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Reflexiones sobre las herramientas del «Paquete Lácteo»

noviembre 23, 2018
El «Paquete Lácteo» nace con el objetivo de mejorar el funcionamiento del mercado de la leche en origen, como respuesta a la crisis de precios del año 2009. Para lograrlo contempla herramientas como los contratos, que deberían aportar una mayor transparencia y estabilidad, y las Organizaciones de Productores, que permitirían mejorar la capacidad de negociación de los ganaderos. Sin embargo, los resultados distan mucho de ser los esperados, por lo que es necesario realizar un análisis y una reflexión sobre las circunstancias que rodean y condicionan su aplicación. En este artículo hacemos una reseña de los elementos clave en la regulación del «Paquete Lácteo» en España, especialmente aquellos que pueden resultar críticos para una aplicación real de los contratos negociados.

Texto: Jorge Santiso Blanco
Ingeniero Agrónomo – Universidad de Santiago de Compostela
researchgate.net
Fotos: Jose Santiso


Un mercado inestable para la leche

En los últimos diez años hemos visto cómo los precios de la leche en España se han movido siguiendo ciclos irregulares, en los que se suceden bruscas subidas y fuertes bajadas. A finales de 2007 los precios subieron hasta los 45 céntimos, para caer por debajo de los 27 en la primavera de 2009. Un ciclo que se repetiría de 2014 a 2016, aunque en este caso con subidas más modestas. Es cierto que en todo ese tiempo los precios se mantuvieron buena parte de los meses en el entorno de los 30 céntimos, pero las bruscas variaciones apuntadas desataron fuertes tensiones en un mercado acostumbrado a una relativa estabilidad —ver Gráfico 1— .

Revista AFRIGA — Reflexiones sobre las herramientas del «Paquete Lácteo»

Por otra parte, la supresión de las cuotas en abril de 2015 dio a los ganaderos la libertad de producir más leche. Este escenario puede ser ventajoso, pero presenta riesgos de desequilibrios en el mercado y traslada a la industria la capacidad de determinar las cantidades que está dispuesta a comprar a cada uno de sus proveedores, aparte de eventuales amenazas de abandono selectivo de recogidas.

Resumiendo, con la liberalización del mercado lácteo europeo entramos en un escenario de incertidumbre que afecta a precios y volúmenes, dos variables que, junto con los costes de producción, determinan las rentas de los productores. Sin duda, esta es una situación novedosa para el sector lácteo gallego. Atrás quedan los tiempos en que los precios apenas variaban, las cantidades venían marcadas por las cuotas y la recogida estaba prácticamente asegurada en un mercado deficitario.

Por tanto, nos encontramos en un mercado esencialmente inestable, en el que tienen que desarrollarse las relaciones entre los ganaderos que producen la leche y las industrias que se la compran, y que presentan una doble variable: cuánta leche y a qué precio. En los países con un fuerte sector cooperativo, como Holanda, Dinamarca o el norte de Alemania, esta cuestión está resuelta en la medida en que los acuerdos tomados en los órganos de gobierno de las cooperativas permiten ajustar precios y cantidades a la evolución de los mercados. Pero en ausencia de estructuras cooperativas, como es el caso de España, es necesario apoyarse en otras herramientas que permitan aspirar a un marco de relaciones transparentes y equilibradas. Estas herramientas son las que forman parte del llamado «Paquete Lácteo», en particular, los contratos y las OPs —Organizaciones de Productores—, y ambas cuentan ya con una experiencia relativamente larga —desde el año 2012, en el que aparece la primera regulación del Paquete Lácteo en la Unión Europea y su aplicación particular en España—. Los resultados de esta experiencia son limitados, lastrados por diversos factores que debemos analizar si aspiramos a hacer un uso real de las posibilidades que estas herramientas nos ofrecen.

Los contratos obligatorios

Según su regulación en España, los contratos son obligatorios, tienen una duración mínima de un año y deben establecer las condiciones del precio y el volumen. El precio puede ser fijo o variable, revisado de acuerdo con unos parámetros objetivos —precio indexado—. El comprador tiene la obligación de ofrecer un contrato con dos meses de antelación a la fecha de renovación del contrato en vigor —o del inicio de la recogida de la leche—, lo cual permitiría al productor la posibilidad de renegociarlo, o rechazarlo y cambiar de empresa. Así, en teoría, las condiciones del contrato pueden ser «negociadas libremente» entre las partes, acordando tanto los valores iniciales de precio y volumen como los métodos para su revisión durante la vigencia del contrato.

La evolución de los precios a lo largo del año que dura el contrato resulta impredecible y, en general, no cabe fiarse de las perspectivas que se puedan tener en el momento de la firma. Es lo que sucede, por ejemplo, en el presente año 2018, ya que los mercados están teniendo una mejor evolución de la prevista a finales de 2017, tal como reflejan los precios de la leche en buena parte de los países de nuestro entorno. El estancamiento de los precios en España merece un análisis más profundo, y podría estar relacionado con los contratos a precio fijo o a precio variable ligado a una «falsa indexación» al FEGA —Fondo Español de Garantía Agraria—.

Las cláusulas de revisión de los precios, siguiendo un modelo de indexación contrastado, como el «Índice A» que publica INLAC —Organización Interprofesional Láctea—, son la mejor herramienta para asegurarse de que los precios se ajusten a la evolución del sector y que el contrato no se quede «fuera del mercado». Quizá por desconocimiento, se ha extendido la idea de que la indexación es un método muy complejo y de difícil comprensión por parte de los operadores, pero es fácilmente aplicable si se tiene la voluntad de hacerlo.

