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«Siempre ha faltado iniciativa pública y privada que apoye al sector lácteo ourensano»
Antonio Pérez Castro | Presidente de AFRICOR Ourense

noviembre 23, 2018
La provincia de Ourense es la única de Galicia que no tiene mar, y también la única en la que la producción de leche es casi residual. El sector avícola, el vino —cuatro de las cinco denominaciones vitivinícolas gallegas están aquí—, la patata y el bovino de carne —con la recuperación de las razas específicamente ourensanas caldelá, vianesa y frieiresa— son las producciones en las que se centra el campo de la provincia, aunque no siempre fue así. Para conocer el auge, caída y situación actual del sector lácteo de esta zona de climas extremos, hablamos con Antonio Pérez Castro, presidente de AFRICOR —Asociación Frisona de Control de Rendimientos— de Ourense, que nos recibe en su explotación de la parroquia de Pinza, en Viana do Bolo.

Fotos: Jose Santiso


¿Cómo llegó a presidencia de AFRICOR Ourense?

Casi ni me acuerdo. Llevo ya desde 1998, nada menos que veinte años, y anteriormente había estado en la directiva de AFRIGA —Asociación Frisona Galega— a principios de los años noventa. El de presidente es un puesto tan bueno y tan agradecido que nunca se me ocurriría dejarlo… Hablando en serio: sigo al frente sobre todo porque nadie quiere tomar el relevo, y creo que es mi responsabilidad no abandonar el barco así como así. Pero opino que no se debe estar en los sitios porque no queda otro remedio, porque de esa forma no se avanza, y tampoco es bueno eternizarse en los cargos. Llevo mucho tiempo buscando quien me sustituya, aunque sin éxito. Cuando llegué todo era un poco caótico, casi se funcionaba por inercia y porque la normativa obligaba a que el AFRICOR siguiese activo. Lo que se hizo fue regularizar la situación de los controladores y modernizar el trabajo en la medida de nuestras posibilidades.

Revista AFRIGA — Control Lechero — Antonio Pérez Castro | Presidente de AFRICOR OurenseHáblenos un poco del funcionamiento actual de AFRICOR Ourense.

El mayor problema es que hay pocos ganaderos y, por tanto, pocos socios en AFRICOR. Actualmente somos diecisiete socios, y en toda la provincia habrá alrededor de ochenta explotaciones. Como no tenemos mucha estructura ni recursos, puede que se nos escape alguna granja que sigue produciendo a muy pequeña escala. Contamos con una controladora para todas las explotaciones, que tiene que recorrer grandes distancias por la dispersión de las granjas que están en Control Lechero. Pero, al ser pocas, en cuestión de quince días cumple el trabajo. Yo soy de los últimos que visita, entre los días quince y veinte del mes. Aparte del Control Lechero y de la gestión del árbol genealógico no se hace ningún otro trabajo, porque somos pocos y estamos muy separados. Si algo me preocupa es el no poder dar más servicios a los socios, pero es que nos resulta imposible. No hay recursos. Los otros AFRICOR están muy implicados en la organización de subastas y concursos de ganado, y ojalá nosotros también pudiéramos hacerlo, porque creo que son eventos interesantes tanto para el ganadero en particular, como para el sector en general. Ya no es que el AFRICOR no pueda organizarlos, es que nuestros propios ganaderos tienen dificultades para asistir por las distancias a los lugares donde se celebran.

¿Cuál es el perfil de las explotaciones ourensanas?

Tenemos un poco de todo, como en el resto de Galicia. Desde granjas que ordeñan trescientas vacas hasta minúsculas explotaciones familiares con quince animales. Esa variedad, que podría parecer enriquecedora, también es un lastre a la hora de poner en marcha proyectos para todo el AFRICOR. Las necesidades de unos y otros son muy diferentes, y no tendría sentido organizar, por ejemplo, acciones formativas para cuatro o cinco personas. También son explotaciones muy diferenciadas entre sí por el clima de cada comarca. Aquí hay altísima montaña, valle, zona lacustre… y es en Ourense donde se alcanzan las temperaturas más altas y más bajas de Galicia. Quizá el hecho diferencial de las explotaciones lácteas ourensanas es un cierto aislamiento. Me refiero a que, en las otras provincias, cada ganadero lácteo suele tener varios vecinos que se dedican a la misma actividad que él. En Ourense eso es más bien raro, y lo habitual es que la granja esté a muchos kilómetros de la explotación más cercana.

