- Galicia estrena ALume, una app para alertar de incendios forestales con geolocalización, imágenes e inteligencia artificial para acelerar la detección temprana.
- Galicia incorpora inteligencia artificial para detectar incendios forestales con mayor rapidez. El Pladiga 2026 refuerza además la vigilancia, los medios aéreos y las brigadas de extinción.
La lucha contra los incendios forestales entra en una nueva dimensión en Galicia. La combinación de inteligencia artificial, vigilancia avanzada, drones y la implicación directa de la ciudadanía a través de una nueva aplicación móvil marca un cambio de paradigma en la detección temprana de los fuegos.
Una de las principales novedades es la puesta en marcha de ALume, una herramienta que convierte a cualquier ciudadano en un colaborador activo en la vigilancia del monte. Pero la aplicación es solo una pieza de una estrategia más amplia que apuesta por la tecnología, el refuerzo de medios humanos y materiales y una intensificación de las labores preventivas para reducir el impacto de los incendios forestales.
ALume: el ciudadano se convierte en un sensor contra el fuego
La nueva aplicación móvil ALume, ya disponible para dispositivos Android e iOS, permite comunicar la existencia de un incendio forestal de forma rápida y sencilla.
Su principal ventaja es que facilita el envío de la ubicación exacta del fuego, algo fundamental durante los primeros minutos de un incendio. Además, los usuarios pueden adjuntar fotografías, grabaciones de sonido y observaciones que ayuden a los servicios de emergencia a evaluar la situación antes incluso de llegar al lugar.
La herramienta complementa el tradicional teléfono 085 y busca reducir los tiempos de respuesta, un factor clave para evitar que un pequeño foco termine convirtiéndose en un gran incendio forestal.
Inteligencia artificial para detectar humo de forma automática
Otra de las grandes novedades del dispositivo gallego es la incorporación de inteligencia artificial al sistema de gestión de incendios.
Gracias a esta tecnología, las cámaras de vigilancia pueden detectar automáticamente columnas de humo o focos incipientes y generar alertas sin necesidad de que intervenga un operador o se produzca una llamada ciudadana.
La automatización permite ganar minutos decisivos en la activación de los medios de extinción, especialmente en jornadas de elevado riesgo meteorológico.
Más cámaras y más vigilancia del territorio
La red de videovigilancia forestal experimenta este año uno de los mayores crecimientos de los últimos ejercicios.
El sistema contará con 241 cámaras distribuidas en 111 puntos estratégicos, lo que supone un incremento del 30 % respecto al año anterior.
Esta ampliación permitirá aumentar la cobertura visual del territorio y mejorar la capacidad de detección en zonas especialmente sensibles o históricamente afectadas por incendios.
Drones para llegar donde no alcanzan las cámaras
La tecnología aérea gana protagonismo con la incorporación de tres drones de última generación.
Estos equipos actuarán principalmente en áreas de difícil acceso, espacios montañosos o lugares donde la cobertura de las cámaras resulta insuficiente.
Además de localizar focos, los drones pueden aportar imágenes en tiempo real que facilitan la toma de decisiones durante las operaciones de extinción.
Más prevención: 33.800 hectáreas de trabajos forestales
Aunque la tecnología acapara gran parte de la atención, la prevención sigue siendo una de las herramientas más eficaces contra los incendios.
Durante 2026 está previsto actuar en más de 33.800 hectáreas.
Estas actuaciones incluyen:
- Creación y mantenimiento de cortafuegos.
- Apertura de franjas auxiliares de seguridad.
- Tratamientos silvícolas preventivos.
- Trabajos de limpieza y reducción de combustible vegetal.
- Acciones enmarcadas dentro de las subvenciones para la prevención de los daños causados a los bosques por incendios
- Los convenios con las entidades locales para brigada, tractor y motobomba y trabajos preventivos
Refuerzo histórico de personal especializado
La campaña de alto riesgo contará con un importante aumento de efectivos.
Se incorporarán 42 nuevas brigadas, cada una formada por cuatro integrantes, destinadas a reforzar la capacidad de intervención durante los meses más críticos.
También se amplía de forma significativa la Unidad de Directores de Extinción (UDEX), especializada en la gestión de grandes incendios forestales y de situaciones especialmente complejas, que pasa de seis a quince integrantes.
Más aviones, helicópteros y maquinaria pesada
El dispositivo gallego también aumenta sus recursos materiales.
Entre las incorporaciones destacan:
- Dos nuevos aviones de carga en tierra.
- Un avión de coordinación.
- Un helicóptero pesado.
Con estas incorporaciones, el operativo autonómico alcanzará los 24 medios aéreos propios, a los que se suman los recursos estatales.
Por tierra, se incorporan 16 nuevos bulldózeres, que se añadirán a la maquinaria pesada ya desplegada para labores preventivas y de apoyo en las tareas de extinción.
La gestión de biomasa gana peso en la estrategia preventiva
Uno de los aspectos menos visibles pero más determinantes en la lucha contra el fuego es la gestión de la biomasa en las franjas secundarias, aquellas más próximas a los núcleos de población.
Para reforzar estos trabajos se incrementa hasta 25 millones de euros anuales el presupuesto destinado a la gestión de las denominadas franjas secundarias.
El objetivo es facilitar el cumplimiento de las obligaciones de limpieza tanto de propietarios como de concellos y reducir la continuidad del combustible vegetal en zonas donde un incendio puede poner en riesgo a personas y bienes.
Galicia apuesta por adelantarse al fuego
La gran novedad del Pladiga 2026 no es únicamente la suma de nuevos recursos, sino el cambio de enfoque hacia una estrategia basada en la anticipación.
La combinación de inteligencia artificial, vigilancia avanzada, participación ciudadana mediante ALume, drones, más personal especializado y un incremento de los trabajos preventivos busca actuar antes de que los incendios alcancen dimensiones peligrosas.
En un contexto de veranos cada vez más secos y episodios meteorológicos extremos, la capacidad para detectar un fuego en sus primeros minutos puede marcar la diferencia entre una rápida intervención y una emergencia de grandes proporciones.



