- El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur avanza con nuevas salvaguardas, pero el rechazo del rural gallego se amplía y se articula con el respaldo de organizaciones agrarias, sindicatos y fuerzas políticas.
La firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el bloque Mercosur marca un hito en la política comercial comunitaria tras casi 26 años de negociaciones. Para Bruselas, se trata de un paso estratégico que dará lugar a uno de los mayores espacios de libre comercio del mundo. Para el rural gallego, sin embargo, el pacto sigue generando una profunda desconfianza que va más allá del texto y alcanza a su aplicación real.
Las recientes tractoradas y movilizaciones en distintos puntos de Galicia, con especial visibilidad en la provincia de Ourense, reflejan un malestar que no es puntual ni improvisado. El sector agrario gallego vive el avance del acuerdo como una amenaza potencial en un contexto ya marcado por la presión sobre los precios en origen, el incremento de los costes de producción y la sensación de competir en desigualdad de condiciones.
Un acuerdo que avanza, pero no sin cambios
El texto que ahora entra en fase de ratificación no es el mismo que provocó una oposición casi unánime del campo europeo en sus primeras versiones. La presión sostenida de agricultores y ganaderos en países como España y Francia obligó a la Comisión Europea a introducir salvaguardas agrícolas reforzadas, especialmente para los sectores más sensibles.
El nuevo marco incluye mecanismos de seguimiento continuo de las importaciones y la posibilidad de suspender ventajas arancelarias si se detectan perturbaciones graves del mercado, como caídas sostenidas de precios o incrementos anómalos de volumen. No supone una marcha atrás en la liberalización comercial, pero sí un giro relevante respecto al planteamiento inicial del acuerdo.
Galicia, una vulnerabilidad estructural
Dentro del mapa agrario español y europeo, Galicia presenta una serie de características que explican la intensidad del rechazo al acuerdo:
• Predominio de explotaciones familiares de pequeño y mediano tamaño
• Fuerte peso del vacuno de carne y del sector lácteo
• Márgenes económicos ajustados y alta dependencia de los precios en origen
• Importancia social y territorial del sector primario en el medio rural
Este modelo productivo hace que cualquier alteración del equilibrio del mercado europeo tenga un impacto directo sobre la renta agraria y la viabilidad de miles de explotaciones, con consecuencias que trascienden lo económico y afectan a la cohesión territorial.
Salvaguardas: un avance insuficiente para el sector
Las salvaguardas incorporadas al acuerdo han sido clave para desbloquear apoyos políticos en la UE. El texto contempla cláusulas específicas para productos sensibles y establece umbrales que permitirían a Bruselas iniciar investigaciones y activar medidas correctoras si las importaciones procedentes de Mercosur generan distorsiones significativas.
Sin embargo, desde el sector agrario gallego persisten dudas de fondo:
¿Se activarán estas medidas con la rapidez necesaria?
¿Habrá transparencia real en los datos de importación y precios?
¿Se exigirá una reciprocidad efectiva en estándares sanitarios, laborales y ambientales?
La experiencia previa con otros acuerdos comerciales alimenta la desconfianza. El temor no es solo la entrada de producto, sino la posibilidad de competir en condiciones desiguales.
Sectores bajo especial vigilancia en Galicia
1.- Vacuno de carne
Es el principal foco de preocupación. Galicia es una de las regiones con mayor peso en la producción de vacuno de carne en España, y cualquier presión a la baja sobre los precios tendría efectos inmediatos sobre la sostenibilidad económica de las explotaciones.
2.- Sector lácteo
Aunque el acuerdo no incide directamente sobre la leche, el equilibrio del vacuno en su conjunto resulta clave para la estabilidad del sistema ganadero gallego.
3.- Costes de producción
La apertura comercial puede influir en el precio de determinadas materias primas, pero con efectos desiguales según el tipo de explotación y el territorio.
Apoyo transversal a las movilizaciones del campoEl rechazo al acuerdo UE-Mercosur no se limita a iniciativas individuales ni a colectivos aislados. En Galicia y en el conjunto del Estado, las movilizaciones cuentan con el respaldo de organizaciones profesionales agrarias, sindicatos y distintas fuerzas políticas, que coinciden en señalar los riesgos que el pacto puede suponer para el modelo productivo europeo.
Desde las asociaciones agrarias y cooperativas se advierte de que, pese a las salvaguardas introducidas, el acuerdo mantiene incertidumbres relevantes en términos de precios, competencia y control de estándares. Los sindicatos, por su parte, subrayan el impacto potencial sobre el empleo rural y la cohesión territorial.
En el ámbito político, formaciones de distinto signo han expresado su apoyo a las reivindicaciones del campo y han reclamado a las instituciones europeas y estatales garantías efectivas en la aplicación de las cláusulas de protección, así como transparencia en el seguimiento de las importaciones procedentes de Mercosur.
Este respaldo transversal refuerza la idea de que el debate en torno al acuerdo no es ideológico, sino estructural, y que afecta de lleno al futuro del rural gallego.
España y la UE, entre la estrategia y el territorio
España ha respaldado el avance del acuerdo tras el refuerzo de las salvaguardas, alineándose con otros grandes países comunitarios. No obstante, comunidades con fuerte peso agrario como Galicia, Castilla y León o Andalucía comparten inquietudes similares.
Desde el rural se insiste en que la política comercial europea no puede utilizar al sector agrario como moneda de cambio para beneficiar a otros ámbitos económicos sin garantizar un equilibrio real.
El verdadero examen comienza ahora
El acuerdo UE-Mercosur ya no es una puerta abierta sin control, y ese cambio es fruto directo de la presión ejercida por el campo europeo. Para Galicia, este avance es reconocido, pero no suficiente para bajar la guardia.
La prueba decisiva llegará con la aplicación práctica del acuerdo y con la capacidad de las instituciones europeas para actuar con rapidez, transparencia y firmeza si el mercado se ve alterado.
Acuerdo comercial en conflicto
El acuerdo marca un antes y un después en la política comercial europea, pero el verdadero impacto se medirá en los pueblos, en las explotaciones familiares y en la vida diaria de quienes trabajan el campo gallego. Las tractoradas, los cortes de carretera y el respaldo de sindicatos y partidos políticos no son un gesto aislado: son la expresión de un sector que reclama certeza, transparencia y protección efectiva para su modelo productivo.
Para Galicia, el desafío no es solo económico. Es social, territorial y generacional. Mantener la viabilidad de las explotaciones familiares significa sostener empleo, conservar paisaje y garantizar que el rural siga siendo un espacio vivo y competitivo. En este contexto, las salvaguardas introducidas en Bruselas son un primer paso, pero el verdadero examen comenzará en los próximos meses, con la aplicación efectiva del acuerdo y la capacidad de las instituciones para responder a tiempo ante cualquier desequilibrio.
El mensaje del rural es claro: el comercio internacional puede ser una oportunidad, pero nunca a costa de poner en riesgo el futuro del campo, del territorio y de quienes hacen posible que Galicia siga alimentando a Europa.