La capacidad de negociación de un productor individual es muy pequeña y, en el mejor de los casos, se limita a intentar conseguir un trato diferencial en precio y/o en volumen.

Las Organizaciones de Productores

Una vez realizado un repaso de las claves del contrato previstas en la actual regulación, queda una cuestión importante: la negociación. La capacidad de negociación de un productor individual es muy pequeña y, en el mejor de los casos, se limita a intentar conseguir un trato diferencial en precio y/o en volumen. Es cierto que el productor puede rechazar la oferta que le propone el comprador, pero, para poder hacerlo, tiene que disponer de alternativas para cambiar de empresa, lo cual no siempre es posible. El «Paquete Lácteo» reconoce estas limitaciones en la capacidad de negociación de los productores de leche de modo individual y, para mejorarla, pone a su disposición una herramienta complementaria: las Organizaciones de Productores, en las cuales los ganaderos que la integran pueden delegar la negociación de su contrato.

Se entiende que la capacidad de negociación de la OP es mayor que la de cada productor individual, pero no se nos escapa que delegar la negociación de la leche implica romper con una larga tradición de relaciones directas entre el ganadero y el representante de la industria. Las reticencias a este cambio vienen tanto de la parte del productor, a quien le puede costar delegar la negociación del precio de su leche, como de parte de la industria, más interesada en mantener una relación directa en la que sabe que es la parte dominante.

La formación de una OP tiene unos requisitos que varían de unos países a otros: mientras que en Francia es suficiente con reunir doscientos ganaderos o sesenta millones de litros de entregas anuales, en España se requieren doscientos millones de litros, una cantidad más elevada cuya ventaja es dar mayor capacidad de negociación —a mayor volumen de leche, más poder de negociación—. Sin embargo, resulta ser una ventaja más aparente que real, ya que dificulta su operatividad para llevar a cabo una negociación al implicar cientos de explotaciones que entregan leche a varias industrias. En el país galo, además, también es posible formar una OP sin alcanzar las cifras mencionadas, siempre y cuando se agrupen productores que entregan a una misma empresa y que representen por lo menos el 55 % de la leche que recoge esa empresa.

En todo caso, con el tamaño requerido en España, las Organizaciones de Productores tendrían que dotarse de una estructura potente, con medios técnicos y personal adecuado para llevar a cabo tanto los procesos de negociación con las diferentes industrias, como las tareas necesarias de coordinación e información a los ganaderos integrados y de organización de los órganos de gobierno.

En España hay inscritas ocho OPs y agrupan a unas 6.500 explotaciones, que entregan en conjunto algo más de 3.000 millones de litros de leche —cerca del 50 % de la producción, si descontamos la leche entregada a industrias cooperativas—. Un balance que podría considerarse positivo, si no fuese por el hecho de que buena parte de esas OPs tienen una existencia más virtual que real, como deja claro el volumen de leche «negociado»: apenas unos seiscientos millones de litros —menos del 20 % de la lecha integrada en las OPs—.

Revista AFRIGA — Reflexiones sobre las herramientas del «Paquete Lácteo»

A modo de conclusión

El escenario actual del sector lácteo está marcado por la falta de un marco estable de precios, que son variables e impredecibles, y la falta también de herramientas que permitan un ajuste de volúmenes para adecuar la oferta a la demanda. Este ajuste no es fácil en la producción de leche, que tiene un ciclo largo, y la adopción de las medidas más drásticas —reducción del rebaño— conlleva un largo período de recuperación. Para operar en este mercado el «Paquete Lácteo» contempla los contratos, obligatorios en España, para dar transparencia y estabilidad a las relaciones entre los productores y la industria.

Como en cualquier contrato, las cláusulas de precio y volumen —incluida la revisión a lo largo de su vigencia— deberían ser negociadas entre las partes. Pero la capacidad negociadora de un ganadero individual está muy limitada por su dependencia y debilidad frente a una industria que siempre tiene otras alternativas de aprovisionamiento de leche. Las Organizaciones de Productores son la herramienta que el «Paquete Lácteo» pone a disposición de los ganaderos para mejorar su poder de negociación. Formar una OP en España requiere un volumen de leche muy elevado que obliga a agrupar a cientos de ganaderos que, en general, entregan a diferentes industrias. Para asumir su papel negociador tendrían que contar con la confianza de los productores integrados y con unos medios y estructura organizativa de la que, hoy por hoy, no disponen.

Como consecuencia, la mayor parte de las OP tienen un funcionamiento precario, sin capacidad para asumir el papel negociador que contempla la normativa que las regula. Esta pobre experiencia de las OP en España debería llevar a una reflexión abierta, en la que los propios ganaderos tendrían que participar activamente si quieren avanzar hacia la constitución de unas organizaciones que, actualmente, parecen la única forma de mejorar su capacidad de negociación.

Cerramos esta reflexión apuntando tres aspectos que nos parecen prioritarios: 1) revisión del volumen requerido para formar una OP, 2) establecer un modelo de financiación de las OP que les permita dotarse de los medios y la estructura necesaria y, 3) avanzar en otras funciones que podrían cumplir las OP, tales como la gestión agrupada de volúmenes o iniciativas de participación en la transformación de la leche.

En próximos artículos abordaremos con más detalle algunas de las cuestiones aquí esbozadas, en particular la indexación de precios y el análisis de las Organizaciones de Productores en comparación con otros países.


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