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¿CUANTAS NOVILLAS ESTOY DISPUESTO A MANTENER?
Roberto C. Fernández Álvarez
Veterinario asesor vacuno lechero

septiembre 30, 2019

Roberto C. Fernández Álvarez

Roberto C. Fernández Álvarez

Veterinario asesor vacuno lechero

Durante los últimos años el semen sexado ha irrumpido con fuerza en el mercado, y parece que viene para quedarse. Es un instrumento de alto valor que, bien manejado, puede aumentar considerablemente el rendimiento de nuestras explotaciones. La primera ventaja es el avance genético del rebaño. Las mejores novillas vienen de las mejores vacas, eso está claro. Pero hasta ahora, con el semen convencional estábamos supeditados al azar jugándonos a cara o cruz el sexo del ternero en cada parto, y muchas veces, la suerte no estaba de nuestra parte. Todos recordaremos alguna vaca excepcional que hemos tenido en la granja, pero que, tras varios partos con machos, ha tenido que abandonar el rebaño sin dejar ni una sola ternera para seguir su línea genética. Esto ahora ya no tiene porqué suceder.
Contamos con una herramienta de alta fiabilidad con la cual poder decidir de qué vacas queremos obtener descendencia, y esto nos permitirá un gran salto a nivel genético en cada nueva generación de terneras.

El semen sexado sobre todo se emplea en las novillas, ya que este grupo de animales jóvenes son descendientes de toros más actuales, y obviamente, los que tienen un valor genético más alto. Por ello, nos interesa obtener más terneras de nuestras novillas que de las vacas adultas. A este respecto el semen sexado además de la ayuda a nivel de selección genética, nos permite mejoras importantes en la gestión del rebaño. Al asegurar con una fiabilidad muy alta que parirán una ternera, los partos de las primerizas son mucho más fáciles. Una hembra siempre es de menor tamaño que un macho al nacimiento, presentándose menos partos distócicos y por consiguiente una recuperación más rápida en el postparto y con mayor producción de leche. Pero, además, aprovechándonos de esta facilidad al parto podemos anticipar la inseminación de las novillas en torno a 3 semanas, reduciendo con ello la edad al primer parto.

Lo que hemos visto anteriormente traducido en euros, es un aumento considerable del rendimiento económico de nuestro rebaño.
Pero ojo, también debemos saber gestionar este nuevo programa de acoplamientos, porque de otro modo nos encontraremos con una cantidad excesiva de novillas en no demasiado tiempo que pueden hacernos empezar a perder mucho dinero. Con ello no quiero decir que el uso de semen sexado sea contraproducente, al contrario, considero que es una oportunidad para cualquier granja. Pero como cualquier nuevo protocolo que iniciemos en nuestras granjas necesita de un estudio, desarrollo y control para intentar maximizar los resultados sin perder eficiencia productiva.

REVISTA AFRIGA 140 - Cuántas novillas estoy dispuesto a mantener
Efecto de la edad al primer parto y de la tasa de reposición sobre el número de reemplazos necesarios para mantener el tamaño de un rebaño de 100 vacas.

Hasta hace poco tiempo, la cantidad de novillas que criábamos en nuestras granjas no era un motivo de preocupación ya que por medio de un equilibrio natural los censos que manejábamos eran bastante balanceados. Si inseminamos todas las vacas y novillas con semen de toros lecheros, obtendremos en torno al 45 o 50% de partos de terneras al año, de las cuales perderemos un 5-8% como bajas antes del primer parto por diferentes causas. La cifra final de terneras nos daría un porcentaje de recría sobre el 40-45% (entendido como el porcentaje de novillas sobre el total del rebaño), que es un numero bastante adecuado para una granja que no busca crecer, o al menos, no quiere hacerlo de forma rápida a corto plazo. Esta recría nos permite mantener la tasa intermedia de eliminación anual de vacas, en torno al 30 o 33%, e incluso crecer un poco cada año.

