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«Quiero luchar porque este sea mi futuro»
Yonatan Moure Romero | Ganadería Moure, Lugo

junio 4, 2018
Yonatan Moure Romero tiene solo 25 años, pero ya habla como un veterano del mundo de la ganadería. Incluso asoman en su discurso expresiones e ideas que son más habituales en personas bastante mayores que él. Bisnieto, nieto e hijo de ganaderos, desde que tuvo uso de razón decidió cuál sería su futuro vital y profesional. A pesar de estar en mayo, nos recibe un frío glacial cuando llegamos a Ganadería Moure, su granja de Bouzoa de Arriba —Bouzoa, Taboada—. Un frío que es habitual en esta zona de montaña y que, en buena medida, condiciona el tipo de explotaciones. A Yonatan y a su padre no les importa demorar el ordeño de la tarde para atendernos. Quizá porque en este rincón a la sombra del Monte Faro siempre hay algo que hacer y el tiempo acaba por no ser lo más importante. El joven juguetea nerviosamente con su bolígrafo mientras le preguntamos. Mide sus palabras. Pero no por miedo a equivocarse, sino para no decir nada que perjudique a alguien. Todo corazón.

Fotos: Jose Santiso


«Siempre tuve claro que quería quedarme en la explotación de mis padres. Desde muy pequeño. Cuando llegaba del colegio lo primero que hacía era venir al establo y preguntar en qué podía ayudar. Así ya me iba familiarizando con lo que sabía que iba a ser mi vida». A Yonatan también le tocó vivir esa mala imagen o esa asociación que relaciona el hecho de ser ganadero con el fracaso, que aún persiste en las zonas rurales. «La gente sigue diciendo que esto es una mierda y que es mejor marcharse, pero yo no lo veo así. Yo quiero luchar porque este sea mi futuro». Pronto dejó los estudios y en el año 2016, después de hacer el curso correspondiente, se incorporó como titular de la explotación. Conoce a más jóvenes que, como él, han decidido quedarse al frente de las granjas familiares, pero también a muchos otros que prefirieron buscarse un empleo en otro sector.

La jornada y sus tareas

La jornada de Yonatan y su padre José Luis comienza a las 7:30 de la mañana. A esa hora ya están en el establo realizando el primer ordeño, que les ocupa alrededor de hora y media. Luego dan de comer al resto de los animales y se encargan de los trabajos de limpieza. Al finalizar, y según el tiempo que haga, sacan las vacas a los prados o bien las alimentan en el establo. «Esta es una explotación de pastoreo, por lo que los campos requieren un trabajo continuo y siempre hay algo que hacer: arar, echar purín, limpiar alrededores, poner el pastor eléctrico…».

Revista AFRIGA — Ganaderías — Ganadería Moure

El cuidado del hogar es otro quebradero de cabeza. La muerte reciente y repentina de Luz, su madre —de la que recuerda cuánto le gustaba cuidar el jardín y el entorno de la explotación—, supuso un mazazo en todos los sentidos, incluido este. Ahora son el padre y el hijo los que se encargan de limpiar, cocinar, planchar y demás tareas: «En eso vamos improvisando día a día. Afortunadamente nos defendemos, y los fines de semana contamos con la ayuda de mi hermano Jorge y mi cuñada Alba».

Una de las mayores dificultades que entraña el trabajo en Granja Moure es el de la mano de obra. El cuidado de las vacas y de los prados obliga a una serie enorme de labores todos los días. Cuando vivía su madre podían alternarse y siempre sacaban tiempo para cualquier otra cosa, pero ahora ya no es así. «Además, las cooperativas no ofrecen un buen servicio de sustitución. Mi hermano solo puede ayudarnos en días señalados, porque tiene su trabajo y no vive aquí. No es nada fácil que nos envíen una persona ni siquiera en momentos puntuales, y contratar mano de obra por mi cuenta, aunque solo fuese en días contados, supondría un desembolso importante. Aparte de que tampoco queda gente que esté dispuesta a venir a trabajar a las explotaciones». Curiosamente, mientras nos explica los problemas que tiene para que alguien trabaje con él, Yonatan nos cuenta —sin darle mayor importancia— que, hace unos meses, se desplazó a la granja de unos amigos a hacer los ordeños para que éstos pudiesen ir a la playa. Otra muestra del compromiso de este joven con el sector. Y de su bondad.

No queda gente que esté dispuesta a venir a trabajar a las explotaciones.

Con respecto a la gestión económica y administrativa, todo el trabajo recae en Yonatan, tanto por el hecho de ser el titular de la explotación como por estar más familiarizado con la informática. Aunque reconoce que lo hace casi todo a través de una gestoría, quedando para él firmar papeles, chapear terneros y hacer las cuentas del dinero.

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Sin embargo, lo que más le gusta a este vecino de Bouzoa es estar con las vacas, «en el establo o en el prado. Son animales muy agradecidos y cariñosos… Bueno, ¡casi todos! Yo siempre me he sentido cómodo con los animales, en el campo y las instalaciones es donde encuentro mi hábitat».

Precios, reformas, inversiones y futuro

Los precios, los bajos precios, son una preocupación constante expresada por Yonatan a lo largo de la entrevista: «El precio lo condiciona todo porque, si no hay un buen precio, no hay posibilidad de mejorar las granjas, de hacerlas más rentables y de aumentar así la calidad de vida. Y sin esas mejoras tampoco se puede garantizar el relevo generacional. Así que los políticos y las empresas deben tener en cuenta que somos muchos ganaderos y que generamos muchísimo empleo: veterinarios, vendedores de pienso y de fitosanitarios, comerciantes de la zona en que vivimos… y actuar en consecuencia».

El precio lo condiciona todo. Sin un buen precio, no hay posibilidad de mejorar las granjas, de aumentar la calidad de vida y de garantizar el relevo generacional.

Aún así, confía en poder jubilarse en la explotación que su familia lleva gestionando durante cuatro generaciones. E incluso asegura que le gustaría que sus hijos —cuando los tenga— siguieran al frente el día de mañana, «aunque eso es algo que no podemos predecir. Ahora mismo, por la inestabilidad e incertidumbre no sé si seguir con el pastoreo, comprar un carro o invertir en una nave y pasarme a producción convencional. En los próximos años habrá que tomar decisiones estratégicas para el futuro, y esforzarse aún más. O eso o dedicarse a otra cosa».

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La explotación sigue fiel a sus orígenes, pero cuando Yonatan se incorporó se introdujeron algunos cambios: «Compramos una rotativa y trajimos cuatro vacas de Holanda para mejorar la genética y la producción. También acondicionamos camas en una zona de la nave, pero no voy a invertir más en estas instalaciones. Sea en el sentido que sea va a haber un cambio, puede que una nave nueva para producción intensiva o un pastoreo diferente. Ya veremos».

En su caso concreto, la falta de tiempo libre es el mayor lastre, y más siendo tan joven: «Aquí siempre hay muchísimo que hacer. Ya no digo ir a una fiesta o a ver un partido o una carrera: es que hasta para cosas imprescindibles como ir al médico nos resulta muy dificultoso. Por eso quiero poder introducir modificaciones, porque lo poco que disfrutemos es lo que nos llevamos al otro mundo».


—ARTÍCULO COMPLETO DISPONIBLE EN AFRIGA #135—

En el artículo completo Yonatan Moure nos habla de otras cuestiones que le preocupan, como la proliferación de plantaciones de eucalipto, y toca aspectos como la formación, los concursos, las subastas y la genética. También se incluye una ficha técnica con los datos de su explotación.


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