Todo funcionaría mejor si se unificase el trabajo de los controladores y se aplicasen criterios y métodos iguales y coordinados en todo el territorio de Galicia.

¿Cómo ve el futuro del AFRICOR?

No soy optimista, o al menos no soy optimista en cuanto a la continuidad del modelo actual. No sé por qué el CEGACOL —Centro Galego de Control Leiteiro— no acaba de arrancar, parece que nadie tiene claro lo que se pretende con él. Pero si no arranca, veo inevitable que las explotaciones de AFRICOR Ourense acaben integradas en los de Lugo o Pontevedra, dependiendo de la proximidad. Como otros compañeros gallegos, creo que habría que unificar, como mínimo, el trabajo, aunque cada provincia mantuviese parte de su estructura. Todo funcionaría mejor si se unificase el trabajo de los controladores y se aplicasen criterios y métodos iguales y coordinados en todo el territorio de Galicia. Un ejemplo: un controlador que estuviese a media jornada en Lugo podría acercarse a las explotaciones ourensanas limítrofes para completar la jornada. Es decir, aprovechar los recursos en beneficio del conjunto y no ir cada uno un poco por libre. Por otro lado siempre ha faltado iniciativa, tanto pública como privada, que apoye al sector lácteo ourensano. En su día, cuando había una buena cantidad de productores en la provincia, faltó un proyecto industrial que sirviese para mantener las cifras y la actividad. Tal vez se esperaba que Coren diera el paso pero finalmente no fue así, y ahora ya parece que será imposible porque no hay productores.

Vemos que a usted le tocó vivir una época de cierto esplendor y una posterior caída.

Pues sí. Cuando yo empecé había varios centros de recogida comarcales, en esta zona teníamos los de Trives y A Gudiña. La recogida la hacían desde la central de Lenosa, en León, y de hecho siguieron viniendo hasta hace tres años. Algunas de las primeras vacas que contaron con libro genealógico en la provincia las tuve yo en el año 1985, cuando tenía veintiún años. Para hacerse una idea de cómo la cosa ha ido a peor, te pongo un ejemplo: en enero de 1986 compré en Bembibre una vaca, una frisona de calidad, por 200.000 pesetas. Treinta y dos años después he comprado novillas de primer parto en el mismo sitio y exactamente al mismo precio, en este caso 1.200 euros. En cambio el dimensionamiento de las explotaciones fue bestial: yo pasé de tener veinte vacas en 1995 a ciento veinte en 2014, nueve años después. También recuerdo que, a principios y mediados de los años ochenta, había mucha actividad y se trabajaba para potenciar el sector. En 1988 ya hicimos cursos de inseminación aquí al lado, en Vilariño de Conso, que era una potencia en ganadería láctea por aquel entonces y donde hoy ya solo queda un productor.

Siempre señalamos que hay falta de mano de obra y de relevo generacional y, cuando alguien por fin da el paso, no hay quien lo respalde.

Ante este progresivo deterioro del sector lácteo, ¿temen que pueda desaparecer la recogida?

No, eso no lo tememos por una razón: el 90 % o más de la leche que se recoge en Ourense se lo lleva la misma empresa, Lactalis, y hasta ahora nunca han dejado de recoger en todas las explotaciones, estén donde estén. Sé de casos en los que se deja aparcada una cisterna y se recorren más de treinta kilómetros para hacer una recogida de quinientos litros, y eso no lo hace nadie más en la industria. Además no nos penalizan en el precio por el desplazamiento de los camiones, cobramos igual que la granja que está a cien metros de la fábrica. Tampoco hemos detectado problemas de financiación entre nuestros socios por el hecho de ser pocos y dispersos, ni a la hora de contratar seguros. Pero, en cambio, sí que tenemos el caso de un joven que desea incorporarse y ya tiene plan de mejora, pero no encuentra entidad que lo financie. Ahora ha tenido que rebajar sus objetivos de producción para ver si algún banco acepta. Esto es lo que no se concibe: siempre señalamos que hay falta de mano de obra y de relevo generacional y, cuando alguien por fin da el paso, no hay quien lo respalde.

