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«Las vacas en una situación de bienestar son más rentables»
Joaquín Lorenzo | Responsable de Compras Agro de Calidad Pascual

noviembre 23, 2018
A finales del pasado mes de junio, Calidad Pascual —la antigua Leche Pascual— obtuvo el certificado Bienestar Animal de AENOR Conform. Se trata de un reconocimiento desarrollado por la propia AENOR—Asociación Española de Normalización y Certificación—, junto con el IRTA —Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria—, que además tiene su referencia en el estándar europeo Welfare Quality sobre bienestar animal.

Fotos: Calidad Pascual


Los principios básicos de este estándar son buena alimentación, buen alojamiento, buen estado de salud y comportamiento apropiado para las necesidades de la especie —en este caso, obviamente, de las vacas—. La certificación obtenida por Calidad Pascual implica que las trescientas cuarenta y ocho explotaciones que abastecen de leche a la empresa, y las noventa mil vacas que en ellas habitan, cumplen a rajatabla con estos principios y parámetros, por lo que el 100 % de la leche que venden procede de granjas en Bienestar Animal. Joaquín Lorenzo es el responsable de Compras Agro de la compañía y, en cierta forma, la cabeza visible de esta implantación del modelo de calidad certificada. Hablamos con él para que nos explique las razones, los objetivos y los resultados de esta iniciativa, así como en qué consiste y sus implicaciones para el ganadero.

El bienestar de las vacas, una eterna preocupación para Calidad Pascual

Buscar el bienestar de las vacas en las granjas es una cuestión que ya preocupaba a Calidad Pascual en los años noventa del pasado siglo: «En realidad, el Bienestar Animal es muy similar a lo que se entiende por estado del bienestar en la sociedad en general, es decir, tener una vivienda digna, acceso a sistemas de sanidad y a los alimentos, y llevar una vida que permita el desarrollo personal. Lo mismo sucede con las vacas en nuestro modelo: deben contar con alimentos a su disposición, no solo en cantidad, sino también en calidad, y con raciones bien equilibradas. En cuanto al alojamiento, deben estar al resguardo del frío y el calor excesivo, en unas instalaciones que les resulten cómodas, con una adecuada ventilación y nivel de humedad. Son generalidades de sentido común, simplemente hay que hacer el esfuerzo de ponerlas en marcha».

Revista AFRIGA — Entrevista — Joaquín Lorenzo | Calidad Pascual
David Verano, de AENOR —izquierda— con Joaquín Lorenzo, de Calidad Pascual

Ahora la Welfare Quality ha establecido los criterios básicos en Europa, y lo ha hecho de forma que se pueden medir y valorar: «Lo que hemos hecho ha sido adoptar esos mecanismos de medición y control para obtener la certificación de calidad. El trabajo previo que ya realizábamos con nuestros granjeros lo ha facilitado todo».

Podría pensarse que los requisitos que impone la certificación de bienestar animal supondrían un freno a la hora de expandir la producción de la empresa, ya que la regulación les impide tener proveedores fuera de la norma: «Solo envasamos y comercializamos la leche procedente de esas trescientas cuarenta y ocho granjas en Bienestar Animal. La certificación no nos permite regular la producción con compras de leche en otros lugares o con cisternas spot. Por ahora la leche que comercializamos es suficiente. Tal vez el año que viene tengamos una subida de ventas, pero no es algo aún consolidado. De necesitar más producto, buscaríamos a aquellos ganaderos que estén en mejores condiciones para incorporarse de forma inmediata a nuestro método de trabajo».

Cumplir los parámetros de Bienestar Animal marcados por la certificación de calidad requiere esfuerzo y trabajo, pero prácticamente cualquier explotación estaría en disposición de incorporarse al sistema.

Requisitos al alcance de casi cualquier explotación

Cumplir los parámetros de Bienestar Animal marcados por la certificación de calidad requiere esfuerzo y trabajo, pero prácticamente cualquier explotación estaría en disposición de incorporarse al sistema. No hay limitaciones por número de hectáreas, recursos hídricos, tipo de suelos, fauna y flora del entorno, pendiente o desnivel de las fincas, etc. Tampoco hay diferencias territoriales, es decir, no va ser más sencillo ni más complicado incorporarse según la granja esté en una comunidad autónoma o en otra —actualmente las granjas de Castilla y León, Galicia, Catalunya y Cantabria abarcan, por este orden, la práctica totalidad de proveedores de Pascual—: «Da igual la localización geográfica y el sistema de manejo, lo que cuenta es el trato que se da a los animales y a la producción. Tenemos granjas que poseen terreno asociado y producen sus propios forrajes, o completan lo que tienen con compras de forraje externo o de concentrado. También contamos con explotaciones que no tienen ni una sola hectárea de tierra más allá de la nave del ganado y, por tanto, dependen de los contratos que firmen para comprar alimentos. Bien, pues ejerciendo un control sobre lo que se produce y lo que se compra, podemos garantizar que se cumple con el parámetro de buena alimentación. Es decir, lo que importa es que las cosas se hagan bien».

