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«Seré ganadera todos los días de mi vida»
Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAG

noviembre 23, 2018
Ganadera y mujer rural de convicción y de corazón, Rosario —Charo— siente pasión por su trabajo y por su entorno. Nieta, hija y madre de ganaderos, fue la primera mujer presidenta de una cooperativa agraria en España. Actualmente es miembro de la Ejecutiva de UGAM-COAG —Unión de Ganaderos y Agricultores Montañeses— y de la Comisión Ejecutiva estatal de COAG —Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos—, y Vocal en el LILC —Laboratorio Interprofesional Lechero de Cantabria—. Orgullosa de su trayectoria sindicalista, afirma que queda mucho por hacer y que lo peor aún está por venir, pero no pierde la esperanza. Al fin y al cabo, lleva toda su vida luchando por lo que cree y lo que ama. Nos recibe en su granja del cántabro Valle de Soba, SAT Horneo, donde siempre se han dedicado al pastoreo, para sincerarse con nosotros acerca de sus preocupaciones por la situación del sector y el mundo rural.

Texto: Isa Junquera
Fotos: Jose Santiso


Revista AFRIGA — Entrevista — Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAGRosario lleva la ganadería en la sangre. Con solo diecinueve años inició su andadura profesional al adquirir la titularidad, junto con su marido, de la granja familiar en La Revilla de Soba, actualmente SAT Horneo, de la que es socia con su hija, María, y su yerno, Sergio. Todo ello compaginado con una continua actividad sindical. Aunque confiesa que la inestabilidad del sector le ha llevado en múltiples ocasiones a pensar en dejar su profesión, reconoce que la presión del pasado le ha servido de impulso para continuar. No en vano, defiende un trabajo y un modo de vida por el que lucharon sus abuelos y sus padres. Es consciente del grave problema que la falta de relevo generacional supone para el sector lácteo, pero sonríe con ilusión al escuchar a su nieta pequeña decir, alto y claro, que será ganadera, como su abuela. «Si quiero seguir luchando no es por unos pocos, sino por la generalidad. Si estas niñas mañana quieren ser ganaderas, que tengan la posibilidad de que esto exista, de que no se cierre».

De profesión: ganadera

«Siempre que me preguntan cuál es mi profesión, digo con orgullo que soy ganadera». Actualmente la labor principal de Charo es el ordeño, que realiza en dos turnos —a las 06:30 y a las 18:30— de aproximadamente tres horas de duración. Los viajes a Madrid para realizar sus funciones en el sindicato no le han impedido cumplir con sus obligaciones en SAT Horneo: «Es una vida continua, pero lo hago encantada porque el trabajo en sí me ha gustado siempre muchísimo».

Tanto es así que recuerda la satisfacción que sintió hace veintidós años al estrenar la sala de ordeño, renovación que facilitó enormemente su tarea y el bienestar de los animales: «Antes de empezar, lo primero que hago es poner la radio. Ya se levantan porque saben que es la hora de ordeñarlas y están a gusto. Cuando enciendo el compresor para abrir y cerrar las puertas, las tengo a todas aquí». Dorita, Lola, Zipi, Zapa y, por supuesto, Ane y Clara, que se llaman como sus nietas, hijas de María y Sergio, que son las principales encargadas de poner nombre a los animales de la ganadería: «Para nosotros las vacas no son un mero medio de producción, un simple número. Las vemos desde que nacen hasta que mueren, y te duelen porque son parte de ti».

Una labor más allá de las puertas de la ganadería

Revista AFRIGA — Entrevista — Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAG

Hace treinta años, prácticamente todos los vecinos del Valle de Soba eran ganaderos y había vida en el rural cántabro. Hoy se cuentan con los dedos de una mano. Rosario lamenta su muerte inminente por la falta de interés social y gubernamental: «No pueden esperar hasta que nos hayamos marchado todos, que luego la gente de la ciudad no vale para estar en el campo. ¡No sabe! Cuando ordeño las vacas cada mañana, solo con verlas sé si una está mal, si no, si está en celo o si está de parto, y esto no se aprende en los libros».