Sin embargo, en los últimos años con la expansión de los programas de acoplamientos con semen sexado comenzamos a encontrarnos con una situación muy diferente en las explotaciones lecheras, llegando en algunos casos a convertirse la recría en una carga difícil de sostener. Obviamente, si nuestro objetivo no es hacer crecer el rebaño, el uso de semen sexado debe verse contrarrestado por el aumento de las inseminaciones con toros de carne sobre los animales de los cuales no nos interese obtener descendencia. Pero si no equilibramos las inseminaciones de sexado con las de carne, podemos llevar el porcentaje de terneras lecheras nacidas en el año al 60%, 65% o incluso superior…

Al principio, que nazcan muchas terneras no parece algo malo. Al contrario. Una granja con una bundante recría es síntoma de que hay futuro para el rebaño, y más si estas terneras provienen del empleo de toros sexados de primera línea sobre las mejores vacas. Pero con el paso del tiempo, la gestión de tantas novillas puede convertirse en un problema. Primero por el coste de mantenimiento de los animales jóvenes, y segundo por la llegada de grandes oleadas de primerizas al parto. El primer año el problema no es tan grave, ya que ante la presión de los partos de las novillas podemos aumentar la tasa de eliminación voluntaria de vacas descartando los animales menos eficientes del rebaño que dejarán su puesto a las novillas que van llegando. Pero en los años sucesivos, que seguirán llegando muchas novillas al primer parto, la situación de nuestro rebaño ya es diferente porque nos encontramos con un rebaño muy joven y saneado que no puede absorber tanta primeriza, o al menos, no de una forma que nos permita mantener la eficiencia productiva.

Llegados a este punto nos damos cuenta que además no es un problema puntual en el tiempo. Hoy tenemos demasiadas primerizas al parto y no sabemos muy bien que hacer con ellas. Pero es que las novillas que llegarán al parto en los próximos dos años ya están nacidas en nuestra granja y las estamos criando, con lo cual todo lo que modifiquemos o planifiquemos hoy respecto a la previsión de novillas será de cara a dos años vista o más… Es un problema que llega lentamente, va creciendo y cuando nos damos cuenta de su magnitud, no es fácil de corregir rápidamente.

¿Sabemos realmente cuánto nos cuestan nuestras novillas?

Revisando la bibliografía publicada en los últimos años encontramos diferentes estudios, que, aun no coincidiendo siempre en el valor exacto de cada coste, sí que se aproximan mucho en los porcentajes finales. El principal coste de cualquier explotación lechera siempre será la alimentación de las vacas en producción, seguido por la recría y la mano de obra.
Dependiendo del tipo de granja, si es familiar o industrial, la recría supondrá el segundo o tercer coste más importante en la producción de leche. Y la suma de la alimentación, recría y mano de obra supera el 65% de los costes finales, muy por delante del resto de parámetros que influyen en la producción de un litro de leche. En consecuencia, hablamos que los costes para recriar una ternera son muy altos y no podemos tomárnoslos a la ligera ya que repercutirán en gran medida sobre el coste del producto final que coloquemos en el mercado, y pueden hacer la diferencia entre ganar y perder.

A pesar de la importancia económica de la recría para nuestras granjas, no es un área de trabajo que tengamos bajo control estricto como puede ocurrir con los costes de alimentación de las vacas.
Es verdad que si preguntamos a cualquier propietario de una granja lechera nos dirá que criar sus novillas le cuesta mucho dinero, pero serán pocos los que pueden cuantificar este coste de forma precisa como harían con el coste diario de dar de comer a sus vacas, el coste de producción de los forrajes o el coste de sus empleados. La recría sabemos que es importante, pero no estamos trabajando todo lo que deberíamos para aumentar la eficiencia en esta área.

Hablamos de que una novilla hoy al parto nos costará entre 1.800 o 2.000 euros, y no vamos muy desencaminados. Pero las desviaciones que tendremos en cada fase de la recría hasta llevar a una ternera al parto pueden influir ampliamente en los costes finales, y ahí es donde fallamos porque cualquier perdida de eficiencia será acumulativa sobre el valor final. Esto multiplicado por un numero tan elevado de animales, aumentará los costes finales de forma excesiva.

¿Qué problemas económicos puede suponernos un exceso de recría?