Una certificación que no prima modelos productivos

Tal y como explica Joaquín Lorenzo, el pastoreo hace un poco más complicado ejercer el control sobre el proceso de alimentación: «En la explotación tipo española, con unos 500.000 kilos de leche al año y terreno asociado, se produce una parte del alimento, se compra otra y se completa la ración con unos kilos de concentrados que pueden ser tres, cinco, ocho, o los que sean. El ganadero puede controlar su maíz, o sus otros forrajes, y medir el valor nutritivo y la calidad de todo lo que come la vaca: la proteína, la fibra, la humedad, etc. En el pastoreo es más difícil medir lo que come cada vaca, porque en el suelo hay una enorme variedad de plantas y la composición del pasto varía de unos meses a otros. Con una cuarta de nieve o con charcos, no pintan nada en el prado y tendrán que ir a un establo a comer ensilado. Digamos que las vacas en intensivo están como en un hotel y las de pastoreo como en un camping, y eso ya es cuestión del gusto de cada uno. Por eso en este sistema no primamos al pastoreo, ya que la calidad de la leche no depende del modelo sino de cómo se ejecute».

Implicaciones económicas de la normativa

¿Qué esfuerzo económico o de otro tipo supone para el ganadero adaptarse a los requisitos del Bienestar Animal? Joaquín Lorenzo nos explica que dependerá de la situación previa de cada explotación, y que en lo que más hay que fijarse es en los beneficios que reporta su implementación: «Cuando las vacas están en una situación de bienestar, son más eficientes, producen más y expresan mejor todas sus cualidades. Solo por eso, ya son más rentables». De ahí que no importe el tipo de modelo que tengamos en nuestra granja, sino cómo sea el manejo: «Una vaca en pastoreo, si tiene un pasto óptimo y controlado, si se ordeña a su hora y está vigilada en todo momento, dará su mejor rendimiento. Si la tienes en un barrizal, comiendo a deshora o aguantando altas temperaturas al sol, será un fiasco. Es el ganadero el que decide con su trabajo. Lo mismo vale para intensivo: si las vacas tienen que pelearse por la comida, o estar en camas que no se cambian, la cosa saldrá mal».

La norma de Bienestar Animal, según explica el responsable de Calidad Pascual, lleva aparejada una importante reducción del gasto veterinario en las explotaciones: «Nuestros técnicos trabajan con los ganaderos en modelos de eficiencia en la producción, y una de las cosas que medimos es la eficiencia económica de la granja. Cuando una vaca está sana, bien cuidada y en un entorno favorable, cuando se ordeña adecuadamente, dispone de una ración óptima, se controla el estado del agua que consume, etc., dispone de las condiciones para tener una buena salud. Y una buena salud de las vacas, obviamente, reduce el gasto veterinario. Sin enfermedades, no hay tratamientos paliativos».

En cuanto al precio de la leche que recibe el ganadero adscrito a este modelo, no hay un valor fijo: «El mercado lácteo ya no es como hace años, ahora hay contratos más largos que garantizan una cierta estabilidad. Lo importante es que ganadero e industria estén de acuerdo y trabajen para que ambos sean rentables».

Hacemos cuatro auditorías sistemáticas a los ganaderos. No basta una buena analítica de la leche, hay que garantizar que todo lo que influye en la producción se encuentra en el estado comprometido.

Control del cumplimiento de las normas de Bienestar Animal

Una parte fundamental del trabajo de certificación es el control del cumplimiento, por parte de los ganaderos, de los requisitos exigidos por las normas de Bienestar Animal. En este sentido, el IRTA y la Welfare Quality establecen los criterios, y AENOR certifica que se están cumpliendo: «Nosotros hacemos cuatro auditorías sistemáticas a los ganaderos para comprobar que el proceso es el acordado. No basta una buena analítica de la leche, hay que garantizar que la sala de ordeño, el tanque, el establo, los bebederos, los comederos, los sistemas de ventilación y, en fin, todo lo que influye en la producción, se encuentra en el estado comprometido».

Cada tres o cuatro meses, el ganadero recibe la visita de los inspectores, se analiza todo y se valora en qué se puede mejorar, ya que aumentará la calidad. Esto es algo perpetuo, es decir, requiere disciplina porque no va a variar: «También debo decir que, como llevamos años apostando por el bienestar animal, se han creado vínculos de trabajo y de confianza con el ganadero. Por eso no se trata de comprobar si nos está engañando, sino de buscar la forma en la que la que puede mejorar aún más el modelo que proponemos». Ahora bien, si en una granja se detecta el incumplimiento de alguno de los parámetros acordados, lo que se hace es interrumpir de forma inmediata la recogida de la leche y ponerse a trabajar con el ganadero para subsanar el fallo en el plazo más corto posible.


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