Pero también por la desaparición progresiva, aunque incesante, de ganaderos que mantienen vivo un sector y, a la vez, su entorno y su cultura: «Soy ganadera, pero estoy gestionando ochenta hectáreas de terreno donde tengo frutales, árboles para madera, una huerta que nos da de comer a mí y a parte mi familia… Es que no soy única y exclusivamente ganadera, hago muchas más cosas. Estoy conservando todo lo que hacían mi madre y mi abuela, hago desde mermelada hasta chorizos. Y mis nietas, que vienen conmigo a ordeñar por las tardes cuando no tienen clase, tienen un conocimiento de los animales, de todo tipo de árboles y plantas, que aquel que solo los ve en los libros no los conoce como ellas. Me da mucha pena que se pierda».

La despoblación: una enemiga ¿invisible?

«Tenemos mucha suerte, no me arrepiento de haberme quedado aquí». Son palabras de una mujer comprometida con la preservación de las zonas rurales. Por eso sufre al ver su creciente abandono y la dejadez con la que las administraciones gestionan este problema: «Yo estaba con mi padre de chiquitina cuando hacía las paredes de las fincas. Pensar en que se arrase con todo, que tengamos que dejarlo abandonado, me duele muchísimo. Y no hacen nada. ¡Justo lo contrario! Parece que esperan a que todo se muera y, muerto el perro, se acabó la rabia».

Es una realidad: se dejan caer casas, se tiran muros, la gente se va y la cuestión es que, al tiempo que unos se van, no hay otros que se instalen en su lugar. Escasean los servicios y esto dificulta la vida familiar, como nos comenta Charo: «Mis nietas están solas aquí. Para ir al médico hay que ir lejos, y al hospital otro tanto. Cuando llega el momento de iniciar el instituto, tienes que deshacerte de los niños para que vayan a estudiar fuera y ya no hablas con ellos. Y qué decir de algo de ocio».

Para mí lo ideal sería volver a traer gente a trabajar con nosotros. Encontrar personas dispuestas a aprender, que se quedasen a vivir, que se integrasen. Aunque no me quedase ni una peseta, sería feliz.

Porque no solo importa la calidad de leche, sino la calidad de vida. Ella lo tiene claro: «Algunos insisten en que instalemos un robot de ordeño pero a nosotros, más que un robot, nos conviene contratar a una persona. Cuando me jubile estará mi hija, pero tiene más trabajo y no puede quedarse mi yerno solo en la granja, porque se agotará. ¿Y quién le va a ayudar? ¿El robot? Aparte de que es una inversión terrible. Para mí lo ideal sería volver a traer gente a trabajar con nosotros, encontrar personas dispuestas a aprender, que se quedasen a vivir en nuestra cabaña. Una pareja, por ejemplo, que tuvieran hijos y fueran aquí al colegio, que se integrasen. Aunque no me quedase ni una peseta, sería feliz».

Reforzar el sector desde dentro

Revista AFRIGA — Entrevista — Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAG

A pesar de toda la buena intención, encontrar trabajadores no es tarea fácil. Arredondo sabe que la causa no es únicamente externa, sino que empieza en los propios ganaderos, ya que tampoco sucede lo mismo en todas partes: «Mira en Francia, por ejemplo, el aprecio que se ha tenido siempre al agricultor y al ganadero. Y aquí somos los últimos de la fila, nunca se le ha dado valor a nuestro trabajo. Pero es que no lo valoramos ni nosotros mismos. Tenemos que estar orgullosos de lo que hacemos, que no es ninguna deshonra. Estamos produciendo alimentación, y el día que no lo hagamos… ¿a qué precio lo tendremos a pagar? ¿Y qué vamos a comer?».

Además, apunta como agravante a la falta de unión en el sector lácteo, comentándonos que «hay ganaderos que dicen: “cuantos menos quedemos, mejor, que mejor nos van a pagar la leche”. ¡Y no es así! Porque bajará el lobo y nos comerá. El que cierra la ganadería de leche no la vuelve a abrir. Y si ahora tenemos pocos servicios, luego vamos a tener menos». No comprende cómo es posible que no se den cuenta de que cuanto menor sea el número de ganaderos, menor será la fuerza de negociación frente a las industrias, máxime cuando este ya es un sector bastante débil en ese aspecto.