Lo primero que se piensa cuando hay un exceso de novillas en la granja es: bueno, si me sobran novillas cuando lleguen al parto puedo vender algunas y recuperar el dinero que he invertido en ellas. Y es una afirmación cierta, cuando hablamos de pequeños excedentes muy puntuales. Una, dos, cinco novillas… Pero ¿qué ocurre cuando la saturación de terneras es tal que debemos deshacernos de un 20 o 30% de los animales? Esto ya es otra situación… y otro mercado.
Una granja comercial que se dedique a producir leche no está preparada para colocar en mercado tal volumen de animales, y menos a un precio adecuado. Lo pueden hacer las granjas que se dedican a la genética, donde la venta de animales para vida es una parte importante de sus ingresos y ya tienen un mercado más o menos estable. Pero para el resto de granjas es un desafío importante, porque seguramente tendrá que sacar animales bajo coste perdiendo dinero. Este sería el problema más obvio, pero no el único. Aún vendiendo estos animales de forma que recuperemos el dinero invertido, incluso ganando un poco, seguramente nos supondrá una pérdida económica importante.

Existen otros costes menos evidentes ocasionados por mantener un número excesivo de novillas, que en un principio no se hacen visibles, pero que con el paso del tiempo se incrementarán ocasionándonos pérdidas económicas mucho más elevadas que un bajo valor de mercado para estos animales.

Yo clasificaría las posibles pérdidas a tres niveles principales, que si tuviera que resumirlo en pocas palabras lo haría con: falta de liquidez, pérdida de eficiencia y mayor coste de amortización.

El primer problema ocasionado por el excedente de novillas es la pérdida de Cash Flow o liquidez de la granja. Como habíamos comentado antes, podemos llegar a colocar en el mercado nuestro excedente de novillas a un precio adecuado para recuperar la inversión, pero esto implica que durante un periodo de dos años tendremos una gran cantidad de dinero inmovilizado que puede comprometer la liquidez de la granja para realizar otras operaciones. Y esto también se tiene que valorar como una pérdida económica, sobre todo si dependemos de créditos externos para mantener la actividad productiva.

En segundo lugar, debemos valorar la reducción de eficiencia en el programa de recría. Ante una avalancha de partos con hembras, y más si esto se mantiene en el tiempo, comenzamos a saturar nuestras instalaciones y los animales comienzan a perder confort debido a la sobrepoblación. Este hecho, aun sin saber cuantificarlo a nivel económico, de todos es sabido que conlleva unas perdidas importantes en el crecimiento de las novillas.
Cuando una instalación está diseñada para albergar un número de terneras, pero nos vemos obligados a meter un 20, 30 o 40% más por la presión de partos que tenemos, comenzamos a perder bienestar en los animales: menos espacio de comedero, menor acceso al agua, menos superficie de descanso… y esto deriva en otros problemas que empiezan a aumentar los costes de la recría y reducir su rendimiento.

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Habrá un aumento de los problemas sanitarios. El hacinamiento, el estrés y la reducción del acceso al agua y comida facilitarán la aparición de diferentes patologías como las pulmonares. Todos hemos visto en nuestras granjas que cuando alojamos en un box post destete diez terneras, cuando de inicio estaba diseñado para seis, comienzan a aparecer brotes de neumonías, se reduce el crecimiento de los animales e incluso aumentan las bajas por problemas sanitarios. Ya sin contar el aumento de gastos veterinarios y de tratamientos.

Igualmente se reducirá el ritmo de crecimiento de los animales, porque, aunque utilicemos la misma ración alimenticia, hay más competencia a la hora de comer y menor espacio de descanso. Esto provoca una pérdida importante de eficiencia de conversión en el sentido que por cada euro invertido en nuestras terneras obtendremos un menor ritmo de crecimiento aumentando los costes de la recría. También será un crecimiento más desigual, donde los animales dominantes se alimentan de forma correcta, pero otros comienzan a retrasar su desarrollo hasta un punto donde deberemos valorar si compensa seguir invirtiendo en ellos o por el contrario se deben eliminar.

Y por último veremos penalizado nuestro programa reproductivo en las novillas. Todos los problemas sanitarios y de pérdida de crecimiento durante las primeras fases de la recría nos llevan a retrasar la edad a la primera inseminación porque las terneras no llegan en tiempo a los objetivos establecidos de peso, encontramos más novillas con problemas de anestro, y la tasa de concepción será inferior. En último término, todo ello nos lleva a un retraso en la edad al primer parto. Al final las novillas nos llegan más tarde al parto y en peores condiciones.

