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Pastoreo, un modelo diferente

noviembre 23, 2018
Desde que el sector lácteo comenzó a tener peso en España hemos visto cómo cada década iba trayendo cambios profundos. El aumento de la cabaña, la entrada en la UE —Unión Europea— con la implantación del sistema de cuotas, la bajada de precios, los planes de calidad y mejora, las innovaciones tecnológicas, más bajadas de precios, la desaparición de las cuotas, etc. Auténticas revoluciones que modificaron sustancialmente las granjas y sus métodos de trabajo. Cada explotación tuvo que adaptarse a esos cambios, de la forma en que pudo o supo, para poder seguir trabajando y, si bien no todas lo consiguieron, se logró mantener a nivel general el número de vacas y los índices de producción.

Ahora también estamos en un momento de cambio. La reforma de la PAC —Política Agraria Común—, la variación en los hábitos de consumo de lácteos, la presión del lobby antiganadero —mal llamado animalista—, o la agudización de la falta de mano de obra y de relevo generacional, son factores que deben ser tenidos en cuenta para encarar el futuro. Por este motivo, crece la tendencia a la producción mediante pastoreo. En este número de revista AFRIGA hemos querido analizar con detalle las claves de este método en el que, según cuentan sus protagonistas, «no se trabaja menos, sino de forma diferente», tanto porque está en auge como para dar a conocer a los ganaderos una alternativa de producción.

Hemos visitado explotaciones que en su momento apostaron por abandonar la producción en intensivo convencional para aprovechar de otra forma sus terrenos y recursos. También hemos hablado con los técnicos que los asesoran. El ahorro en forrajes y concentrados, la reducción de gastos veterinarios o un mayor tiempo libre son ventajas que todos ellos coinciden en señalar. Por otra parte, la reducción drástica de la producción, la falta de formación y formadores, o los efectos de la fauna salvaje son inconvenientes que también reconocen.

Puede parecer que el pastoreo no es nada nuevo e incluso que es una vuelta a los orígenes, pero nada tiene que ver lo que se hace hoy en día profesionalmente con lo que veíamos en el siglo pasado. En este sentido, los protagonistas de los reportajes de este número nos explican que hay que aprender a gestionar la tierra y ser tan agricultor como ganadero, que es necesario habituar a las vacas a salir al pasto y saber cómo moverlas entre las parcelas —además de procurarles refugio adecuado o combinar partos y ordeños—, y buscar aquellas razas y ejemplares que mejor se adapten al pasto.

El pastoreo es un modelo respetuoso con la tierra, lo que hoy se conoce como sostenible, que no requiere grandes inversiones, pero tampoco garantiza grandes producciones. Es, al fin y al cabo, solo un modelo más que, a su vez, cuenta con distintas modalidades. Ni mejor ni peor que los demás, ya que eso dependerá de cómo lo aplique el ganadero y de si la explotación cuenta con los recursos y requisitos necesarios para adaptarse a este modelo.


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