El fracaso del cooperativismo

Es indiscutible que los bajos precios de la leche son un inmenso condicionante para la supervivencia de la ganadería láctea. Para la que fue la primera mujer presidenta de una cooperativa agraria en España —Valles Unidos del Asón S. Coop.—, la clave está en «vender directamente nuestro producto y no estar debajo de la industria». Habla con conocimiento de causa, puesto que ya fue partícipe en un proyecto cooperativo que, de haber continuado, habría cambiado la situación del sector en los valles cántabros: «Hace cuarenta años nos asociamos más de cuatrocientos ganaderos para constituir una cooperativa. Nació por iniciativa de dos curas de la comarca y un maestro de escuela, que fue un gerente fuera de serie. En Cantabria no había otra que cobrara más la leche que nosotros. A mí me nombraron presidenta en el año 2000 y yo sentía la cooperativa como mi casa. Negociábamos directamente nuestra leche y llegamos a envasarla en Soria para venderla como Valles Unidos del Asón. Disponíamos de instalaciones en las que pusimos en funcionamiento una quesería propia, en un principio para regular la producción, y nos encargamos personalmente de conseguir distribución para nuestros quesos con denominación de origen. Además contábamos con todos los servicios necesarios para estar bien, como veterinarios o taller. El proyecto salió adelante con éxito».

Cabe preguntarse qué ocurrió para que una iniciativa con tanto futuro fracasase. Charo recuerda con tristeza aquel suceso: «Un “desafortunado” que había tenido algún problema con el gerente empezó a levantar bulos sobre los que formábamos la Junta Rectora y, claro, la gente suele creer más la mentira que la verdad, sin importar a quién hacen daño. Mi familia y yo sufrimos muchísimo. Para mí fue una crueldad terrible, hasta que en 2006 nos hicieron marchar a todos, incluido el gerente. Sabíamos que no habíamos hecho más que todo lo mejor que habíamos podido, y todo aquello por lo que tanto habíamos trabajado, que estaba funcionando, se acabó. La misma gente que nos echó no ha vuelto a interesarse por la cooperativa, y ahora no tenemos ni el dinero que tanto costó conseguir, ni el proyecto que habría sido vital para nosotros. ¿Cómo se puede ser tan dejados, si la cooperativa es la que les está pagando la leche? ¡Es el nido de donde sale lo tuyo! Todavía me duele el corazón cada vez que veo la cooperativa de GAZA —Ganaderos de Zamora— y pienso que podíamos estar como ellos…».

La necesidad de una generación de jóvenes sobradamente preparados

Revista AFRIGA — Entrevista — Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAG

«El Ayuntamiento de Soba siempre fue el mayor productor de leche de Cantabria, es una buena zona para ello, aunque cuesta mucho trabajarla. Aún así cada vez quedamos menos, el mismo precio te va echando. Y claro, si encima de lo esclavo de esta profesión no hay dinero, los jóvenes no entran. Mucho menos si tienen que empezar de cero, con las inversiones que eso supone. Estamos siempre hipotecados, siempre renovándonos».

Necesitamos jóvenes dispuestos a estar en el campo, bien preparados, formados por profesionales, para avanzar e independizarnos de las industrias. Una profesionalización real del sector.

Rosario, que actualmente es socia de Agrocantabria a través de SAT Horneo, cree que las cooperativas podrían realizar una valiosa función formativa para los jóvenes, de manera que estos volviesen a impulsar los proyectos cooperativos: «Seguro que saldríamos adelante. Necesitamos jóvenes dispuestos a estar en el campo, bien preparados, formados por profesionales, no con cursillos como los de incorporación. Que se arriesgaran, que invirtieran, para avanzar e independizarnos de las industrias. Una profesionalización real del sector».

Para lograrlo, esta sindicalista considera imprescindible que, al igual que décadas atrás, exista cultura cooperativa, «que los ganaderos la sientan como suya y no como una empresa más». En su opinión, eso requiere de la figura de un líder que sea respetado. «¿Pero quién le pone el cascabel al gato?», se pregunta Arredondo, y añade: «Tenemos que confiar, y mejor en gente cercana. Tanto nos meten a hacer OPLs —Organizaciones de Productores de Leche— y al final solo sirven para el papeleo ¿El que gestiona una OPL en León qué sabe de mis problemas o de lo que necesito? No conozco al gerente ni sé con quién va a negociar, y a mí eso me resulta muy lejano. Por lo menos cuando hemos tenido las cooperativas eran una cosa nuestra, nos conocíamos y colaboramos en su puesta en marcha, desde las obras de construcción hasta la aportación de fincas, llegando incluso a hipotecarlas para pedir un préstamo cuando empezamos. Hoy la gente no es capaz de hacerlo. Falta espíritu de sacrificio».