La recría condiciona el trabajo diario

El tercer coste o pérdida según habíamos indicado es el aumento en los costes de amortización.
Quizás éste sea el punto del que somos menos conscientes, ya que los dos anteriores los vemos en forma de costes palpables (facturas de pienso, veterinario, …). Habíamos comentado anteriormente que como consecuencia de la llegada de tantas primerizas al parto las granjas tienden a aumentar la eliminación de las vacas adultas para dejar un puesto a las novillas.
Al principio, esto tiene sentido ya que seguramente haya margen para descartar más vacas por diferentes problemas (salud, rendimiento, genética…) y de este modo sanear el rebaño. Pero pasado un tiempo, estaremos trabajando con un rebaño muy joven y saneado, por lo que cada vez es más difícil descartar un número elevado de vacas cada año y en muchos casos las granjas empiezan a eliminar vacas que de otro modo serían aun eficientes y podrían tener más futuro en el rebaño. Y esto tiene un coste…

Veámoslo con un ejemplo para entenderlo mejor. Tomemos como referencia una granja con un coste medio de recría en torno a los 2.000 euros y un precio de leche de 35 céntimos/litro. De inicio el rebaño tiene una eliminación anual bastante equilibrada sacando a sus vacas con más de tres lactaciones y una vida media productiva de 38.400 litros. Esto supone que de media cuando una vaca deja el rebaño el 14,9% de su producción se ha empleado para amortizar su coste como novilla.
Pero cuando comenzamos a aumentar la tasa de eliminación, empezamos a sacar vacas cada vez más jóvenes y se reduce la vida productiva a la salida a dos lactaciones y 24.000 litros, implica que el coste medio de amortización de los costes de recría por litro de leche aumenta hasta el 23,8%… perdemos casi un 10% de margen sobre cada litro de leche producido solamente con el coste de recría… y eso es mucho dinero.

¿Cómo calcular cuántas novillas nos hacen falta?

Para evitar llegar a saturarnos de novillas y aumentar excesivamente los costes de producción, hay que desarrollar una estrategia reproductiva para el empleo de semen sexado y de carne, en modo que el resultado final sea equilibrado.

Simplificando mucho el cálculo para entenderlo bien, al final el numero de novillas necesarias dependerá de dos parámetros fundamentales: cuantas vacas salen del rebaño de media cada año y la edad al primer parto en nuestras primerizas.

Las vacas que salen del rebaño será la tasa de eliminación, comprendiendo en este cálculo tanto la eliminación voluntaria (descarte por salud, reproductivo, patas, ubre, genética…) como la involuntaria (accidentes, muertes…). El numero total de bajas nos dirá la cantidad de novillas que necesitaremos que lleguen anualmente al parto para cubrir estos puestos vacantes si queremos mantener el censo productivo. Aunque este dato puede ser variable entre años, se puede estimar una media anual de los últimos 5 o 6 años para tener una cifra bastante aproximada, y luego a este número aplicar un margen de error de un 5 o 10% para no quedar justos de novillas ante cualquier contratiempo.

El otro parámetro importante para valorar nuestra necesidad de recría será la edad al primer parto, que nos indica la velocidad con la que nuestras novillas llegan al parto. Cuanto más nos aproximemos a los 22 o 23 meses objetivos de media al primer parto, más rápido llegarán las novillas a parir, y, por consiguiente, menor número total de terneras necesitaremos.

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Hay que adecuar el tamaño de la recría al de la explotación

Si nos fijamos en la tabla adjunta, manteniendo una eliminación anual de vacas en torno al 30 o 32%, cada mes que aumentemos la edad al primer parto después de los 22-23 meses necesitaremos sobre un 3% más de terneras en nuestro programa de recría para obtener los mismos partos en el año. Por ejemplo, en un rebaño con 1000 vacas adultas y una tasa de eliminación anual del 32%, si tenemos 24 meses al parto necesitaremos 700 novillas en recría, pero con 28 meses al parto este número se incrementa hasta las 820 novillas… el aumento del coste de la recría es considerable, sin embargo, el número de partos de primerizas al año será el mismo.