¿Cómo es la relación con el resto de AFRICOR de Galicia?

Ahora muy correcta y fructífera. Es sabido que en el pasado hubo problemas que repercutieron en un mal funcionamiento de FEFRIGA —Federación Frisona Galega—, y que eso lastraba nuestra posición en CONAFE —Confederación de Asociaciones de Frisona Española—. En aquella época dejé de ir a las reuniones, porque tenía que desplazarme quinientos kilómetros para ir y volver de Santiago y que allí no se acordase nada. Pero todo eso se acabó. A día de hoy la relación es muy estrecha y todo va como la seda. Creo que estamos en el buen camino.

En el conjunto del sector, más allá de la provincia de Ourense, ¿qué problemas señalaría como los principales?

Obviamente, los bajos precios de la leche en origen. Pienso que no hay consciencia de todo lo que conllevan esos precios tan a la baja. Luego está la falta de mano de obra y de relevo generacional y, en algunas zonas, falta de tierras para trabajar. Sobre todo me preocupa la mano de obra, porque la que hay es escasa y mala. Aquí vinieron chavales jóvenes que supuestamente tenían una buena formación, pero solo sabían trabajar en explotaciones de mucha base territorial y en terrenos llanos y húmedos, que no son precisamente los que tenemos aquí. En esta zona hay mucha tierra abandonada y el acceso a ella es fácil de momento, porque se prevé que los ganaderos de carne sigan creciendo para ser competitivos. También creo que debe haber una apuesta más decidida por la genética: si no se trabaja bien en ese campo y no se invierte en la mejora de la genética, no se obtienen los mejores resultados posibles. Puede haber buenos toros y que den resultados aceptables, pero la ciencia no se equivoca y los grandes sementales, los que superan todas las pruebas y mediciones, arrojan unos niveles en producción, sanidad y morfología que están más que avalados. En 1985 los veterinarios decían que las mejores vacas frisonas de Galicia estaban en Ourense. Hoy ya no es así porque no se pudo trabajar debidamente la genética pero, al menos, ya hay una firme apuesta por la recría y se compran pocos animales fuera de Galicia.

Vistos los problemas, ¿cuáles son sus propuestas y alternativas de futuro?

Lo primero es estudiar la rentabilidad de los animales. Hoy hay una tendencia creciente a crear un rebaño grande en número pero, más que tener muchas vacas, lo importante es aprovecharlas bien. Si se hacen bien las cosas, se puede ganar más dinero con ochenta vacas que con ciento sesenta. También opino que una explotación familiar, para ser viable, debería tener unas sesenta o setenta vacas en ordeño. Hablo de explotaciones convencionales, claro. Otro aspecto en el que hay que esforzarse es el de la formación. Las escuelas y centros de capacitación deben preparar a los jóvenes para trabajar en todo tipo de explotaciones y no en modelos muy concretos. Hay una base teórica común, pero luego hay que tener práctica en situaciones muy diferentes. Y luego sería necesario un gran acuerdo sobre precios, pero sobre máximos y mínimos. Con las cifras de hoy, estimo que el litro no debería bajar de 0,32 € ni subir de 0,36. Ya sé que poner un límite máximo no es muy popular, pero estoy convencido de que sería una buena medida, porque siempre que se pagó mucho la alegría duró poco. Cuando la leche sube también suben los insumos, y luego la leche baja pero los insumos no. Aparte de que muchos ganaderos se embarcan en inversiones cuando hay bonanza, y después se llevan un chasco, por decirlo suavemente. Recuerdo aquella buena época entre 2006 y 2009: se compraba cuota, se compraba maquinaria, se arrendaban fincas nuevas, la dosis de toro Shottle estaba a cerca de 120 € y se vendieron como 12.000 dosis en Galicia, y eso que la crisis ya estaba ahí. Por eso opino que es mucho mejor un pacto por la estabilidad de los precios, para que no haya grandes bajadas que nos hundan ni grandes subidas que nos lleven a cometer excesos. También me pregunto hasta qué punto es positiva la fama que tenemos los ganaderos de aguantar todo lo que nos echen, y de superar todos los problemas a base de horas de trabajo y esfuerzos de todo tipo. Tal vez por suponernos esa capacidad abusan tanto de nosotros.