La demonización del sindicalismo

Rosario ha luchado siempre por su profesión y el sector al que pertenece. Titulada en Formación Profesional Agraria, además de realizar sus tareas diarias en SAT Horneo, ha sido Concejala de Ganadería del Ayuntamiento de Soba. Siendo miembro de la Ejecutiva de UGAM-COAG, en el año 2007 fue elegida miembro de la Comisión Ejecutiva estatal de COAG, un hecho histórico dentro de esta organización por ser la primera y la única mujer que forma parte de este órgano directivo. Como miembro de la Ejecutiva, es responsable de la coordinación de diversas áreas, como la de la Mujer, Vacuno o Leche. Actualmente también ocupa el cargo de Vocal en el LILC —Laboratorio Interprofesional Lechero de Cantabria—.

Aunque afirma que le ha costado mucho compaginar el hogar, la ganadería y el sindicalismo, siempre ha contado con el apoyo de su familia y hace un balance positivo de su trabajo en el mundo sindical: «He aprendido mucho y he conocido a mucha gente. Siempre he sido muy curiosa y me gusta ver el fondo de todo, no quedarme en casa y escuchar lo que me cuenten. Prefiero estar allí y pelearlo yo».

Estamos al libre albedrío de lo que decidan las industrias, incluso si la decisión puede ser que no nos recogen la leche, pero sindicalmente llamas a una movilización y no se mueve nadie.

Toda una vida dedicada al sector le ha permitido adquirir una visión de trescientos sesenta grados, por eso no concibe que se generalice con comentarios como el de que «todos los sindicatos son iguales». Sabe que existe una demonización de todo aquello que tenga que ver con las palabras «sindical», «sindicalismo» o «sindicalista», pero no deja de sorprenderse: «Estamos al libre albedrío de lo que decidan las industrias, incluso si la decisión puede ser que no nos recogen la leche, pero sindicalmente llamas a una movilización y no se mueve nadie».

Arredondo afirma que el lácteo siempre ha sido un sector muy desconfiado, característica que se acentúa hacia los sindicatos: «A nosotros, como sindicato, no nos creen». Nos pone un ejemplo: «Hace cuatro años luchamos desde el sindicato para llevar gente joven de nuevo a la cooperativa y volver a empezar. Les ofrecimos nuestra ayuda y orientación, pero no creyeron en nosotros. No se valora nuestra experiencia».

Pero le preocupa todavía más que no se aprenda de los errores: «Se supone que hemos mejorado con la Interprofesional, la extensión de norma o la eliminación de las cuotas, pero yo lo que veo es que cada vez hay menos ganaderos, y bajando… A mí me da miedo todo esto. Por ejemplo, cuántas veces he dicho yo que no podíamos dejar que nos quitasen las cuotas lácteas, que nos iba a repercutir mucho, y me contestaban que no, que así podríamos producir lo que quisiésemos. Yo sabía que llegados a ese punto nos pagarían mucho menos, pero no me hicieron caso. Podían haber creído en mí, que lo estoy viviendo allí, pero no hubo manera. Ahora vuelven a decir que sobra leche, que no hay consumo, ¡y siguen sin darme la razón!».

Un sector en continua adaptación

Revista AFRIGA — Entrevista — Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAG

En un momento en el que la demanda está llevando a realizar cambios en las estructuras de producción láctea, Charo está convencida de que pueden seguir conviviendo varios modelos de ganadería, puesto que tampoco todos los terrenos permiten grandes granjas. Un claro ejemplo es SAT Horneo, en la que siempre se han dedicado al pastoreo y, con una abundante recría, pueden pacer el terreno costoso de la montaña cántabra. Es una optimización de recursos y, además, ganan en bienestar animal: «Para las vacas también es mucho mejor. Cuando les abres las puertas tras el invierno, salen como locas al campo. Tienen otra libertad».

