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lunes, abril 13, 2026

Las granjas pequeñas, de nuevo en el punto de mira lácteo

  • Los nuevos contratos de leche castigan a las pequeñas granjas gallegas con precios bajos y primas por volumen que favorecen a las grandes explotaciones.

Renovación de contratos lácteos: el peso de ser pequeño

El 1 de agosto marca el inicio de un nuevo periodo de renovación de contratos para las granjas productoras de leche en Galicia. Pero, lejos de significar un alivio, este momento vuelve a cargar sobre las espaldas de las pequeñas y medianas explotaciones una losa que parece no tener fin: la discriminación sistemática por parte de las industrias lácteas.

Las primas por volumen: una fórmula desequilibrada

Lactalis, CAPSA y Lence continúan aplicando primas por cantidad que, en la práctica, penalizan a quienes no alcanzan los volúmenes de las grandes granjas. “Juegan con los cambios en las primas y hacen muy difícil hacer un seguimiento claro de lo que vamos a cobrar”, explica Ana Rodríguez, gandeira y economista especializada en políticas agrarias dentro del Sindicato Labrego Galego.

No se trata solo de una cuestión de escala, sino de una desigualdad estructural:

“A igual tipo de leite, hai unha gran diferenza segundo a industria que recolle e segundo a cantidade que produce cada granxa”, añade Rodríguez.

El mensaje está claro: producir poco —a pesar de hacerlo con calidad, sostenibilidad y compromiso con el territorio— ya no compensa.

Galicia, a la cola en el precio del litro

Xulio Fernández, coordinador del sector lácteo del SLG, aporta otro dato demoledor:

“Somos a Comunidade que menos cobra polo leite en todo o Estado, e entre as rexións produtoras de Europa, tamén estamos entre as que menos ingresan.”

Además, dentro del propio territorio gallego, el diferencial entre lo que cobra una granja pequeña y una grande puede superar los 8 céntimos por litro. Una brecha que no tiene justificación más allá de la presión industrial y la falta de medidas políticas eficaces para reequilibrar el mercado.

Un modelo que margina al rural

Esta situación perpetúa un modelo de producción basado en la concentración y en la pérdida progresiva de tejido agrario local. Las pequeñas granjas, que a menudo forman parte del entramado social y económico de las aldeas, se ven empujadas al cierre por no poder competir en volumen.

Y con cada granja que desaparece, se debilita el mundo rural gallego. Se pierde empleo, diversidad, cultura productiva y, en muchos casos, una forma de entender la vida basada en el respeto a los ritmos de la tierra y del ganado.

¿Dónde está la respuesta institucional?

Hasta ahora, la respuesta por parte de las administraciones —tanto autonómica como estatal— ha sido tímida y poco efectiva. Mientras en Europa ya se debate sobre el reequilibrio de las cadenas alimentarias y la necesidad de sostener al pequeño productor, en Galicia el precio que se paga por la leche sigue bajando, y las herramientas para frenar esa deriva siguen sin aparecer.

La defensa del rural pasa necesariamente por un cambio de enfoque en las relaciones contractuales entre industria y ganadería. Un cambio que reconozca el valor real de las pequeñas explotaciones, no solo como proveedoras de leche, sino como garantes de un modelo de producción arraigado, resiliente y sostenible.

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