Opino que es mucho mejor un pacto por la estabilidad de los precios, para que no haya grandes bajadas que nos hundan ni grandes subidas que nos lleven a cometer excesos.

¿Sería viable y positivo ir hacia modelos cooperativos en Ourense? ¿Hay ya algún trabajo en ese sentido?

Ese modelo nunca funcionó bien aquí. Yo fui presidente de la cooperativa Leico entre 1998 y 2002, era de las más grandes de la provincia y en aquel momento había otras seis. Intenté que se creara una cooperativa de segundo grado y, aunque pasé muchas horas con el proyecto, no conseguí que se realizara. Ahora ya no queda gente para que se puedan hacer nuevos proyectos y yo, desde luego, no me apuntaría. Tampoco hay ninguna línea de colaboración o iniciativa conjunta con Coren, la gran cooperativa de origen ourensano, que está centrada en lo cárnico.

Por la proximidad geográfica, ¿hay algún tipo de colaboración con organizaciones o entidades de ganadería láctea de Portugal?

A nivel AFRICOR no hay nada, pero en lo individual sí que hay intercambios comerciales de vacas entre ganaderos particulares, como los puede haber con León o Zamora, que también están cerca.

Por lo que hemos hablado hasta ahora, se deduce que las distancias y la orografía suponen un gran lastre para las explotaciones ourensanas.

Sin duda, por ejemplo para acudir a jornadas formativas, que siempre tienen lugar en Lugo o Santiago. Desplazarse a esos lugares ya es un sacrificio enorme porque pierdes todo el día. Eso lo compensamos con asesoramiento individual, que tiene un precio. Tampoco podemos participar en las protestas colectivas del sector: por ejemplo, yo fui el único que pudo asistir a las tractoradas de 2015 con regularidad. Y luego, al margen de la actividad ganadera, también estamos un poco lejos de todo para lo que es la vida diaria.

La industria debería hacer un esfuerzo para premiar a las pocas granjas que sacamos las vacas del establo al pasto.

Aunque sería necesario un estudio científico para afirmarlo, ¿cree que la leche que se produce en Ourense es diferente porque las explotaciones también son muy diferentes a las del resto de Galicia?

Efectivamente, haría falta un estudio, pero el lechero que viene por aquí a veces dice que llevaba mucho tiempo sin ver una leche así, y que no es igual a la que recoge en zonas de Lugo. No digo que sea mejor, sino distinta. Por otro lado, los ganaderos de esta zona —de los concellos de Viana, Riós, A Mezquita, A Gudiña y Vilariño de Conso— están en pastoreo o con vacas que salen a pastar con frecuencia. Eso ya la hace diferente de las grandes explotaciones intensivas de Lugo, A Coruña y Pontevedra. Con respecto a esto debo decir que la industria debería hacer un esfuerzo para premiar a las pocas granjas que sacamos las vacas del establo al pasto. De lo que no hay duda es de que la leche ourensana es diferente por la forma en que se produce en su conjunto.




Presidente de AFRICOR Ourense y, sobre todo, ganadero

Revista AFRIGA — Control Lechero — Antonio Pérez Castro | Presidente de AFRICOR Ourense

Antonio Pérez Castro siempre ha estado implicado en las organizaciones y movimientos ganaderos que rodean al sector. Le preocupa el futuro y es de los que creen que las soluciones y los proyectos deben salir de los productores, en lugar de esperar a que vengan de fuera o a que ocurran milagros. Pero, al margen de la proyección pública de los cargos que haya ocupado, o de las entidades a las que haya pertenecido, también tiene una experiencia de lo más interesante como ganadero. Hemos visitado su explotación, O Cantón SC, para conocer el día a día en una zona donde la leche no es lo primero y, a través de su historia, saber un poco más del sector lácteo ourensano.

Viana do Bolo es un municipio muy distinto de los de gran producción lechera de Galicia. Una zona limítrofe con las cimas más altas de la comunidad, con terrenos siempre en pendiente y surcada por numerosos ríos y arroyos, en los que se construyeron quizá demasiadas presas y embalses. La carretera que nos lleva a Viana está cubierta a ambos lados por viñedos adscritos a la Denominación de Origen Valdeorras. Cientos de hectáreas de nueva plantación que, en otro tiempo, se usaron para alimentar a vacas, ovejas, cerdos y equinos. Llegando a la parroquia de Pinza, donde está la explotación de Antonio, ya nos damos cuenta de que aquí la reina es la vaca de raza rubia gallega, dedicada a la producción de carne. Por eso, para dar con su casa basta con preguntar por «el de la leche», ya que él es el único en muchos kilómetros que trabaja con frisonas.

