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viernes, marzo 6, 2026

Vaciado sanitario en Galicia: perder 269 vacas y volver a empezaré 

  • Una ganadera de Laza sacrifica sus 269 vacas por tuberculosis y decide empezar de nuevo con 50 animales, reflejo de la crisis del sector ganadero.
  • La historia de una ganadera de Ourense obligada a sacrificar todo su ganado por tuberculosis y que vuelve a empezar. Un reflejo de la situación del sector.

Cuando el vaciado sanitario lo cambia todo

Hay decisiones que ningún ganadero quiere enfrentar. Una de ellas es el vaciado sanitario, la obligación de sacrificar todo el ganado de una explotación por motivos sanitarios. Es una medida dura, pero necesaria dentro de los programas de control de enfermedades como la tuberculosis bovina.

Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Teresa Gayoso, ganadera del municipio ourensano de Laza, que en apenas quince días tuvo que despedirse de sus 269 vacas de raza autóctona tras detectarse un positivo en la explotación.

«Foi un sinvivir, non llo desexo a ninguén», resume la propia ganadera. Una frase que refleja bien lo que supone para cualquier explotación perder en días el trabajo de años.

Una explotación levantada con esfuerzo

La historia de esta granja no empieza con la enfermedad. Empieza mucho antes.

Teresa tomó las riendas de la explotación familiar tras el fallecimiento de su hermano. Con trabajo constante logró triplicar el tamaño de la granja, convirtiéndola en una explotación consolidada en una zona de montaña donde mantener actividad ganadera no siempre es fácil.

En muchas comarcas del interior de Galicia, explotaciones como esta cumplen además una función que va más allá de producir carne o leche:

  • Mantienen el territorio vivo
  • Evitan el abandono de tierras
  • Reducen el riesgo de incendios
  • Generan actividad económica en el rural

Por eso, cuando una explotación desaparece, el impacto no es solo familiar, también territorial.

El golpe de la tuberculosis bovina

La tuberculosis bovina sigue siendo una de las enfermedades más temidas por los ganaderos. Los protocolos sanitarios son estrictos y, ante determinados positivos, la normativa obliga a eliminar todos los animales.

En este caso, el proceso fue especialmente rápido.

En apenas quince días, la explotación tuvo que realizar el vaciado completo. 269 animales sacrificados y años de trabajo borrados de golpe.

Más allá del impacto emocional, estas situaciones generan un fuerte golpe económico:

  • Pérdida de la base productiva
  • Paralización de la actividad
  • Incertidumbre sobre el futuro de la explotación
  • Trámites administrativos y sanitarios complejos

Aunque existen indemnizaciones públicas, en muchos casos no cubren totalmente el valor real del proyecto construido durante años.

Volver a empezar desde cero

A pesar del golpe, Teresa tomó una decisión que define bien el carácter de muchos ganaderos.

Volver.

La explotación ya tiene 50 nuevas cabezas de ganado, con las que inicia una nueva etapa. Más pequeña, más prudente, pero con la misma motivación.

La razón no es solo económica.

También pesa el vínculo con el territorio y con los animales. En aldeas de montaña como las de Laza, cada explotación activa es una pieza clave para que el entorno siga teniendo vida.

«Volvo abrir unha explotación», explica con determinación.

Galicia y la pérdida constante de explotaciones

La historia de Teresa no es un caso aislado. De hecho, refleja una tendencia que preocupa desde hace años en el sector ganadero.

Las administraciones hablan con frecuencia de la defensa del sector estratégico, de ayudas y de planes de apoyo al rural. Sin embargo, la realidad que perciben muchos profesionales es distinta.

Los datos son claros.

En apenas dos décadas, el número de explotaciones ganaderas ha caído de forma drástica.

De unas 20.000 granjas en el año 2000 se ha pasado a alrededor de 5.000 en 2025.

Las causas son múltiples:

  • Incremento de costes de producción
  • Exceso de burocracia
  • Falta de relevo generacional
  • Sanidad animal cada vez más exigente
  • Precios muchas veces insuficientes

A ello se suman crisis sanitarias, como la tuberculosis, que pueden acabar en días con explotaciones construidas durante generaciones.

Mucho más que una explotación

Cuando una granja desaparece, no solo se pierden animales o producción.

También desaparece:

  • Actividad económica local
  • Mantenimiento del paisaje
  • Gestión del territorio
  • Población en el rural

Por eso cada ganadero que decide seguir, incluso después de un golpe como un vaciado sanitario, se convierte casi en un símbolo de resistencia del campo.

La resiliencia del sector

El caso de esta ganadera ourensana resume bien la realidad del sector: dificultades constantes, incertidumbre y, aun así, una fuerte vocación.

Porque detrás de cada explotación hay historias personales, familias y territorios que dependen de que la actividad continúe.

Y aunque las estadísticas hablen de cierres, también hay quienes deciden empezar de nuevo.

Incluso después de perderlo todo.

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