Aún así, defender este modelo le ha supuesto conflictos con aquellos que lo consideran pasado de moda, a pesar de que el mercado empieza a enfocarse hacia la leche de pasto. Pero existe una contradicción mayor que esta ganadera sindicalista ha planteado directamente a las industrias: «Les pregunto por qué, si apuestan por las grandes ganaderías con todo cerrado, hacen campañas con vacas pastando». Que se empiece a valorar la leche de pasto es un tema del que espera que se hable en la INLAC —Organización Interprofesional Láctea—.

Para ella también es muy importante la calidad de la leche que produce, de hecho ya ha realizado su certificación. «Nunca puede ser igual la leche de pastoreo que la de vacas estabuladas», por lo que tampoco descarta dar el paso a la producción ecológica: «Hay falta de leche ecológica en España. Casi todo lo que comemos en casa es ecológico, por eso me fastidia que nuestra leche no lo sea. Mi hija y yo nos pasaríamos a ecológico mañana mismo, por nuestro propio bienestar, el de las vacas, el del entorno y el del consumidor».

Pero el gran temor de Rosario es la creación de macrogranjas, como la que está proyectada en Noviercas —Soria—: «Yo tengo una ganadería, no una explotación ganadera. La granja de Soria sí que es una explotación. No sabéis lo que llevo peleado por la granja de Noviercas. Me quita el sueño». De hecho, COAG llevó a cabo una campaña de sensibilización social e institucional que, bajo el lema «Noviercas: #EstaGranjaNOeslaLeche», pretendía evitar la puesta en marcha de ese proyecto —ver información más abajo—.

Arredondo nos comenta que «Hemos estado peleando en el Ministerio para que se establezca una normativa reguladora que, como primera e indispensable medida, ponga límite a la dimensión de las explotaciones. ¡Pero no hay manera de llegar a ello! Porque si implica más burocracia, más bienestar animal, más exigencias, peor será para los ganaderos, que tendremos que trabajar todavía más». Bien puede parecer que con cada medida que se toma se esperase a ver cuántas ganaderías desaparecen.

En ningún sitio del mundo se ha comprobado que las grandes explotaciones sean las que quitan el hambre, eso lo hacemos las pequeñas.

Este asunto indigna sobremanera a Rosario: «En COAG calculamos las proporciones y la de Noviercas sustituiría a 432 ganaderías. ¿Y todas esas familias a dónde las vas a mandar? ¿Las borras del encerado? ¿Y qué? En ningún sitio del mundo se ha comprobado que las grandes explotaciones sean las que quitan el hambre, eso lo hacemos las pequeñas. Los políticos no entienden que si somos cada vez menos es que las cosas no van bien. La solución no está en dar más ayudas, sino en que establezcan un compromiso por el cual se pague la leche al precio que corresponde, que es lo que hace viable una ganadería. ¿Les parece viable una explotación de 20.000 vacas? Tiene que haber diariamente camiones de animales muertos, de purín, falta de agua… Por no hablar de las condiciones laborales que tendrán los trabajadores. ¿Y quién conservará el entorno? De lo que estoy segura es de que los sorianos no se van a beneficiar en nada».

¿Y el futuro?

Su presencia como representante de COAG en diversas organizaciones europeas y españolas, como la INLAC, permite a Rosario tener información de primera mano que, a menudo, le lleva a temer por la situación del sector lácteo en España: «Los ganaderos no son conscientes de muchas de las cosas que se están haciendo ni de lo que vendrá. Y lo peor está por venir». Como es el caso del potencial riesgo que suponen para la ganadería los movimientos radicales animalistas y veganos: «Nos van a hacer mucho daño. Es un peligro terrible». Pero Charo no se rinde. Vive por y para la ganadería de leche, y es admirable su estoicismo: «Esto no lo dejo. Yo seré ganadera todos los días de mi vida hasta que me jubile. Y luego, si estoy en el sindicato es porque quiero seguir peleando».

Los ganaderos no son conscientes de muchas de las cosas que se están haciendo ni de lo que vendrá. Y lo peor está por venir.

Revista AFRIGA — Entrevista — Rosario Arredondo Gómez | Ganadera y Sindicalista de UGAM-COAG




Noviercas: #EstaGranjaNOeslaLeche

Bajo este lema, COAG —Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos— desarrolló una campaña de sensibilización para evitar la puesta en marcha de lo que calificó como el mayor «monstruo lácteo» de España y Europa: la macrogranja industrial de más de 20.000 vacas de leche que la sociedad cooperativa navarra Valle de Odieta tiene proyectada en Noviercas —Soria— desde 2016. Un modelo que solo en EE. UU. y China se han atrevido a implantar, en una población de poco más de 150 habitantes.

