- Miles de hectáreas, pueblos evacuados y patrimonio rural en riesgo exigen declarar emergencias de forma inmediata y actuar sin demoras, porque cada minuto perdido arrasa territorio.
Un verano que arrasa futuro
Los incendios forestales han vuelto a poner contra las cuerdas a buena parte de la España rural. Galicia, Castilla y León, Madrid, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura arden al mismo tiempo, y la magnitud de las llamas no deja lugar a dudas: estamos ante una crisis que va más allá de lo meteorológico. En apenas cuatro días, Galicia ha perdido cerca de 4.000 hectáreas, superando ya todo lo quemado en 2024. No son solo cifras: son prados, cultivos, monte productivo, viviendas y un patrimonio natural que es la base de la vida en el rural.
Declaraciones que llegan tarde
El Ministerio del Interior ha activado la fase de preemergencia del Plan Estatal General de Emergencias, una figura que, en teoría, permite anticipar coordinación y recursos antes de que la situación desborde. Sin embargo, esta declaración no implica asumir la dirección de las operaciones, que sigue en manos de las comunidades autónomas, ni garantiza la llegada inmediata de refuerzos. En un incendio, el tiempo se mide en minutos, y cada demora se traduce en más hectáreas calcinadas y más familias que lo pierden todo.
Impacto directo en el rural
La provincia de Ourense mantiene el nivel 2 de alerta en varios fuegos debido a su proximidad a viviendas, y en Zamora han tenido que desalojar ocho municipios. En León, las llamas han amenazado a Las Médulas, un enclave Patrimonio de la Humanidad, y obligado a evacuar a 700 vecinos. Estas cifras no son solo un parte de guerra: son la radiografía de un rural que ve amenazada su base económica —ganadería, agricultura, turismo— y su seguridad

La lección que no aprendemos
Cada verano repetimos el mismo patrón: incendios simultáneos, evacuaciones, daños incalculables y una reacción institucional que muchas veces parece más pendiente de la gestión administrativa que de la urgencia real. El Plan Estatal de Emergencias contempla estas fases de prealerta, pero en un escenario con fuegos activos en media España y condiciones extremas, la pregunta es evidente: ¿no sería más eficaz activar directamente todos los medios disponibles?
Lo que está en juego
El monte no es un simple paisaje: es un activo productivo y de protección ambiental que tarda décadas en recuperarse. Perderlo significa más erosión, menos agua, menos biodiversidad y menos oportunidades para fijar población en el rural. Cada incendio no extinguido a tiempo es una herida que condiciona el futuro de generaciones.
Hay que actuar antes, no después
La lección de este verano es clara: ante incendios que avanzan a velocidades de vértigo, la declaración de emergencias y la movilización de medios debe ser inmediata y sin titubeos. En el rural lo sabemos bien: la diferencia entre salvar una finca o verla reducida a cenizas se mide en minutos. Y esos minutos no deberían perderse en reuniones y trámites.
(Alvaro Filgueira González: Director)


