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Población, servicios y medio rural: lo que la realidad no es capaz de reflejar

septiembre 3, 2018
La situación del medio rural en el conjunto del Estado ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. La evolución de las comunidades rurales ha registrado un descenso demográfico continuo, con un elevadísimo ritmo de caída que ocasiona no pocas situaciones de caótico abandono en muchos lugares de la geografía española. No faltan voces que llaman la atención sobre la pérdida de valores culturales, etnológicos e históricos, pero a todo esto se ha unido una pérdida de los servicios ecosistémicos que, en muchos casos, conlleva la pérdida de biodiversidad, la desertificación y la anulación del cuidado al medio natural. Todo ello con consecuencias nefastas que, a poco que nos paremos a observar, se perciben por ejemplo en la proliferación de catástrofes como los incendios forestales.

Oscar Antón Pérez García
Ingeniero Técnico Agrícola


El rural pierde peso demográfico a pasos agigantados

España ha perdido, en el último medio siglo, más de la mitad de su población rural. El peso poblacional, es decir, la cantidad de habitantes del medio rural con respecto al total de población, representaba en 1960 algo más del 43 %. En 2017, este peso demográfico ha descendido hasta valores que no alcanzan el 20 %. La situación no es diferente en la media de países de su entorno, pero en España ha supuesto un descenso más abrupto. Al realizar una comparación con la media de la UE, América del Norte o Eurasia central, comprobamos que las tendencias son semejantes, aunque más acusadas en España —ver Gráfico 1—.

Revista AFRIGA — Población, servicios y medio rural

España se caracteriza por poseer una población cada vez más urbana, al igual que sus países vecinos. Consta de más de 8.000 municipios, de los cuales el 85 % tienen una población inferior a los 5.000 habitantes. Esto marca un valor significativo: la España rural se muestra como un enorme espacio con tendencia a la despoblación. El 91 % de sus ayuntamientos acogen poco más del 20 % de su población —ver Gráficos 2 y 3—.

Revista AFRIGA — Población, servicios y medio rural

Revista AFRIGA — Población, servicios y medio rural

Consecuencias de la despoblación del medio rural

Según el informe del CES —Consejo Económico y Social de España— sobre el medio rural y su vertebración social y territorial, la reducción masiva y permanente de población termina llevando a la desertización, pero antes se alcanzan ciertos umbrales críticos: el punto en el que el envejecimiento condena a un abandono irreversible, o a una densidad de población por debajo de la cual es casi imposible mantener la actividad económica. La caída de población que afecta a muchos municipios rurales se ha traducido en elevadas tasas de envejecimiento, procesos de desaceleración económica y dinámicas sociales caracterizadas por la ausencia de movilidad, de iniciativas de desarrollo y de caída de servicios básicos como la atención a la salud, la dependencia y la educación.

España ha perdido, en el último medio siglo, más de la mitad de su población rural.

La despoblación conlleva impactos de múltiples vertientes: económico, patrimonial, social y medio ambiental. La desagrarización, en tanto que caída de la actividad económica fundamental del medio rural, conduce a un vaciado de efectivos más jóvenes hasta números que hacen insostenible cualquier tipo de iniciativa laboral o empresarial.

El despoblamiento también es preocupante si se consideran los servicios ambientales que aporta la actividad agraria. El abandono de los usos tradicionales favorece, además de un cambio en el modelo territorial y ambiental, la proliferación de ecosistemas de abandono. Por lo tanto, se sitúa detrás de la propagación de catástrofes como los incendios, al tiempo que dificulta su extinción.

Además, la despoblación lleva aparejada una dispersión que dificulta el acceso a los servicios sociales básicos. Una población envejecida demanda muchas más atenciones, que disparan los costes de los estados y, a menudo, conlleva una dejación de estas responsabilidades públicas de forma más que evidente. Por otra parte, la atención a la educación configura un panorama desolador, en el que la ausencia de servicios lleva a muchos menores a desplazarse largas distancias para acceder a una formación adecuada. La falta de efectivos y de centros educativos se traduce en una falta de especialización y de formación adaptada a las necesidades de muchos jóvenes, que se ven empujados a cursar estudios cada vez más lejos del medio rural.

La despoblación conlleva impactos de múltiples vertientes: económica, patrimonial, social y medio ambiental.

Algunas asociaciones y colectivos llevan años demandando soluciones a esta situación. AFAMMER —Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural— asegura que «no habrá futuro ni desarrollo en las zonas rurales, entre otras cosas, si no mejoramos la situación laboral de las mujeres y los jóvenes en nuestros pueblos». Las condiciones para emprender o intentar, simplemente, encontrar trabajo en muchas zonas rurales constituyen un limitante importantísimo a la hora también de fijar población y mantenerla.

La falta de oportunidades laborales constituye una barrera infranqueable cuando se han rebasado ciertos límites mínimos, tal y como se expone en el informe del CES. Según palabras de AMFAR —Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural—, «se hace necesario un nuevo modelo de política que fomente la valorización de nuestro medio rural, que está pidiendo a gritos la presencia de mujeres y jóvenes para garantizar su supervivencia».


—ARTÍCULO COMPLETO DISPONIBLE EN AFRIGA #136—

En el artículo completo se analiza la complicada situación de la mujer rural, así como las principales reivindicaciones e iniciativas de algunas asociaciones de mujeres y familias del mundo rural.


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