Los servicios técnicos de COAG, en colaboración con las organizaciones Amigos de la Tierra y Food and Water Europe, elaboraron un informe de impacto de este proyecto en el que se recogen las cifras más relevantes desde el punto de vista económico, social, sanitario y medioambiental, y se ponen en evidencia los posibles intereses que lo rodean. La Coordinadora expuso estos resultados a los grupos políticos con participación en el Congreso, con los que se reunió para pedir «la inmediata paralización del proyecto» y plantear una normativa reguladora que limite la dimensión de las explotaciones lácteas, a fin de garantizar la viabilidad económica, social y medioambiental del sector y el control de la producción.

Esta petición en defensa del actual modelo productivo de las explotaciones familiares y de un desarrollo rural sostenible se hizo extensiva a las Administraciones y se trasladó también a Bruselas, en una serie de encuentros con destacados responsables políticos en materia agraria de la Unión Europea, incluido el Comisario europeo de Agricultura y Desarrollo Rural, Phil Hogan.

Por su parte, en Castilla y León, mientras que la Alianza UPA-COAG considera que este tipo de macroexplotaciones «responde a un modelo antisocial que destruye empleo, riqueza, calidad de vida y ahonda en el problema endémico del despoblamiento en el medio rural», el alcalde de Noviercas, Pedro Millán, defiende el proyecto como una lucha contra la despoblación en su localidad.

En medio de la polémica, y lejos de paralizarse, el pasado 26 de julio daba comienzo la tramitación administrativa del proyecto con su presentación, por parte de sus promotores —Valle de Odieta— a la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, para iniciar el procedimiento de evaluación de impacto ambiental. A raíz de ese registro, la prensa de la región se ha hecho eco de diversas informaciones que revelan que la cooperativa prevé elevar el número de cabezas a 23.520.

A la espera de que se haga público el contenido del proyecto en su totalidad, los datos estimados hasta el momento son, cuanto menos, inquietantes. Juzguen ustedes mismos:

  • 98,9 millones de euros de inversión prevista —capital mayoritariamente extranjero—.
  • 900 hectáreas de terreno para las instalaciones ganaderas y de aprovechamiento de residuos —una planta de biogás propia—, y la obtención de pastos y forrajes.
  • 23.250 cabezas de ganado —incluida recría y reposición—, de las cuales más de 16.000 serán vacas productoras que se ordeñarán, en lotes de 100, en 2 salas de ordeño rotativas que estarán en funcionamiento 23 horas al día durante los 365 días del año, con 3 turnos de trabajo. La hora restante se dedicaría a la desinfección de los equipos.
  • Alrededor de 180.000 toneladas de leche anuales, estimando una producción media por vaca de 34 litros diarios.
  • 253 nuevos puestos de trabajo —147 empleos directos y 106 indirectos—. Sin embargo, según los cálculos realizados por COAG, una explotación de estas dimensiones sustituiría a 432 explotaciones o, dicho de otro modo, destruiría 729 puestos de trabajo directos en el medio rural.
  • 368.311 toneladas de residuos orgánicos anuales —purines y estiércol—.
  • 70.974 toneladas de piensos anuales, 600.000 kilos de forraje diarios y entre 4 y 6,35 millones de litros de agua diarios.

Ya en el mes de septiembre, tras haber realizado su propio estudio hídrico para analizar la disponibilidad de agua y garantizar un suministro suficiente, tanto para la explotación como para las poblaciones, la cooperativa promotora del proyecto solicitó a la CHD —Confederación Hidrográfica del Duero— una concesión de aguas subterráneas, concretamente un caudal de 24,59 litros por segundo, para dotar de abastecimiento a la futura macrogranja. Esta captación se realizaría de la masa de agua subterránea Araviana, ubicada en el norte de la provincia de Soria.

Con esta solicitud, la cooperativa Valle de Odieta, que ya cuenta con la explotación láctea más grande de España en Caparroso —Navarra—, con 4.800 cabezas entre ordeño y recría, da un paso más en la consecución de un proyecto faraónico rodeado de detractores y defensores.


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