En estos gráficos podemos ver la situación en tres granjas diferentes en lo que a presión de la recría se refiere. Por un lado, tenemos las vacas en producción en azul, donde vemos los porcentajes de cada lactación que conforman el rebaño actual. Y luego en amarillo el porcentaje que supone la recría sobre el total de animales.

En el primer ejemplo los porcentajes de vacas adultas del rebaño estarán equilibrados entre lactaciones y la recría será proporcionada para mantener los censos a medio plazo.
En el segundo ejemplo, aunque los porcentajes según lactaciones en las vacas en ordeño son correctos, hay una presión muy alta de recría para los próximos dos años. Y en el tercer caso, es un rebaño muy joven con muchas primÍparas (o es un rebaño en crecimiento o tiene una tasa de eliminación muy alta en vacas) y con una alta presión de recría, que supondrá un problema si quiere mantenerse el censo sin aumentar el número de animales en ordeño.

A partir de aquí, una vez que sabemos la cantidad de novillas necesarias cada año en función de la eliminación de las vacas y la edad al primer parto, podemos comenzar a plantear las estrategias de inseminación para equilibrar las cubriciones con sexado y con carne. Valorando que las gestaciones con semen sexado nos dejarán en torno al 90% de partos con hembras, una vez que sepamos cuanta presión queremos hacer con este tipo de inseminaciones (todas las novillas, o solamente novillas a primer servicio, o novillas y primeros partos…) sabremos cuantas terneras esperar del programa de acoplamientos con semen sexado y cuantas terneras debemos obtener del resto del rebaño para llegar al objetivo que nos habíamos marcado. Si por ejemplo nuestro objetivo son 120 terneras al año, y tenemos 100 novillas para cubrir con sexado cada año, obtendremos 90 terneras de las novillas y el resto debemos sacarlas de las vacas. Con una media del 45-50% de terneras nacidas de gestaciones con semen convencional, podremos inseminar 60-65 vacas con semen convencional para conseguir las 30 terneras que nos faltan y el resto con carne.
Podemos ser más o menos conservadores en los cálculos y dejar un 10% a mayores de cubriciones con semen convencional para no pillarnos los dedos con el número final de novillas y anticiparnos a cualquier imprevisto. Pero no deberíamos desviarnos mucho de este planteamiento.

Esto que hemos visto sería un cálculo muy simplificado que solamente pretende darnos una idea aproximada los números sobre los que deberíamos movernos en nuestro programa de acoplamientos con sexado. Pero hoy existen programas en el mercado más completos que
nos permiten hacer los cálculos de forma precisa y con menor margen de error. Este es el caso, por ejemplo, del programa OptiRep, desarrollado por Semex, y que nos ayuda a controlar la calidad y cantidad de nuestra recría. Utiliza los principales índices reproductivos de nuestra granja para hacer los cálculos (tasa de eliminación, tasa de preñez en vacas, mortalidad terneras, tasa preñez novillas, índice abortos, …) permitiéndonos hacer una valoración más individualizada para cada explotación.

Sin embargo, aún con todos estos cálculos y la información que disponemos para trabajar, son muchas las granjas que se están encontrando con importantes excedentes de recría. Han empezado a utilizar sexado y por ello han aumentado la presión de inseminación con dosis de carne, pero no lo hacen de forma proporcional.

El temor de cualquier ganadero es el de verse el día de mañana con pocas novillas si se excede con las inseminaciones de carne.
Una granja que comienza a utilizar sexado, de un día para otro puede comenzar a cubrir el 100% de sus novillas con sexado. Sin embargo, cubrir el 60 o 70% de las vacas adultas con carne no suelen hacerlo de forma tan brusca… y esto nos puede llevar a vernos saturados de recría. Es cierto que trabajamos con animales, y las previsiones por bien que se hagan no siempre serán exactas. Como cualquier otro protocolo debemos revisar mensual o trimestralmente como evolucionan los censos verificando que nuestras previsiones de eliminación y número de novillas siguen la línea trazada, y ante cualquier imprevisto, poder modificar la presión de cubriciones para anticiparnos a un exceso o falta de recría.

Pero si tomamos la decisión de seguir un programa de inseminación con sexado y carne debemos ceñirnos a un programa, de otra forma los costes productivos pueden elevarse y al final estos excedentes de recría pueden llegar a comerse nuestros beneficios.

¡¡Buena recría!!


 

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