- El acuerdo UE-Mercosur avanza con nuevas salvaguardas, pero el campo gallego mantiene la vigilancia ante su impacto en precios y producción.
- La UE avanza en el acuerdo con Mercosur incorporando salvaguardas agrícolas. Galicia, clave en vacuno y lácteo, observa con cautela su impacto real en el campo.
Un pacto histórico que avanza en Bruselas, mientras el campo gallego sigue en guardia
La Unión Europea ha dado un paso decisivo hacia la firma del acuerdo comercial con el bloque Mercosur tras lograr el respaldo de una amplia mayoría de sus gobiernos. Se trata de un pacto largamente negociado, con casi tres décadas de recorrido, que promete abrir la mayor zona de libre comercio del mundo. Sin embargo, lejos de cerrar el debate, la decisión reaviva las inquietudes del sector agrario, especialmente en territorios como Galicia, donde el equilibrio del mercado resulta vital para la supervivencia de miles de explotaciones familiares.
Las modificaciones introducidas en el texto, fruto de meses de presión del campo europeo, han suavizado algunas de las aristas más conflictivas. Aun así, el acuerdo sigue siendo observado con lupa por agricultores y ganaderos gallegos, en un contexto marcado por la incertidumbre de precios, el aumento de costes y una transición verde que avanza a distintas velocidades.
Un acuerdo que ya no es el mismo
El acuerdo UE-Mercosur que avanza ahora hacia su firma dista mucho de las versiones iniciales que provocaron una oposición casi unánime en el sector agrario europeo. Las movilizaciones en distintos países, con especial intensidad en España y Francia, obligaron a Bruselas a introducir salvaguardas específicas para proteger a los productores comunitarios.
El nuevo texto contempla mecanismos de reacción rápida ante perturbaciones del mercado, permitiendo suspender ventajas arancelarias si las importaciones provocan caídas significativas de precios o incrementos anómalos de volumen. No es una marcha atrás, pero sí un giro relevante respecto a la filosofía inicial del acuerdo.
Galicia, una región especialmente sensible
Dentro del mapa agrario español, Galicia ocupa una posición singular que la hace especialmente vulnerable a los efectos de los acuerdos comerciales internacionales. Su estructura productiva se caracteriza por:
• Predominio de explotaciones familiares
• Fuerte peso del vacuno de carne y del sector lácteo
• Márgenes ajustados y elevada dependencia de los precios en origen
• Importancia social y territorial del sector agrario en el medio rural
En este contexto, cualquier alteración del mercado europeo tiene un impacto más inmediato y profundo que en otras regiones con modelos más intensivos o concentrados. Por eso, el avance del acuerdo con Mercosur no se vive como un asunto lejano, sino como una cuestión estratégica para el futuro del rural gallego.
España y la UE: un equilibrio complejo
España ha sido uno de los países que finalmente respaldaron el avance del acuerdo, junto a Alemania y otros socios comunitarios, tras el refuerzo de las salvaguardas agrícolas. Comunidades como Galicia, Castilla y León o Andalucía comparten preocupaciones similares sobre la entrada de productos procedentes de Mercosur, especialmente en sectores sensibles.
Desde Bruselas, el acuerdo se defiende como una herramienta clave para reforzar la posición geopolítica de la UE, diversificar relaciones comerciales y abrir oportunidades para sectores industriales y exportadores. El campo europeo, sin embargo, ha dejado claro que no quiere convertirse en la moneda de cambio de esa estrategia.
Salvaguardas agrícolas: el principal cambio
Uno de los elementos clave que ha permitido desbloquear el respaldo político al acuerdo ha sido el refuerzo de las salvaguardas agrícolas. El texto contempla ahora:
• Cláusulas específicas para productos sensibles
• Activación automática de investigaciones si los precios importados son al menos un 5 % inferiores a los europeos
• Suspensión de ventajas arancelarias ante aumentos del 5 % en los volúmenes de importación preferenciales
• Seguimiento continuo de las importaciones por parte de la Comisión Europea
Estas medidas no eliminan la competencia exterior, pero ofrecen herramientas para actuar si el mercado europeo se ve seriamente afectado.

Sectores bajo vigilancia en Galicia
1.- Vacuno de carne
Es el sector que concentra mayor preocupación. Galicia es una de las principales regiones productoras de España, y cualquier caída de precios derivada de importaciones descontroladas tendría un impacto directo en la renta de las explotaciones.
2.- Sector lácteo
Aunque el acuerdo no incide de forma directa sobre la leche, el equilibrio del vacuno es clave para la estabilidad del sistema ganadero gallego en su conjunto.
3.- Costes de producción
Las importaciones de materias primas para alimentación animal pueden influir en los costes, con efectos desiguales según el territorio y el tipo de explotación.
Un respaldo institucional con fuerte contestación agraria
El avance del acuerdo ha sido celebrado por las instituciones europeas como un éxito estratégico, pero ha vuelto a encender las críticas de las organizaciones agrarias. Entidades como Copa-Cogeca o Vía Campesina consideran que, pese a los ajustes, el pacto sigue siendo desequilibrado y temen una competencia desleal en términos sanitarios y ambientales.
Las organizaciones agrarias ya han anunciado nuevas movilizaciones, recordando que la clave no estará solo en el texto, sino en la aplicación real y en la rapidez con la que se activen las salvaguardas si el mercado se ve alterado.

Galicia, cautela activa ante el acuerdo
El acuerdo UE-Mercosur ya no es una puerta abierta sin control, y ese cambio es fruto directo de la presión ejercida por el campo europeo, español y gallego. Sin embargo, para una región con el peso agrario y rural de Galicia, la prudencia sigue siendo obligada.
El sector reconoce los avances logrados, pero mantiene una vigilancia activa. El verdadero examen comenzará con la aplicación práctica del acuerdo y con la capacidad de Bruselas para reaccionar con rapidez y transparencia. Para el campo gallego, el mensaje es claro: el comercio puede ser una oportunidad, pero nunca a costa de poner en riesgo su modelo productivo y social.


