Galicia cuestiona el reparto estatal de las ayudas a fertilizantes

  • Galicia cuestiona el reparto estatal de las ayudas a fertilizantes porque solo tiene en cuenta la SAU y perjudica a cultivos y explotaciones gallegas.

La distribución estatal de las ayudas para la compra de fertilizantes vuelve a situar a Galicia ante el Ministerio de Agricultura. La Xunta ha trasladado al MAPA su rechazo a los criterios utilizados para repartir estas ayudas, al considerar que la superficie agraria útil (SAU) por sí sola no refleja las necesidades reales de fertilización de las explotaciones.

La posición gallega fue planteada este 9 de septiembre en la Comisión Sectorial de Agricultura por el director xeral da PAC e do Control da Cadea Alimentaria, Juan José Cerviño, quien reclamó explicaciones al Ministerio por un sistema de reparto que, a juicio de la Administración autonómica, coloca en una situación desfavorable a los agricultores y ganaderos gallegos.

El problema tiene una explicación territorial y productiva. Galicia dispone de una superficie agraria menor que la de las grandes áreas agrícolas del centro y sur de España, pero concentra cultivos con necesidades específicas de fertilización. Entre ellos destaca el maíz, mayoritario en buena parte del sistema agrario gallego.

La superficie no refleja las necesidades de cada cultivo

El principal argumento de Galicia es que el reparto de las ayudas se ha realizado atendiendo únicamente a la Superficie Agraria Útil, sin introducir diferencias en función del cultivo.

Para la Xunta, este criterio resulta insuficiente porque las necesidades de fertilización no son iguales en todas las producciones.

Cerviño puso como ejemplo las diferencias entre el maíz y otros cultivos como el centeno, la avena o la alfalfa. La consecuencia, según la Administración gallega, es que territorios del norte con una agricultura caracterizada por superficies más reducidas pueden recibir un tratamiento menos favorable frente a comunidades con grandes extensiones agrícolas.

El debate, por tanto, no se limita a cuánto dinero se destina a fertilizantes, sino a cómo se determina quién puede acceder a esas ayudas y en qué proporción.

Galicia sale perjudicada por su estructura agraria

La Xunta considera especialmente relevante la diferencia entre el modelo productivo gallego y el existente en buena parte del centro y sur peninsular.

Las comunidades del norte, entre ellas Galicia, presentan una superficie cultivada mucho menor que los grandes territorios agrícolas caracterizados por extensas superficies. Sin embargo, eso no significa que las necesidades de fertilización sean proporcionalmente menores.

En Galicia, además, el maíz desempeña un papel destacado en las explotaciones ganaderas, especialmente como cultivo destinado a la alimentación del ganado. Su importancia dentro del sistema forrajero hace que cualquier política relacionada con los fertilizantes tenga una repercusión directa sobre los costes de producción de numerosas explotaciones.

La discusión sobre los criterios de reparto adquiere así una dimensión que afecta directamente a la economía de las granjas.

El regadío recibe más que el secano

La Xunta también ha puesto el foco en otro elemento de la convocatoria: la diferencia entre las superficies de regadío y de secano.

Según explicó Cerviño, dentro de la superficie que puede acogerse a las ayudas se ha establecido un pago superior para el regadío que para el secano.

Galicia vuelve a considerar que este criterio juega en su contra porque la mayor parte de sus terrenos agrícolas corresponden al secano.

La combinación de ambos factores —el cálculo basado en la SAU y la diferente consideración del regadío y el secano— genera, según la Administración autonómica, un resultado poco favorable para el campo gallego.

Una cuestión que afecta al coste de producción

El precio de los fertilizantes constituye uno de los elementos que condicionan los costes de las explotaciones agrícolas y ganaderas. Por ello, las ayudas públicas destinadas a facilitar su adquisición pueden tener un efecto relevante sobre la cuenta de resultados de las granjas.

En el caso gallego, la discusión adquiere además una dimensión específica por la estrecha relación existente entre agricultura y ganadería.

El cultivo de maíz y otras producciones forrajeras forman parte de los sistemas de alimentación de numerosas explotaciones ganaderas. La disponibilidad y el coste de estos cultivos repercuten, directa o indirectamente, sobre el coste final de producir leche, carne u otros productos ganaderos.

Por ello, para el sector gallego no resulta indiferente que el sistema de apoyo tenga en cuenta únicamente la superficie disponible o que incorpore también criterios vinculados a las características productivas de cada territorio.

El debate sobre unas ayudas adaptadas al territorio

La controversia vuelve a poner sobre la mesa una cuestión recurrente en la política agraria española: hasta qué punto los criterios nacionales pueden aplicarse de forma homogénea a modelos productivos muy diferentes.

Un reparto basado en parámetros comunes facilita la gestión administrativa, pero puede generar diferencias cuando las estructuras agrarias de las comunidades autónomas presentan características muy distintas.

En Galicia, donde predominan explotaciones de menor dimensión territorial y donde la agricultura está estrechamente ligada a la actividad ganadera, la superficie no siempre constituye el mejor indicador para medir las necesidades productivas.

La Xunta reclama por ello que el Ministerio revise el planteamiento y explique las razones que han llevado a establecer estos criterios.

El sector agrario gallego, ante otro escenario de costes

La reclamación de Galicia llega en un contexto en el que las explotaciones continúan sometidas a una fuerte presión sobre sus costes de producción. Energía, alimentación animal, maquinaria, fertilizantes y otros insumos condicionan la rentabilidad de las granjas y obligan a los productores a ajustar cada vez más sus márgenes.

En este escenario, cualquier ayuda destinada a reducir el coste de los fertilizantes adquiere especial importancia, pero también lo hace el criterio utilizado para distribuirla.

La posición trasladada por la Xunta al MAPA introduce así un nuevo elemento en el debate: no basta con disponer de una línea de ayudas si el sistema de reparto no refleja las particularidades de los territorios y de sus producciones.

La cuestión queda ahora en manos del Ministerio de Agricultura, que deberá responder a las objeciones planteadas por Galicia y explicar si existe margen para modificar unos criterios que la Administración autonómica considera perjudiciales para agricultores y ganaderos gallegos.

La aplicación de criterios homogéneos

Más que una disputa sobre una partida concreta, el reparto de las ayudas a fertilizantes vuelve a enfrentar dos formas de entender la política agraria: la aplicación de criterios homogéneos para todo el territorio frente a la adaptación de las ayudas a las características reales de cada sistema productivo.

En Galicia, donde el maíz y los cultivos forrajeros están estrechamente vinculados a la ganadería y donde buena parte de las tierras son de secano, la Xunta considera que la superficie agraria no puede ser el único parámetro para determinar las necesidades de apoyo.

El debate queda abierto y tendrá consecuencias prácticas para las explotaciones si finalmente se mantienen los criterios actuales.

Artículos relacionados

ÚLTIMOS ARTÍCULOS