Toñito, como todos le conocen, se puso al frente de la explotación en 1985, con veintidós años, y ya empezó a registrar los animales en el libro genealógico. Por aquel entonces su padre acababa de jubilarse y contaban con cinco vacas. Antonio vendió tres, compró dos traídas de Alemania y su padre le regaló otra, adquirida en Bembibre, por el día de su santo. Hoy es impensable sobrevivir con cinco vacas pero, en aquella época, los precios eran tan altos y los costes de producción tan bajos que la leche dejaba mucho margen de beneficio. También el trabajo era más llevadero que ahora, porque no era necesario trabajar tanto la tierra ni obtener todo el forraje posible. Antonio recuerda que podía ir a todas las fiestas de la comarca, eso sí, sin faltar jamás a su cita matinal con el ordeño. Durante diez años fue incrementando poco a poco el rebaño hasta que, en 1995, se decidió a construir una de las naves en las que ahora trabaja y a ampliar el rebaño hasta veinte animales. La evolución posterior fue vertiginosa, como pasó en todas las granjas, y en 2004 ya manejaba una cabaña de ciento veintiocho vacas, lo que le llevó a hacer dos ampliaciones anexas a la nave principal. Luego, las crisis de precios y la desaparición de las cuotas le volvieron más conservador, y hoy se mueve con alrededor de cien vacas.

El modelo de explotación de O Cantón SC es extensivo, pero no se correspondería exactamente con los sistemas de pastoreo que presentamos en este número de la revista, puesto que aún usa una alta cantidad de concentrado y de pulpa de remolacha ensilada. Sin embargo, las vacas pasan la mayor parte del día y del año en el prado, incluso durmiendo en él. Ya hace años que el jabalí les hizo desistir de plantar maíz y, con la superficie que trabajan, tienen suficiente para completar la ración de sus vacas. La pulpa de remolacha ensilada, que compran a muy bajo precio en La Bañeza —León—, ha sido un descubrimiento reciente que está dando buen resultado.

Como hemos comprobado en la entrevista, Antonio es un entusiasta de la genética y ya desde 1988 se encarga de las inseminaciones. Hace un profundo trabajo de valoración genética antes de preñar a las vacas, trabaja de forma exhaustiva con la recría, y solo compra animales de parámetros genéticos contrastados y origen gallego. Antes adquiría alguna novilla en Zamora pero le daban problemas por diferentes enfermedades, aunque reconoce que fueron casos puntuales y que el trabajo de los ganaderos zamoranos es ejemplar, especialmente el de los de GAZA —Ganaderos de Zamora—.

Los falsos positivos por tuberculosis preocupan especialmente a este ganadero, que ya ha tenido que sacrificar a tres vacas que luego dieron negativo en el contraanálisis, de ahí que pida más rigor en los controles. Ahora mismo la explotación tiene algún ligero problema de exceso de células somáticas, por la presencia transitoria de vacas de mucha edad.

Recientemente le han presentado propuestas para pasarse a la producción en ecológico, porque la situación geográfica, el entorno y el terreno disponible en la explotación hacen que sea idónea para ese modelo. El inconveniente es que no le garantizan la recogida hasta que haya completado el proceso de transición, y sería demasiado arriesgado dar el paso.

El saber anticiparse a los cambios y adaptarse a nuevas situaciones son, en parte, las claves de la supervivencia de esta explotación, en la que han visto cómo iban cerrando una tras otra las demás de la zona. Eliseo es la otra pata fundamental de la granja: trabajador incansable. Toñito asegura que no cambiaría a su empleado por ningún experto en el sector ni aunque le pagaran por ello.

El ejemplo de O Cantón SC sirve para demostrar que nadar a contracorriente puede ser un éxito. Siguieron con la leche cuando otros ganaderos cerraban o se pasaban a la carne, supieron sustituir el maíz, aprendieron a trabajar en extensivo, y superaron las dificultades de un terreno en pendiente y muy alejado de las grandes comarcas lácteas. Que cunda el ejemplo.


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