Agricultores y ganaderos denuncian el aumento de daños causados por fauna salvaje y reclaman medidas urgentes a las administraciones.
Cuando proteger la fauna pone en peligro al campo
La convivencia entre fauna salvaje y actividades agroganaderas ha dejado de ser equilibrada. Lo que para algunos es símbolo de biodiversidad, para el mundo rural se ha convertido en un quebradero de cabeza que amenaza su propia supervivencia. Agricultores y ganaderos de Castilla y León —como también los de Galicia— elevan el tono: corzos, jabalíes y conejos no solo destrozan cultivos, sino que también suponen un riesgo sanitario para las explotaciones ganaderas.
50.000 hectáreas en peligro: el impacto silencioso
Según datos de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), más de 50.000 hectáreas de cultivo han sufrido daños solo en lo que va de 2024 en Castilla y León. Los animales salvajes, especialmente el jabalí, el corzo y el conejo, son los principales responsables de estas pérdidas que, en algunos casos, alcanzan hasta un 30% de la cosecha en parcelas cerealistas. En los cultivos leñosos, el daño es aún mayor: roedores y conejos roen directamente los troncos, comprometiendo la viabilidad de frutales y viñedos.
Infraestructuras públicas como reservorios de plagas
Uno de los elementos que más frustración genera en el campo es que gran parte de la fauna encuentra refugio en zonas públicas sin control: márgenes de carreteras, vías ferroviarias y montes sin gestión adecuada. Esto dificulta la acción directa de los productores y pone el foco sobre la responsabilidad de las administraciones. Así lo denuncia Donaciano Dujo, presidente de ASAJA Castilla y León, que reclama directamente al Ministerio de Transportes medidas de control en esos terrenos públicos.
Ganadería también en riesgo: la amenaza sanitaria
Más allá del daño agrícola, la ganadería también se ve afectada por la sobrepoblación de fauna salvaje. El jabalí es, una vez más, el principal vector de preocupación al transmitir enfermedades como la tuberculosis bovina, complicando el estado sanitario de las explotaciones. Según ASAJA, la convivencia sin control entre animales salvajes y ganado multiplica los riesgos para la salud animal y, por tanto, para la viabilidad de las granjas.
Galicia, en una situación paralela
En Galicia, el problema no es menor. Xabaríns y lobos provocan pérdidas millonarias cada año. Las explotaciones de montaña y media montaña son las más vulnerables, con ataques constantes a colmenas, cultivos y ganado en extensivo. Desde el sector agrario gallego se insiste en que la administración debe garantizar un equilibrio real entre biodiversidad y actividad productiva, sin que los ganaderos acaben siendo una especie en extinción.
Lo que pide el campo: control, prevención y compensación
COAG ha reclamado a nivel estatal un paquete de medidas urgentes. Entre ellas destacan:
• Coordinación real entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas.
• Gestión cinegética eficaz para controlar poblaciones de especies salvajes.
• Compensaciones económicas ágiles para los agricultores y ganaderos afectados.
El objetivo no es erradicar la fauna salvaje, sino evitar que su expansión descontrolada acabe con los que verdaderamente cuidan el territorio.
Biodiversidad, sí; abandono del rural, no
El grito del campo no es contra la naturaleza, sino contra su desprotección. Agricultores y ganaderos son, en muchos casos, los verdaderos guardianes del paisaje. Sin ellos, el abandono del territorio es cuestión de tiempo. Y con él, la pérdida de la soberanía alimentaria y de un equilibrio que la propia fauna también necesita.
El reto está claro: no se puede defender la biodiversidad sacrificando a quienes la hacen posible cada día.


