibios y mamíferos.
- Cercanía de la Mámoa de Chousa Grande, enclave arqueológico de relevancia histórica.
Los colectivos críticos alertan de que la acumulación de proyectos industriales en espacios rurales termina fragmentando ecosistemas y alterando la identidad territorial de las comarcas.
El sector agrario reclama prioridad para el rural productivo
La controversia llega además en un momento especialmente delicado para el agro gallego.
El comunicado del Sindicato Labrego Galego denuncia que mientras se movilizan millones de euros para proyectos industriales y extractivos, siguen existiendo problemas de financiación para el relevo generacional y las incorporaciones de jóvenes al campo.
Ese discurso conecta directamente con parte del malestar que se vive en muchas zonas rurales: la sensación de que el territorio asume cada vez más cargas ambientales mientras pierde población, servicios y explotaciones agrarias.
Desde distintos sectores se insiste en que la transición energética no puede hacerse a costa de deteriorar la base productiva agroganadera ni generar nuevos conflictos territoriales.
Declaraciones de Elas/Eles y tensión social creciente
El conflicto de A Laracha seguirá creciendo en visibilidad en los próximos días con la difusión de un vídeo en el que intervendrá el presidente de la Asociación de Gandeiros e Gandeiras Elas/Eles, entidad que también ha mostrado preocupación por el impacto territorial de este tipo de proyectos.
La grabación servirá para trasladar públicamente la posición del colectivo y visibilizar el creciente rechazo existente en parte del rural gallego frente a iniciativas que consideran excesivamente industrializadas y alejadas de las necesidades reales de las explotaciones familiares.
Galicia ante un debate decisivo
El caso de A Laracha simboliza uno de los grandes debates que atraviesa actualmente Galicia: cómo avanzar hacia modelos energéticos más sostenibles sin romper el equilibrio territorial y social del rural.
El biogás aparece para muchos como una oportunidad estratégica para gestionar purines, generar energía renovable y reducir emisiones. Pero para otros representa el riesgo de abrir la puerta a nuevas dinámicas de concentración industrial y presión ambiental sobre las comarcas agrarias.
El resultado de este proyecto puede convertirse en un precedente clave para futuras plantas de biometano y para el modelo de desarrollo que Galicia quiere construir en su territorio rural.


